Cultura

ACTUACIÓN

La cultura hip hop se instaló el viernes en el espacio exterior del Palacio de Congresos de Huesca

Constó de una exhibición de breakdance y una batalla de gallos

La cultura hip hop se instaló el viernes en el espacio exterior del Palacio de Congresos de Huesca
La cultura hip hop se instaló el viernes en el espacio exterior del Palacio de Congresos de Huesca
L.LL.

HUESCA.- KRS-One, uno de los mejores raperos de la historia, solía decir que el hip hop constaba de cuatro elementos: el rap (los recitados rítmicos de los MCs), el turntablismo (la labor de los DJs), el breakdance (el baile asociado a este género musical) y el graffiti (la parte artística). Pues bien, a excepción de este último, los otros tres elementos se dieron cita el viernes en el Espacio Exterior Semicubierto del Palacio de Congresos de Huesca, que completó todo su aforo (el que permite la actual crisis sanitaria) con un público eminentemente juvenil, que siguió con atención las dos partes de las que constaba esta velada en torno a la cultura del hip hop organizada por el programa de ocio juvenil Quedamos del Ayuntamiento oscense: la parte centrada en el baile y la dedicada al rap. En ambos casos, el espectáculo estuvo guiado por el espíritu de competición y lucha, tan inherente desde siempre a la cultura hip hop. En todo caso, se trata de combates incruentos. La batalla del ritmo.

En primer lugar, el colectivo zaragozano Versus ofreció una magnífica demostración de los distintos tipos de baile urbano que se han desarrollado a lo largo de la historia del hip hop. Espoleados por Juanma, que se desdobló en sus facetas de DJ y de animador-MC (Maestro de Ceremonias), fueron saliendo a la palestra los bailarines de este espectáculo denominado Cultura Urbana 2. Los primeros en aparecer fueron Pitu y Sam Pop, expertos respectivamente en las modalidades de locking y popping, bailes más estáticos que el breakdance que basan su atractivo en contracciones del cuerpo, extrañas posturas y asombrosas técnicas musculares. Un poco como el voguing, pero sin su afectación ni amaneramiento. Impresionantes e increíbles fueron sobre todo los movimientos de Sam Pop. Después aparecieron las dos chicas de Peace of Mind, que por momentos mostraron una cierta aproximación a la danza contemporánea e incluso a los bailes tribales, pero que dejaron claro que se atreven también con los ritmos latinos (una versión "urbana" de la clásica Guantanamera) o incluso con un tema de las Spice Girls.

Y más tarde fue el turno de los más veteranos y clásicos de este colectivo, los tres b-boys de Circle of Trust, una de las crews más reconocidas del breakdance en España. El breakdance es, sin duda, el estilo de baile más asociado al hip hop, basado en movimientos gimnásticos, casi acrobáticos. Cabriolas y retorcimientos de cuerpo casi imposibles que se pusieron al servicio de una música que pasó del rock al breakbeat, pasando por el jazz o el electro. Y el resto de la hora en que estuvieron agitando sus cuerpos sin descanso, fueron alternándose todos los bailarines en el escenario, colaborando/batallando entre ellos y ofreciendo una excelente visión de conjunto de los bailes urbanos. Terminaron todos juntos sobre el escenario bailando sobre la base de los infalibles House of Pain. Un espectáculo realmente vibrante. Eso sí, resultaba chocante que frente al frenesí desplegado sobre el escenario, el público estuviera obligado (¡el coronavirus no perdona!) a permanecer obedientemente sentado en sus asientos respectivos.

La segunda parte de este mini-festival de hip hop estuvo dedicada a una batalla de gallos, coordinada por el oscense Racha13. Para los neófitos, una batalla de gallos es una competición de freestyle en la que los MCs se retan verbalmente y en la que, junto a una ristra de insultos continuos y choques dialécticos, los contendientes tienen que demostrar también su dominio del lenguaje y una cierta vis poética. Vaya, como un combate de boxeo, pero con palabras en vez de puños. Aunque algunas de esas palabras son como puños. Llegaron a la final ocho participantes, todos varones, que en la semana anterior habían librado varias fases eliminatorias.

Con un jurado formado por tres jóvenes, con un DJ que aportó las bases sonoras y animados por dos speakers o presentadores (un chico y una chica), subieron a la palestra en primer lugar Asok y Antu. Un combate que ganó Asok, todo un filósofo del combate verbal. Después, el oscense Yeray Ruiz se impuso fácilmente a Miguelitro. Y del combate entre Sea y Erizo, salió claramente vencedor este último. Y finalmente Mgl derribó dialécticamente a Tedra.

Las semifinales enfrentaron primero a Asok con Yeray, que mostró su vertiente más toasting (próxima al ragga), pero que con su verbo fluido y menos virulento no pudo vencer a su rival, al menos en la opinión del jurado. Después, las dotes improvisatorias de Erizo derrotaron en buena lid a Mgl. Y así se llegó a la gran final en la que se enfrentaron Asok, de Tamarite de Litera, y Erizo, de Barbastro. Tras una primera prueba sin base rítmica, una segunda basada en la terminación "ente", una tercera libre y una cuarta "a sangre" (su denominación es muy elocuente), el ganador absoluto fue finalmente Asok, que se llevó el premio de esta vibrante batalla de gallos. Pero recuerden, no hubo puños ni golpes. Solo palabras.

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