Cultura

CÁSTING

Ima Ranedo busca a la niña protagonista de su corto

‘La senda de los caracoles’ se rodará próximamente en la provincia oscense

El cásting busca a una niña con estas características físicas.
El cásting busca a una niña con estas características físicas.
S.E.

Los responsables del cortometraje La senda de los caracoles buscan a una niña de entre ocho y diez años, morena y con pelo largo o semilargo, para el papel protagonista.

En plena etapa de preproducción, la futura obra audiovisual de Ima Ranedo, que se rodará en la provincia de Huesca, convoca un cásting para el próximo martes 18 de mayo, de 17 a 20 horas.

Como informa la directora, las personas interesadas pueden escribir al siguiente correo para pedir hora de citación: ‘casting9huesca@gmail.com’.

El cortometraje trasladará a los espectadores hasta un pueblo de los Pirineos oscenses, a finales de los años 50.

La protagonista de la trama es Maruchi, una niña de ocho años que está en la cocina con su abuela. Esta le confía la tarea de supervisar la cocción de los caracoles recién sumergidos en una olla con agua fría, colocada en el fuego. La niña se encuentra ante un grave dilema y tendrá que tomar una decisión rápidamente.

Una historia real

Como explica la directora en una nota, su cortometraje está basado en una historia real vivida en su infancia. “El recuerdo quedó grabado en mi memoria a fuego: mi primer conflicto moral y su resolución”, explica.

Mientras escribía el corto, poco a poco “la historia vivida se fue haciendo menos personal para convertirse en una historia inevitablemente insertada en su tiempo: los años 50 en una España triste y empobrecida por la posguerra, ese período llamado ‘Los años amargos’, marcados por un franquismo en todo su esplendor”, relata.

La obra audiovisual se desarrolla “en una sociedad degradada por la represión, que había agachado la cabeza por miedo”, prosigue.

Decisivo fue el papel de la Iglesia católica -uno de los pilares del franquismo-, cuyo objetivo eran las mujeres como guardianas de la moralidad, para mantener las normas y evitar la agitación gracias al miedo al infierno, a la cárcel, a las represalias, a todo...”, asevera.

La protagonista del cortometraje es una niña de ciudad, “extremadamente sensible” a la que, por motivos familiares, “la mandan con sus queridos abuelos a un pequeño pueblo del Pirineo, donde la relación con la muerte era cruda y sin adornos”, describe.

Mi abuela mataba pollos, conejos o patos, sin pestañear, bien contenta de tener con qué alimentar a su familia. No olvidemos que la cartilla de racionamiento estuvo en vigor hasta el año 1952. Por eso, creo que nadie hubiera entendido mis sentimientos por unos caracoles”, confiesa.

Según recuerda la cineasta, en su familia comían muy a menudo estos moluscos “con tomate o con conejo”, aunque ella los prefería “con mojete”.

“Cuando mi abuela me pidió que vigilara los caracoles, me sentí muy orgullosa, era la primera vez que me confiaba una responsabilidad. Y aquí es donde surge el conflicto”, avanza la directora, que está muy ilusionada con el proyecto.

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