Cultura

CRÍTICA MUSICAL

Canalleo ilustrado

Los Gandules presentaron su doble disco en directo en la Sala Genius

Canalleo ilustrado
Canalleo ilustrado
L.LL.

Esta crónica se podría haber titulado también "Casi 2 horas de música de otros". Y no, no sería un título ofensivo. Es, simplemente, la frase que figura en la portada del último trabajo de Los Gandules, Directo ¡al sofá!, un CD doble grabado en vivo y empaquetado en una carpeta que, no sin ironía, imita las de los recopilatorios "¡Boom!" y similares. Y en eso, precisamente, se ha basado la trayectoria de los Gandules: en interpretar canciones de otros. Eso sí, con considerable retranca, humor somarda y un canalleo al que, debido a la gran cantidad de referencias que utiliza, se le puede etiquetar sin duda de ilustrado.

Los Gandules, por otro lado, cuentan con un público fiel en Huesca, donde han actuado ya en innumerables ocasiones. Y con toda seguridad, es el único grupo zaragozano al que el público oscense le permite hacer bromas sobre la condición de colista del Huesca. Otros, probablemente, tendrían que salir por piernas. El Huesca, por supuesto, fue objeto de sus chanzas, pero también lo fue la repentina aparición de Vox en el tablero político. Grabado en vivo en la sala madrileña Galileo Galilei en octubre del año pasado, el disco Directo al ¡sofá! fue el eje absoluto en torno al que giró su nueva actuación en Huesca, trasladándolo al directo en el mismo estricto orden del doble CD. Y claro está, la cosa empezó con los "teloneros" habituales de los Gandules, Los Escafandra, que, como unos Aviador Dro de saldo, ofrecieron su pop robótico con temas como el gran Pienso, luego Egipto" Y tras ese Polichinela"s song en el que convierten la conga de Jalisco en Jacinto Benavente (su vertiente más dadá), arrancaron su ristra de hits con Equino de mis entretelas, una surrealista revisión del Sunny de Bobby Hebb que popularizaron Boney M.

En Matorral genealógico, cambian el Soy minero de Antonio Molina por Soy mi nuero, y Remedios de la abuela (también conocida como Medicinal) no es otra que aquella Felicitá que cantaban Al Bano y Romina. Solo se salieron del guion de su reciente disco cuando interpretaron Pimientos en el padrón (donde el Estar enamorado de Raphael se transforma en Estar empadronado) y Cosas que hacer en Islandia, su particular sarcasmo sobre la cantante islandesa Björk, en el que el Solo le pido a Dios de León Gieco se convierte en Qué estará haciendo Björk. Retomaron el repertorio del nuevo disco con De agujeros en montañas (adaptación bizarra del tema principal del filme Love story) y con una de sus mejores y más delirantes locuras: Vigilante nocturno de Chopin, donde, a ritmo del Chirpy Chirpy Cheep Cheep de Middle of the Road, sueltan esa joya del humor absurdo: pantalón marrón, camisa marrón, ¡guardia jurao! Después requirieron la ayuda del público para la interpretación de Aquellos cachondos líderes del Este, donde los iconos del politburó soviético son retratados con la música de la popular canción napolitana Funiculì, funiculà, emulando a los mismísimos 3 Tenores. ¡Tremendos!

Tras otro de sus hits, Si Gagarin levantara el casco, llegaron esas pequeñas píldoras de apenas unos segundos que se han convertido en emblemas de los Gandules: Obstetricia en Bucarest (el Popcorn devenido en "ginecólogo rumano"), Paté de pato y Like a rolling stone, que no es el tema de Dylan sino una peculiar relectura de la Macarena de Los del Río: ¡guarda la barra gallega en la panera! Después, por arte de birlibirloque, el Amor de hombre de raíces zarzueleras que cantaban Mocedades se vio transformado en "ladrón de cobre" en el tema Cleptocuprómano de guante blanco.

Y llegó uno de los momentos más esperados: We are the champions de Queen, travestido en Cuídame el gato, interrumpido por Falsos techos en febrero, dedicado al coronel Tejero y saqueando el sexy You can leave your hat on de Randy Newman que popularizó Joe Cocker. El final llegó de la mano de su siempre coreada Década apestosa mix, que comenzó con una e sus mejores ocurrencias, Un par de oscars os daba yo, donde tomando como base el Gracias por venir de Lina Morgan cantan eso de "a William Wyler y Charlton Heston solamente puedo decir gracias por… ¡Ben Hur!". Después Si bastasen un par de canciones de Eros Ramazzotti se vio reconvertido en la oda al bingo Si jugara 14 cartones. Y más: "sangre, arroz, piñones y tripas: ¡morcilla!", a la que hay que poner la música del anuncio de Nocilla. Y, por supuesto, el Our House de Madness ("¡bajaos, ya hemos llegado a Cambrils!") y el Yo no te pido la luna de Fiordaliso (Yo no soporto la tuna) para terminar con ovación y vuelta al ruedo ante un público eufórico y divertido que llenó la sala.

Se dejaron para el bis otros dos de sus grandes éxitos: Control de aliento extremeño, donde Noches de bohemia de Navajita Plateá se convierte en "control de alcoholemia en Badajoz", y Ese loco material, que les sirve para transformar Libertad sin ira de Jarcha en una oda dadaísta al poliespán. De acuerdo, sus conciertos se parecen unos a otros como gotas de agua. Es más de lo mismo. ¡Pero es tan bueno...!

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