Cultura

MÚSICA

Bailar sentados es bailar

Manacor reavivó el espíritu de la fiesta en el Auditorio Carlos Saura de Huesca

Bailar sentados es bailar
Bailar sentados es bailar
R.N.

HUESCA.- El coronavirus ha tenido consecuencias desastrosas para muchos colectivos. Pero si hay un sector que las ha sufrido de forma especial, ese es el que gira alrededor de la fiesta. Feriantes y orquestas no han tenido ninguna posibilidad de recuperar las pérdidas causadas por el confinamiento. Es, sin duda, el sector más golpeado por la covid.

Por eso, la actuación de la Manacor el sábado en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca se podía entender como un acto de justicia poética. Una forma de resarcirse del desastre. Y, al mismo tiempo, una manera de reavivar el espíritu de las fiestas perdidas, de las no-fiestas.

En el ambiente había un cierto aire de verbena con mascarillas. De verbena confinada. Pero estaba claro que tanto el grupo (al que se notaba emocionado, con ganas de actuar después de tanto tiempo sin tocar) como el público tenían ganas de divertirse, disfrutar y olvidarse de los problemas. ¡Y de bailar! Aunque, parafraseando a Sergio Dalma, en lugar de bailar pegados, en esta ocasión se trataba de bailar sentados. La señal de los tiempos. Por lo demás, Manacor, no solo estrenaba formato (al tocar frente a un público sentado), sino también formación, con dos nuevos componentes: el batería Jesús Prades y el joven guitarrista Carlos Escribano, que se unían a Edhu Palacho, Ery Praderas, Nacho Moya, Carlos Montull y Alberto López.

Y es que Manacor, con una formación siempre cambiante, es algo así como una academia de la música oscense. Alguien tendrá que escribir y documentar algún día la abultada nómina de músicos que han pasado por esta auténtica institución oscense a lo largo de sus casi cuarenta años de historia.

La noche comenzó con High Hopes, de Panic! at the Disco y con el oscarizado Shallow, de Lady Gaga y Bradley Cooper, con Ery Praderas sentada al teclado. Después, tras interpretar Rayando el sol, de los mexicanos Maná, siguieron con temas actuales como Lo siento, de Beret, que enlazaron con Besos en guerra, de Morat con Juanes, o Qué bonito es querer, de Manuel Carrasco, que unieron al Dicen, de Antonio Orozco.

Con su táctica habitual de combinar presente y pasado, se dirigieron más tarde a la década de los años 80 con Princesa, de Joaquín Sabina, Cien gaviotas, de Duncan Dhu y Salta! de Tequila.

Después, La mentira, de Dani Martín precedió a Perro fiel, de Shakira, que Ery cantó acompañada únicamente por los dos nuevos fichajes del grupo: Carlos Escribano (que tuvo muchos momentos de lucimiento a lo largo de la velada) y Jesús Prades.

Y tras La niña que llora en tus fiestas, de La Oreja de Van Gogh, llegó una de las cumbres del concierto, cuando Ery, acentuando las tonalidades soul de su magnífica voz, interpretó sola al piano Dance Monkey, de Tones and I. Realmente emocionante.

Siguieron con Cuando nadie ve, de Morat y con Blanco y negro, de Malú, para acto seguido rendir tributo a la memoria del recientemente desaparecido Pau Donés con dos canciones de Jarabe de Palo: Cómo quieres sermi amiga y la emblemática La flaca.

Los sones del No woman, no cry, de Bob Marley, sirvieron de introducción a uno de los momentos más eufóricos de la noche: Clavado en un bar, de Maná, con el público realmente entusiasmado.

No podía faltar tampoco el Resistiré, del Dúo Dinámico, que sonó en una versión swing. Con ella arrancó la recta final del concierto, en la que sonaron un conseguido medley de Bruno Mars (Locked out of heaven y un genial Uptown funk, en el que destacó la voz de Alberto López), el animoso himno partisano Bella Ciao y un medley final con temas como Hey brother, de Avicii y Feel this moment, de Pitbull & Christina Aguilera.

Pero, por supuesto, hubo bis. En primer lugar, sola al piano, Ery volvió a maravillar con su versión del It must have been love, de Roxette.

Después, Edhu Palacho reunió a todos los músicos a su alrededor para, sentados, homenajear la memoria de uno de los fundadores de Manacor, Luis Margalejo (cuyo retrato apareció en la pantalla), cantando dos canciones que solía interpretar él: Pájaros de barro, de Manolo García e Insurrección, de El Último de la Fila. Pura emoción.

Y el final definitivo llegó con un medley de rock español: No puedo vivir sin ti, de Coque Malla, Carolina, de M Clan y Feo, fuerte y formal, de Loquillo. Es decir, Manacor de pura cepa.

De acuerdo, no hemos tenido San Lorenzo. Pero, al menos, Manacor consiguió que durante dos horas reviviéramos el espíritu de las fiestas.

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