Cultura

MÚSICA EN HUESCA

Guitarricadelafuente cerró en la capital oscense su gira estival

Todo un cantautor del siglo XXI ante un público entregado

Guitarricadelafuente cerró en la capital oscense su gira estival
Guitarricadelafuente cerró en la capital oscense su gira estival
L.LL.

HUESCA.- Las redes sociales han cambiado de arriba abajo las reglas del juego en el universo musical. Y, sin duda, el caso de Guitarricadelafuente es de manual. Se dio a conocer desde su cuenta de Instagram y en poco más de un año ha pasado de ser un joven cantautor inexperto (¡tiene solo 23 años!) a una verdadera estrella que consigue llenar todas las salas en las que actúa. El año pasado, precisamente, logró abarrotar la sala El Veintiuno en su primera actuación en Huesca. Y el viernes, a pesar del miedo al coronavirus, agotó las localidades del Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos en una actuación con la que se clausuraba el ciclo A Escuchete que ha organizado este verano El Veintiuno en colaboración con el Ayuntamiento de Huesca.

El éxito de Guitarricadelafuente es todavía más sorprendente cuando se tiene en cuenta que la órbita en la que se mueve es la de los cantautores, un género que, en principio, parece alejado de los gustos habituales de la gente joven de ahora. Llama la atención, en todo caso, la capacidad que tiene un género como la canción de autor para renovarse y sobrevivir. Un género que cada cierto tiempo resurge con fuerza, ahora a través de artistas como El Kanka, TéCanela, Marwan, Muerdo, Rozalén o el propio Guitarricadelafuente, cantautores del siglo XXI. Nacido Álvaro Lafuente Calvo en Benicasim, sin embargo Guitarricadelafuente ha llevado siempre a gala su origen aragonés, rememorando sus veranos de infancia en Cuevas de Cañart (Teruel), el pueblo de su abuela, y reivindicando de esta forma una ruralidad que casa muy bien con la actual defensa de la España vaciada. Por lo demás, este joven cantautor de la novísima hornada se ha revelado como un inspirado compositor que posee una voz muy personal, quebradiza, melancólica y quejumbrosa, y que exhibe una adicción a los silencios y los fraseos entrecortados. A veces podría pasar por una suerte de Kiko Veneno de la Generación Z, y otras veces parece un Albert Pla sin su carga ácida. Es, en cualquier caso, alguien que se ha sabido rodear de artistas de prestigio y calidad (Raül Refree, Niño de Elche) y que ha logrado crear un estilo híbrido entre el indie, la canción de autor, la rumba y el folk, conquistando a un amplio público joven, como el que llenó el viernes el Palacio de Congresos. ¿Su secreto? Quizá resida en la insustituible necesidad de poesía que tienen todas las generaciones.

Salió descalzo, arropado por un cuarteto de músicos brillantes, y en medio de un escenario un tanto surrealista, con doce botijos de varios tamaños y un gran botijo en el centro, remarcando esa ruralidad de la que hace gala. Era la última actuación de su gira post-confinamiento. En el ambiente había un aire de fiesta y se palpaba el entusiasmo de un público volcado en el artista y ganado de antemano. Nada más salir a escena, ya se escucharon los gritos de euforia, las palmas y vítores, que arreciaron con la primera canción, Nacido para ganar (título premonitorio), una hábil combinación de indie pop y folk. Seguirían Caballito (una rumba con esquirlas de folk latinoamericano) y la bonita melodía de Sixtinain, con la que se produjo el primer momento karaoke de la noche. Tras un tema de ecos jazzies y atmósfera de cabaret parisino, se inició la parte más íntima de la actuación, casi siempre con Guitarricadelafuente solo sobre el escenario o con un leve acompañamiento, que se abrió con una versión del conocido Lágrimas negras de Miguel Matamoros. Después llegó otra versión, la de la Albada de Labordeta, que Álvaro recordó como un momento epifánico en su carrera, al descubrir la música del gran cantautor aragonés en sus veranos en Cuevas de Cañart. Fue una versión muy original y realmente emocionante. La vertiente íntima continuó con El conticinio, ABC y Ya mi mama me decía, y quedó rubricada con una sentida revisión de esa maravillosa canción de amor que es Me gustaría darte el mar, convertida en un merecido homenaje al recientemente fallecido Joaquín Carbonell.

A partir de allí se inició la sección más próxima al flamenco, al interpretar Nana triste (su tema junto a Natalia Lacunza), que sonó con una magnífica introducción de guitarra flamenca a cargo del batería del grupo: toda una caja de sorpresas. También resultó muy curiosa la conversión de Tu frialdad de Triana (¡qué gran canción!) en un sorprendente bolero-son. Después, Desde las alturas demostró ser una de las más bonitas melodías de Guitarricadelafuente, a la que siguió un tema compuesto durante el confinamiento, La Filipina", otro de sus mejores temas, inspirado en la jota Que no quiere ser francesa. Y cerró su actuación con un nada desdeñable homenaje a la canción iberoamericana: primero con una versión de esa preciosa Tonada de luna llena del venezolano Simón Díaz, que también han cantado Caetano Veloso o Natalia Lafourcade, y después con la tambora Me robaste el sueño de la colombiana Martina Camargo, toda una orgía percusiva, tribal y festiva, que puso a todo el público en pie.

LA PROPINA

Faltaba, por supuesto, la obligada propina, ya que todavía no habían sonado dos de sus mayores hits. Guantanamera (que no es la conocida canción cubana de Joseíto Fernández) fue introducida por un instrumental de aires fronterizos. Se trata de una canción confesional, en la que dice eso de "En Cuevas de Cañart la vida es tan bonita que parece de verdad", en la convicción de que los veranos de la infancia constituyen el verdadero paraíso perdido. Terminó con la rumba Agua y mezcal, en un encendido y eufórico karaoke por parte del público, que despidió al artista con un caluroso y entusiasta aplauso final, mientras por los altavoces sonaba la jota Los amantes de Teruel, un nuevo guiño a sus raíces.

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