Cultura

EXPOSICIÓN

Del ruido al silencio

El arte sonoro toma al asalto el Museo Reina Sofía de Madrid

Del ruido al silencio
Del ruido al silencio
L.LL.

HUESCA.- Habitualmente, tendemos a pensar en el arte como una creación cultural dirigida al sentido de la vista. Y es así porque la palabra "arte" nos lleva a pensar instantáneamente en pintura, arquitectura, fotografía, escultura. Pero lo cierto es que, fundamentalmente desde principios del siglo XX, el sonido ha ido cobrando cada vez mayor protagonismo en el mundo del arte hasta crear toda una corriente a la que, quizá por pereza, se ha dado en llamar sound art o arte sonoro. Es decir, el ruido, el silencio, la voz, el sonido en definitiva, como vehículo artístico. Es, en cierta forma, la sublimación de la sinestesia, esa sensación que permite ver colores en los sonidos y viceversa. Con el paso del tiempo, el arte sonoro ha logrado desarrollar un lenguaje propio, híbrido y fascinante, que durante el último siglo ha contagiado compulsivamente el devenir de eso que llamamos arte.

Toda esta reflexión viene determinada porque en los últimos meses se ha producido un hecho muy llamativo: el arte sonoro ha tomado al asalto el Museo Reina Sofía de Madrid, buque insignia del arte contemporáneo en España. No es, por supuesto, la primera vez que un museo o centro de arte español dedica su espacio al arte sonoro. Allí están ejemplos precedentes como Voices o ¿Art Sonor? en Barcelona, Lost in Sound en Santiago de Compostela o Escuchar con los ojos. Arte sonoro en España (1961-2016) en Madrid, entre otras muestras anteriores. Pero sí que es la primera vez, y es realmente sorprendente, que el arte sonoro se manifiesta de una forma tan rotunda a través de tres exposiciones coincidentes en el tiempo en un centro de tanta relevancia como el Reina Sofía.

"DISONATA"

Disonata. Arte en sonido hasta 1980, que se puede visitar hasta el 1 de marzo, traza la historia del arte sonoro desde sus albores hasta justo antes de la eclosión de la cultura techno. Un apasionante recorrido, que comienza de forma entrañable con los instrumentos inaudibles de Man Ray, la poesía fonética de Hugo Ball, Kurt Schwitters y los dadaístas y, sobre todo, los arriesgados y valientes hallazgos de los futuristas italianos. "Hay que rescatar la pertenencia de las experiencias sonoras a la vida cotidiana, puesto que el ruido remite directamente a nuestro día a día". Es una de las máximas que contiene El arte de los ruidos (L´arte dei Rumori), el célebre manifiesto futurista de 1913 de Luigi Russolo, que fue el inventor de las intonarumori, aparatosas máquinas que emitían ruidos y extraños sonidos, una reproducción de las cuales se muestran en esta exposición. Con estas máquinas Francesco Balilla Pratella creó algunas de sus óperas futuristas, como L´aviatore Dro (1915), que dio nombre al famoso grupo madrileño de tecno-pop. De las películas de René Clair y Dziga Vertov, que utilizan el sonido y la música de forma imaginativa y muy conectada a la experiencia visual, se pasa ya al fascinante Pabellón Philips diseñado por Le Corbusier para la Exposición Universal de Bruselas de 1958, para el que encargó a Edgar Varèse la pionera composición Poème electronique. No faltan tampoco la "música bárbara" de Karel Appel, Asger Jorn y los miembros del grupo artístico CoBrA, los instrumentos insólitos creados por Henri Chopin, Pol Bury, Arrigo Lora y Alexander Calder (y más tarde Takis o Dieter Roth), los experimentos de Brion Gysin o la sorprendente caja de madera habitada por los sonidos emitidos en su propia construcción, obra del minimalista Robert Morris.

