Cultura

CRÍTICA MUSICAL

Curar las heridas

El Centro Cultural Manuel Benito de Huesca acogió el regreso de Copiloto a los escenarios

Copiloto presentó su nuevo disco en el Centro Cultural Manuel Benito
Copiloto presentó su nuevo disco en el Centro Cultural Manuel Benito
LUIS LLES

Es difícil encontrar un vehículo mejor que la música para expresar sentimientos y emociones. Muchas canciones poseen un asombroso poder curativo y hay discos que constituyen la plasmación perfecta de un renacimiento personal, de algo así como poner el marcador a cero. Abrazos salvavidas, de Copiloto, es uno de esos discos. Un EP de seis temas que Javier Almazán, verdadero nombre de este artista oscense, presentó el sábado en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner tras casi cinco años sin subirse a un escenario. Eligió este emblemático espacio de la capital oscense porque en él dijo sentirse como en casa. Tan es así que incluso se llevó la alfombra de su propio hogar para estar más a gusto. Lo dicho, como en casa.

Diversas circunstancias personales y familiares han propiciado en los últimos tiempos un periodo oscuro en la vida de Copiloto, que parece haber concebido este nuevo disco (realizado con la ayuda de Edu Baos, miembro zaragozano del grupo León Benavente) como una suerte de acto de redención y de resurgimiento. Solo sobre el escenario, con varios instrumentos esparcidos sobre el mismo, inició su actuación en clave casi folk con el tema que abre su nuevo disco, El amor y el mundo, que comienza así: “El amor me salvó del desamor/ renacer es reinventarse con lo puesto”. Toda una declaración de principios, sin duda. Almazán ha sido siempre un brillante letrista, con un gran poso confesional en sus canciones. Pero en esta ocasión, más que de autoficción, se podría hablar de pura expresión autobiográfica, de radical desnudismo emocional. Es, además, un gran compositor de melodías que aspiran a la cuadratura del círculo de la perfección pop. Y lo dejó claro en una actuación en la que fue alternando canciones de las distintas épocas de su trayectoria con los temas de su más reciente disco, que, de momento al menos, no se ha editado en formato físico.

S.P., siglas que corresponden a Sylvia Plath, que aparece citada en el tema, sonó en este formato acústico y desnudo con ecos de Nick Drake. Y tras Todo irá bien, un tema del nuevo EP con cierto regusto italiano, acometió uno de sus hits, Vendrá cantando. Fue el momento en que dejó la guitarra para pasarse al teclado y entonar tres temas en los que se aprecia una cierta conexión, consciente o no, con Fito Páez y con Cuti: ¿Crecer es matar a un niño?, El modelo de Watson y Crick (con su deje al Imagine de Lennon) y Lista de convocados. Llegó entonces el momento de pasarse al ukelele, instrumento con el que interpretó otros tres temas, empezando con uno de los del nuevo disco, Qué solo se está en la cima, una canción protesta en la que, con mucha ironía, relata la soledad del político de fondo, y siguiendo con Tú vales mucho y con Hoy parece que no estoy muy por la labor de acabar con esto, dinámica canción de largo título que compuso para la serie televisiva Fenómenos, que fue flor de un día.

Después, con la guitarra española, enlazó los bonitos cambios armónicos de Fundamental con los guiños flamencos de Ella dice, tema de su disco anterior (Los puentes hundidos, 2015) en el que el tono confesional alcanza un nivel muy alto, en lo que parece la crónica de una ruptura anunciada. Siguió con una de las grandes cumbres melódicas de su repertorio, “Chicos en pie de guerra”, que sonó más melancólica y menos a himno generacional. Dio paso después a Lo inolvidable, el primer single de su nuevo disco y otro de sus mejores temas. En No me reconozco se hizo muy palpable una de sus referencias absolutas: los Beatles. Y así llegó uno de los momentos de mayor intensidad emocional: Abrazos salvavidas, la canción que da título a su nuevo EP, que dedicó a sus dos hijos y a su padre, quizá lamentando esas palabras que nunca le dijo.

Y ya enfilando la recta final, engarzó otras tres canciones claramente autobiográficas: Tu cara cuando miras los aviones, con su aliento poético, el delicioso hit de ecos beatleianos Ya me conoces y Salvar el día, una oda a la esperanza. Tal como había anunciado, Javier Almazán no quiso hacer el paripé y no hubo bises. No hacían falta. Habíamos disfrutado de una excelente velada iluminada por un repertorio sin trampa ni cartón. Canciones para curar heridas y saludar al futuro.

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