Cultura

CRÍTICA MUSICAL

El bálsamo perfecto: el oscense Pecker encadenó sus melodías en la Terraza del Palacio de Congresos de Huesca

El bálsamo perfecto: el oscense Pecker encadenó sus melodías en la Terraza del Palacio de Congresos de Huesca
El bálsamo perfecto: el oscense Pecker encadenó sus melodías en la Terraza del Palacio de Congresos de Huesca

HUESCA.- En estos tiempos inciertos, en los que parece que no hay nada a lo que agarrarse, necesitamos algo que cure nuestras heridas y alivie nuestros temores, un bálsamo que nos permita reconciliarnos con el mundo y con una vida que últimamente nos trata bastante mal.

Parafraseando el título de su último disco, Pecker dispensó el bálsamo perfecto en su deliciosa actuación del viernes en la Terraza del Palacio de Congresos de Huesca, espacio que se ha revelado como el auténtico "must" del verano oscense.

El incendio perfecto es el título del más reciente trabajo de Raúl Usieto, el oscense que se esconde tras el nombre de Pecker. Un disco que constituyó el hilo conductor de su actuación, ya que lo interpretó casi al completo.

Existe el arte pop. Pero existe también el pop como arte. Así es como lo entiende justamente Pecker, que se muestra cada vez más brillante y audaz en sus letras, en las que es capaz de conjurar a Jackson Pollock, Jim Jarmusch y Jaime Gil de Biedma, enarbolando la bandera de un pop de gran poso cultural.

Tras sus recientes actuaciones en Sabayés (festival SoNna) y Binéfar, llegó a su ciudad natal con el mismo formato íntimo: él con su guitarra y muy bien acompañado en los teclados por Mauro Albero.

Arrancó la actuación con el tema que abre su último disco, Seremos parte del huracán, con unas resonancias dylanianas acentuadas por ese sombrero que se cala Pecker en los últimos tiempos.

Su lado más rock quedó plasmado con Confort y No es solamente euforia. Y tras su hit No (todo lo que no), siguió con la balada Polar y con ese incisivo El cielo, el fuego y el hielo, en el que parece contradecir el célebre poema No volveré a ser joven de Gil de Biedma al afirmar que "la vida no iba en serio". Le siguió otro tema de su último álbum, Calaveras y diamantes, para el que requirió la participación del público en los coros.

No podía faltar una de sus canciones más emblemáticas y poderosas, Me quemas bastante, que grabó en su día junto a la malograda Bimba Bosé. Y tampoco faltó Ganar y soñar, la canción que dedicó a la SD Huesca.

Pecker es una de las grandes figuras del panorama del pop electrónico español. Así que, tras interpretar Nuestro gran incendio, sin perder el formato intimista la electrónica comenzó a hacer acto de presencia con uno de sus mejores temas, Tu boca es espiral, con sus loops y sus ruiditos y con esa atmósfera extraña en la que parecen convivir de forma insólita el rap y las armonías de los Beatles.

Y después de esa miniatura raruna con sabor a venganza que es Puñales, llegó el momento de bailar sentados con tres vibrantes andanadas del mejor electropop: Supernova, Acapulco (con su toque house y ese guiño introductorio al Don"t believe the hype, de Public Enemy) y, finalmente, esa infecciosa y trepidante joya de electro-disco que es Bailas (o mueres), con el público ya definitivamente venido arriba.

Era el final "oficial" del concierto, que a muchos les supo a poco. Pero, tras hacer una encendida defensa de la cultura y de su valor en estos tiempos, Pecker, que se mostró muy cercano a lo largo de todo el concierto, rubricó la velada con dos delicadas gemas: esa especie de tango raro en que ha devenido Aviones desde el corazón (de su primer disco, de 2004) y la sutilísima y atmosférica Bonus extra, campanillas incluidas. Lo dicho, un bálsamo perfecto.

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