Cultura

ESPECTÁCULO HISTÓRICO

Tres generaciones de Titiriteros de Binéfar se reúnen sobre el escenario este domingo en Monzón

La compañía aragonesa recrea la infancia del rey Jaime I, educado por la orden de los Templarios 

Tres generaciones de los Titiriteros de Binéfar
Tres generaciones de Titiriteros de Binéfar
S.E.

El cine Victoria de Monzón será el escenario el próximo domingo del estreno de un nuevo espectáculo histórico de los Titiriteros de Binéfar. En esta ocasión, la compañía aragonesa recrea la infancia del rey Jaime I, educado por la orden de los Templarios en Monzón, e imagina cómo hubiera sido la vida del monarca de no haber accedido al trono.

La obra parte de una pequeña anécdota del rey Jaime sucedida en Monzón siendo niño, cuando escapó por los pasadizos subterráneos del castillo junto a su primo Ramón Berenguer y juntos lograron alcanzar el río Cinca, donde fueron descubiertos. El espectáculo se integrará en la recreación histórica del homenaje a Guillem de Mont-Rodon, maestre tutor del rey Jaime, y del pasado templario de la villa y el castillo de Monzón (siglos XIII al XVI), que este año se completa con visitas guiadas al castillo a lo largo del fin de semana. Los Titiriteros aportan una visión crítica de la sociedad medieval y añaden un matiz pacifista a un tiempo histórico marcado por las guerras y las conquistas. “En este momento, en el que proliferan las recreaciones bélicas de hechos violentos, nosotros queríamos aportar nuestra visión de las cosas”, explica Paco.

Pero el hecho verdaderamente inusual del estreno de “El Rey y las juglaras”, una creación original de los Titiriteros de Binéfar, es que sobre el escenario del teatro montisonense coincidirán este domingo tres generaciones de titiriteros: Paco Paricio (66) y Pilar Amorós (66), fundadores de la compañía en 1977, sus hijas Eva Paricio (40) y Marta Paricio (42), a las riendas de Titiriteros desde hace unos años, y sus nietos Aníbal García Paricio, de 9 años, y Rita Ibarz Paricio, de tan solo 6 años. Un hecho sin parangón en las artes escénicas aragonesas y probablemente españolas, quizás solo precedido por la saga de la familia Aragón, semillero de payasos de TVE.

Familias de actores ha habido muchas, pero de tres generaciones coincidiendo sobre el escenario y copando un reparto no encontramos antecedentes. Además, en el caso de los Titiriteros no solo son, todos los que están, sino que están, todos los que son. Paco y Pilar tuvieron dos hijas, y estas, uno cada una. “Quizás en los circos trashumantes de la primera mitad del siglo XX se haya dado el caso, pero en la escena contemporánea no recuerdo un antecedente”, explica Paco.

“La verdad es que al inicio del proceso creativo no estaba previsto, ni imaginado; pero al averiguar que el rey Jaime tenía 6 años cuando es llevado a Monzón y que su primo Ramón Berenguer tenía 8 cuando protagonizan aquella anécdota” -casi exactamente las edades de Aníbal y Rita-, “todo vino rodado”.

En realidad, “como nos pasó a nosotras”, reconoce Eva, Anibal y Rita han estado merodeando o subiendo al escenario prácticamente desde que empezaron a andar. Aníbal ha llegado a tener sitio en escena con batería propia –de juguete y sin sonorizar- y desde muy pequeño trataba de emular a Roberto Aquilué, Quiri, batería de Titiriteros de Binéfar, a quien no perdía nunca de vista. Rita ha manejado también confetis, títeres y artefactos en varios espectáculos. En el ensayo general del miércoles, desde luego, no parecían novatos. Rita bailaba delante del escaso público seleccionado para la ocasión –media docena de familiares y amigos- como si hubiera entrado en trance, mientras su primo Aníbal tocaba la darbuka.

Tres generaciones de Titiriteros de Binéfar
Tres generaciones de Titiriteros de Binéfar
S.E.

Para Pilar Amorós, titiritera, madre y abuela de titiriteros “es algo muy emocionante”. “Yo”, añade, “sencillamente, me derrito”. Para Eva es también una circunstancia muy especial. “Mi madre y yo hace muchos años que no coincidimos en un escenario, salvo en circunstancias muy puntuales, y además en esta ocasión ha sido todo muy distinto”.

Eva se refiere al ambiente de los ensayos y la producción del espectáculo. Paco con sus hijas no solo ha ejercido de padre, sino de estricto director de escena, y ahora con sus nietos, la disciplina y el rigor se han (casi) evaporado. Mientras se suceden los preparativos y Paco reparte instrucciones, se oye repetidamente, “yayo, donde pongo esto”, “yayo, mira”, “yayo”... Y Paco, sin rechistar, contesta todas sus preguntas. Eva observa el ambiente y desde el fondo menea la cabeza en un gesto que no necesita palabras. “Manda narices, quién te ha visto y quién te ve”, nos dirá después entre sus risas y las de Marta, cómplice de su hermana en la confesión.

El Rey Jaime I el Conquistador (Paco Paricio), mayor y achacoso en el último año de su vida, recibe a una troupe de juglaras que representan para él cómo hubiera sido su vida si aquella fuga hubiera tenido éxito y nunca hubiera llegado a reinar. Vista la recreación, el monarca se emociona y reconoce que la visión de las cosas que tienen el pueblo y la corte son muy distintas. De algún modo, el viejo rey maldice tantas conquistas y batallas, y en un gesto de magnanimidad, permite a las juglaras ejercer su oficio y representar la obra en los cuatro confines de su reino.

El paralelismo con la situación vital de Paco, de Pilar, de Eva y de Marta es clarísimo. De algún modo, Paco Paricio y Pilar Amorós parecen entregar definitivamente el testigo a sus hijas. “Todo lo que hacemos los artistas y creadores tiene siempre un punto autobiográfico”, aclara Paco. “En todo caso, esa cesión, esa bula nos la concedió ya hace unos cuantos años”, reconoce Eva.

Quizás lo que ha hecho Paco, sin querer, es dejar la herencia por escrito.

Actuación de tres generaciones de Titiriteros de Binéfar
Tres generaciones de Titiriteros de Binéfar
S.E.
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