Cultura

CRÍTICAS MUSICALES

Rasmia de Sobrarbe

Rasmia de Sobrarbe
Rasmia de Sobrarbe
J.B.

HUESCA.- Existe una larga tradición de cantautores rockeros, también en España, que en el Alto Aragón representa como nadie Francho Sarrablo. Componente también de La Ronda de Boltaña, Sarrablo lleva ya casi una década ejerciendo su labor en solitario, aportando rasmia y épica a la tradición musical de Sobrarbe. Puntualmente ha ido presentando sus trabajos en la capital oscense, y el sábado el Galileo Musical acogió su nueva actuación en Huesca, en la que presentó su más reciente disco, Las cenizas del tiempo, aparecido el año pasado. Lo hizo acompañado de su banda, un sólido trío formado por el versátil Jaime Lapeña (violín, saxo, teclado) y la vigorosa sección rítmica que componen Jonás Gimeno (batería) y Josemi Pasamar (bajo). Juntos dieron forma a un repertorio en el que las canciones de su último disco se unieron a las de sus dos álbumes anteriores, Aún somos nuestros y La raíz del destino.

Son canciones que, en general, se enmarcan en el territorio del folk-rock, pero que esconden otros secretos. Canciones que asumen una función reivindicativa y comprometida con la realidad social, como El negocio de la guerra, y otras más próximas a una concepción lírica de la cotidianidad, como la sutil balada Nadie. Alternando temas nuevos y antiguos, fueron sonando Dos ángeles caídos, El bar de los vencidos o Las cenizas del tiempo, una canción en clave de reggae-rock que da título a su último disco. El violín de Jaime Lapeña contribuye a fortalecer el aroma de folk-rock, a veces casi country, de temas como Otra vez (en este caso con un cierto aire de tango) o Atrapasueños. Por supuesto, el Sobrarbe está siempre presente, de una forma u otra, en casi todo su repertorio: en el melancólico Pantano de papel (dedicado a Jánovas), en el orgulloso Hijos de Nabaín o en ese jubiloso reggae que es Glarimas de vin, cantado en aragonés y cuyo órgano verbenero evocó de forma entrañable las fiestas de Guaso.

En la recta final, enlazadas sonaron tres canciones: La herida amada (a ritmo casi de polka), Rasmia (con esa épica rockera que hace pensar en Francho como un Springsteen pirenaico) y el poderoso rock & roll de Sé bien.

Pero el público, muy entregado, no dudó en pedir propinas, que llegaron en forma del soul montañés de Entalto Pirineo, el vibrante Sin miedo a perder y otro tema de su primer disco, Cuando amanece oscuro, que puso el punto final a una muy agradable velada de folk-rock con sello altoaragonés.

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