Ya en los años 60, la muestra se acerca a las instalaciones audiovisuales de Nam June Paik, la ironía de Robert Filliou, las sublimes propuestas de John Cage relacionadas con el silencio y la música aleatoria o la desbordante actividad desplegada por movimientos como Fluxus o, aquí en España, Zaj y sus conciertos imprevisibles. De los años 70, se destacan la exploración en el silencio de Joseph Beuys, el vinilo como objeto artístico de Hanne Darboven y, ya al filo de la década, las portadas de Raymond Pettibon para el grupo punk Black Flag, el documental Rock my religion de Dan Graham, el reivindicativo y politizado Alfabeto atómico de Chris Burden y las grabaciones en la Factory de Andy Warhol realizadas por Ronald Nameth en una sublimación de la psicodelia más oscura. Un recorrido apasionante que, por supuesto, no es exhaustivo. De hecho, se echan en falta las aportaciones de Jean-Jacques Perrey, Pierre Henry y los popes de la música concreta o el relevante papel de Christian Marclay en la historia reciente del arte sonoro. En cualquier caso, una exposición magnífica y bien documentada.

"AUDIOSFERA"

Por su parte, Audiosfera. Experimentación sonora 1980-2020, que se clausura el próximo lunes, día 15, es un magnífico complemento de Disonata porque justamente retoma el hilo donde lo deja ésta, en los años 80. La exposición está comisariada por Francisco López, el artista más representativo, junto con Esplendor Geométrico, de la electrónica experimental española, con un gran prestigio a nivel internacional. Y aunque no es la primera vez que el arte se expone en un espacio vacío (solo habitado por cojines y sillones), impacta recorrer las siete salas de esta exposición con las paredes vacías, sin cuadros, ni piezas artísticas de ningún tipo. Al visitante se le provee de unos auriculares y un móvil con los que va paseando por las salas (divididas en siete apartados: Genealogías, Redes, Mega-accesibilidad, Ciborgización, Estetogénica, Derechos y Recombinación) mientras va escuchando las más de quinientas piezas de experimentación con el sonido (o una selección de las mismas, a gusto del espectador) que componen una suerte de mosaico colectivo de soundscapes o paisajes sonoros, que se mueven entre el silencio y el ruido, entre la serenidad y la distorsión. Un verdadero repaso a la historia del cassette art, el ruidismo, los drones, el ambient, la música industrial, el sampling, los glitches y todo tipo de aventuras sonoras, que incluye desde creadores reconocidos como Alva Noto, Felix Kubin, Víctor Nubla (Macromassa), Ikue Mori, Elliott Sharp, Llorenç Barber o Gazelle Twin hasta artistas desconocidos de casi cualquier parte del globo, pasando por un creador oscense como Justo Bagüeste que aporta un tema de su proyecto IPD, grabado junto a Suso Saiz. Un itinerario tan extenuante como estimulante. Una vibrante exposición en la que desaparece cualquier referencia al objeto artístico para disolverse en un verdadero mar de auriculares, único asidero matérico en una exposición en la que, sí, lo único realmente importante es el sonido.

"AUTO SACRAMENTAL INVISIBLE"

Por último, esta apoteosis del arte sonoro en el museo madrileño se completa con la instalación Auto sacramental invisible. Una representación sonora a partir de Val del Omar de Niño de Elche, que se puede visitar hasta el 26 de abril y que constituye una punzante mirada a la obra del visionario José Val del Omar, una de las obsesiones recientes de este gran post-cantaor, cuyo último trabajo fonográfico es, precisamente, el magnífico disco Entre el barro y la electrónica. Siete diferencias valdelomarianas. La instalación en sí es un conjunto de lámparas que van cambiando de color mientras se suceden gritos, susurros, explosiones sonoras, melismas flamencos quebrados e incluso una versión del My way (A mi manera) cantado por el propio Niño de Elche, que realiza de esta forma una curiosa revisión de la pieza Auto Sacramental Invisible de 1949 de José Val del Omar. La sala ofrece también, gracias a los archivos del Museo Reina Sofía, un breve resumen de los experimentos radiofónicos, circuitos perifónicos y demás experimentos con el sonido tan característicos en la obra de un personaje clave de la vanguardia española como es Val del Omar.

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