Cultura

MÚSICA

Una verbena en Marte

El grupo Kiev cuando nieva inauguró la espectacular Terraza del Palacio de Congresos de la capital oscense

Una verbena en Marte
Una verbena en Marte
L.LL.

HUESCA.- Marc Bolan hablaba de unos fantasiosos Bailes de Marte en la canción Ballroom of Mars, de T. Rex, que luego sería versionada por Radio Futura con el título Divina. Y aunque aparentemente no exista ninguna correlación, lo cierto es que la música de Kiev cuando nieva, en ocasiones, puede llevar a pensar al oyente que ha sido invitado a un guateque en Marte. Una verbena en Marte.

El punto verbenero lo pone el aroma ye-yé, deliciosamente sixties, de muchas de sus melodías, así como el entrañable toque de órgano añejo de varias de sus canciones. Y la nota marciana la aporta esa indefinible personalidad, arrebatadoramente heterodoxa, que emana de sus letras y de la forma de construir su arquitectura musical. Personal e intransferible. Un poco de otro planeta. Lo cual, en un panorama indie que suele tender a la homogeneidad y lo previsible, está muy pero que muy bien. Los oscenses Kiev Cuando Nieva son, sin duda, uno de los grupos más interesantes y originales de todo el panorama nacional.

Y lo volvieron a demostrar el sábado, cuando tuvieron el inmenso privilegio de inaugurar uno de los espacios más codiciados de la ciudad, la espectacular Terraza del Palacio de Congresos, que por fin abría sus puertas a la creatividad musical.

Por si fuera poco, la imponente linterna del edificio sirvió de inmejorable y futurista pantalla de colores cambiantes. Lástima que no fue posible habilitar la barra de bar a causa de la fase 2 a la que ha regresado la capital oscense. Porque, si a ello se le añade el agradable clima de la noche, habría sido ya un lujo insuperable. Otra vez será.

Pero hablábamos de música. Kiev Cuando Nieva, ya se ha dicho, es un grupo que huye de lo previsible. Y aunque sus referentes puedan ser reconocibles, les gusta retorcerlos hasta construir con ellos su peculiar y distintivo canon. Y así, combinando a los Brincos con Robert Wyatt y con los Beach Boys de Pet sounds, han sabido levantar un edificio sonoro realmente singular, que se ha visto plasmado en una discografía muy recomendable.

Su último escalón es Inicio de surco, un álbum que se estrenó en directo en la última edición del festival Periferias y cuyo repertorio constituyó el eje central de su actuación del sábado.

Con dos de sus temas, Broche y Huerto, arrancó esta placentera velada organizada por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Huesca.

Siguieron con una de las mejores canciones de su disco anterior, Colirrojo, en la que sacaron a relucir una de sus principales bazas: los juegos de voces, ya que los cuatro componentes del grupo (los hermanos Carlos y Javier Aquilué, Antxón Corchera y Jaime Sevilla) aportan sus respectivas y diferentes voces al conjunto. El tema, por cierto, cuenta con un bizarro final, entre lo progresivo y el gregoriano.

Continuaron repasando las canciones de su nuevo disco, como Roble (pura psicodelia pop, entre Los Ángeles y Tame Impala), Navaja y sus finas armonías, Espiritual (que definieron como una declaración de amor a la cultura, con ecos beatleianos), la muy sesentera Portaladas y paisajes (una de sus pocas canciones que tienen más de una palabra en su título) o Como caen.

Después repescaron de su disco De tarima el tema Tren, que ejemplifica a la perfección ese concepto antes aludido de verbena marciana, incluidos sus guiños, al principio y al final, del entrañable O tren de Andrés do Barro.

Más tarde, interpretaron dos temas de su álbum anterior, Los bienes, en los que el influjo de Robert Wyatt es muy perceptible: Linóleo (con un curioso interludio de guitarra "santanera") y Herramienta, en el que Antxón se atreve incluso con la trompeta, que confiere al tema un toque muy peculiar.

Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con Brizna, canción en la que conviven lo telúrico y lo cósmico, la gaita y los sintetizadores.

Y la despedida la marcaron dos de los grandes hits del grupo oscense: el magnífico Más tranquilo, que sonó mejorado, aumentado y "lisergizado", y ese blues raruno que es De tarima.

Por supuesto, hubo propina. En primer lugar, esa miniatura titulada Gallo, en la que el batería Carlos Aquilué pasó a ocuparse de la guitarra, mientras su hermano Javier tocaba el acordeón.

Y como perfecta rúbrica a una velada llena de preciosas armonías, una versión de Darkest part of the night de Teenage Fanclub. Una noche deliciosa en medio de los duros tiempos que nos ha tocado vivir.

Etiquetas