Cultura

CRÍTICA MUSICAL

Jota de gala con Roberto Ciria en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca

El popular jotero oscense presentó su espectáculo Al son de la jota

Jota de gala con Roberto Ciria en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca
Jota de gala con Roberto Ciria en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca
L.LL.

Durante los meses de confinamiento Roberto Ciria estuvo grabando cada día una serie de jotas en acústico y a palo seco, que después reunió en un DVD benéfico, adecuadamente titulado Jotas del Confinamiento. Finalizado el estado de alarma, la música ha vuelto a su hábitat natural: los escenarios. Y el popular jotero oscense quiso dejar bien claro que la vida sigue... y la música en vivo también. Lo hizo el viernes en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca, donde presentó su espectáculo Al son de la jota.

Concebido como un recorrido por algunos de los grandes momentos del género, se trata de un espectáculo pulido y bien diseñado, como todo lo que hace Roberto Ciria por otro lado, con continuos cambios de vestuario y con un equipo formado por primeras figuras: la Compañía Artística Osca. En el baile, las dos grandes parejas que forman Jairo Périz con Virginia Costea y Nacho Villagrasa con Laura Rovira. Y en la sección instrumental, Rodrigo Elpuente (guitarra), Jorge Marsó (percusión) y su hermana Leticia Marsó (viola), todos ellos bajo la experta dirección de Fernando Casaus, que aporta un refrescante, pero siempre respetuoso, aire contemporáneo a un género tan tradicional como es la jota. Y para completar el innegable atractivo del proyecto, tres excelentes voces acompañan a Ciria: Lorena Palacio, Sofía Bueno y Óscar Badías, magníficos y perfectamente complementarios. El resultado final es realmente elegante, con pocas concesiones a la indumentaria tradicional, y con un aire de gala distinguida.

La sección de baile tuvo momentos muy reseñables, con guiños al dance monegrino y a las fiestas laurentinas, vestidos de ese nostálgico blanco y verde, que este año no se ha podido vivir con plenitud. Tiempo habrá. Y en la parte vocal, hubo una gran cantidad de momentos para el recuerdo, como por ejemplo, el canto colectivo de ese emocionante himno pirenaico en que se ha convertido Aqueras montanhas. O esa preciosa balada que es Rosa de invierno, cantada a dúo por Roberto y Lorena. O cuando Ciria enlazó Oleay y una conmovedora Pulida Magallonera.

Por su parte, Sofía Bueno brilló especialmente en su interpretación de la copla La jota de mi balcón, con su largo y narrativo desarrollo, casi como un Pedro Navaja jotero. Y Óscar Badías demostró que se siente muy cómodo en ese territorio híbrido entre la jota y la ópera al cantar con gran aplomo la jota de la zarzuela La Bruja de Ruperto Chapí.

También Lorena Palacio estuvo magnífica, mostrando su voz serena y bien templada en Amor baturro. Y brillante fue el duelo entre los dos tenores en Huele a pólvora o a incienso, que contó con una original introducción instrumental de aire western estepario, cortesía de Fernando Casaus.

Se dejaron para el final toda la artillería, la de ese espacio difuso entre la jota y la zarzuela: Gigantes y cabezudos, el pasodoble-jota Soy de Aragón de la zarzuela El Divo (con un magnífico do de pecho de Ciria) y, para terminar, la vibrante jota de la ópera La Dolores de Tomás Bretón. Acto seguido, Roberto Ciria realizó una encendida defensa de la música en vivo en estos difíciles tiempos que nos toca vivir, dejando claro que la cultura es segura. Y, por supuesto, hubo propina. Un emotivo S"ha feito de nuey (en el que se adivinaba el canto del público tras las mascarillas) y una enérgica despedida pusieron el broche final a una gran velada de emociones compartidas.

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