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Borja Casterad: “Artista se nace, se hace y sobre todo se sufre”

A lo largo de su trayectoria, este joven inquieto ha expuesto en lugares tan diversos como Barcelona, Canarias o Perú

Borja Casterad.
Borja Casterad.
Mario Méndez

¿Artista se nace o se hace?

—Artista se nace, se hace y sobre todo se sufre.

¿Cuál es el emoticono que define su personalidad?

—El de la cara que guiña un ojo.

Genio y figura. ¿Se identifica?

—No, de genio solo tengo el mal genio y la figura la perdí ya hace años y no sé si volveré a recuperarla.

¿Qué recuerda de sus tiempos como estudiante en la Escuela de Arte de Huesca?

—Luz, armonía, felicidad, libertad y unas amigas estupendas.

Después llegó la universidad en Barcelona. ¿Cómo le sentó la ciudad condal?

—Me sentó fatal en el buen sentido; exploté física, emocional y sensorialmente. Allí me convertí en el monstruo que soy ahora.

¿Cuál es la excitación que más le irrita?

—Mr. Wonderful.

¿Ser tauro ha marcado su vida?

—Para mí el horóscopo solo es un tema de conversación, lo que realmente marcó mi vida fue la barbie sirena.

¿No es complicado pintar siendo daltónico?

—Lo es si quieres ser fiel a lo que el mundo ve, pero como no es mi caso, no hay problema.

¿A quién le haría usted sin dudarlo la reverencia?

—A Samantha Hudson, a Abel Azcona y M.I.A.

Sus obras están llenas de fantasía y mensajes políticamente incorrectos. ¿Por qué es tan necesario meter el dedo en la llaga?

—Porque si quieres cambiar las cosas tienes que hacer ruido y para curar heridas tienes que limpiar toda la mierda, porque si no se infecta.

¿Ser artista LGTBIQ+ y comprometido tendría que ir de la mano?

—No, el compromiso, bajo mi punto de vista, va de la mano del mensaje, no toda la producción artística LGTBIQ+ tiene un mensaje comprometido y tampoco tiene por qué tenerlo.

¿Qué es lo más raro que ha pintado?

—Un tío mirando el móvil mientras se folla a un pollo al ast.

Uno de sus trabajos más importantes fue el mural que hizo para United Colors of Benetton en Lima (Perú). ¿Cómo le recibieron en Sudamérica?

—Toda la experiencia en Perú fue fabulosa, tanto a nivel profesional como a nivel personal. De hecho, si hubiera sido en otro momento de mi vida, me hubiera quedado allí.

¿Digital o analógico?

—Las dos me vienen bien, no hay que cerrarse a nada.

Además de pintar, usted también es diseñador de ropa, pinta paredes e incluso ha sido reportero. ¿Hay que ser muy polifacético para sobrevivir al día a día?

—No sé si hay que ser muy polifacético, lo que sí sé es que cuantos más décimos de lotería compres más posibilidades tienes de que te toque.

También militó en el trío de drag queens Las Ponys. ¿Qué tal se le daba ser un artista de la pista?

—Como experiencia, estupendo, como vocación, un agujero negro.

Usted apoya la disidencia de género e imparte cursos de deconstrucción masculina. ¿Cuáles son las lecciones que daría a los hombres de hoy en día?

—La masculinidad es un soberano aburrimiento, así que libérate de esas arcaicas alforjas y vuela libre, pajarillo.

¿Guasapear conecta o aísla?

—Conecta al 100 %, a no ser que no seas capaz de socializar de manera natural fuera de la aplicación.

Egoísta, inteligente, preparado y crítico. ¿Es usted un millennial?

—De lo único que estoy seguro en la vida es de que soy lesbiana.

En su cuerpo conviven tatuajes tan reveladores como los protagonistas de South Park, una monja con la menstruación y Hello Kitty. ¿Qué es lo próximo que se va a tatuar?

—A mi chihuahua Porterita, sin duda.

¿Hace un casting para seleccionar a sus amistades?

—En absoluto, aunque si lo hubiera hecho quizás me hubiera ahorrado muchos disgustos.

En Instagram le vemos usando filtros de lo más alocados y subiendo videos divertidísimos. ¿Cómo de importantes son las redes sociales para un artista?

—Son importantes e interesantes en cuanto a difusión y visibilidad, aunque es un arma de doble filo. Una mala respuesta, reacción o la ausencia de las mismas pueden hundirte en la más profunda de las miserias si no eres capaz de relativizar las respuestas o estadísticas.

Después de estar muchos años viviendo en Barcelona, usted regresó a Barbastro hace un año. ¿Cómo fue la vuelta a su hogar natal?

—Pues millones de veces mejor de lo que esperaba, sobre todo familiarmente, ya que tuve la oportunidad de disfrutar mucho más estrechamente de mis padres.

Desde hace poco reside en Madrid. ¿Cómo mira al futuro?

—Intento no mirar al futuro porque constriñe mi presente, además envejece muchísimo la piel y ya tenemos suficiente con la polución y la vida en este apocalipsis covid. l

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