Cultura

PERIFERIAS

Oskar Alegría: “Si pones fronteras a un territorio, uno se empieza a buscar por dentro”

El cineasta exhibe su último largometraje, ‘Zumiriki’, “construido con forma de árbol”, en busca de una reconexión con sus raíces y la naturaleza

Una escena de la película.
Una escena de la película.
S.E.

El último trabajo del director de cine navarro Oskar Alegría, Zumiriki, se proyecta este miércoles, a las 20.30 horas, en el salón de actos del Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca, dentro del programa de Periferias 21.0 #Fronteras, y es que como su propio autor explica “Zumiriki tiene muchas y varias fronteras, externas e internas”. Se trata de un largometraje enormemente reconocido, proyectado, entre otros festivales, en la Mostra de Venecia. Según comenta su autor, “reconozco que esta película me ha dado muchas sorpresas” y hace hincapié en que “habla de la tierra y el agua” por eso lo ve como “el mensaje de un náufrago, sin ningún destino premeditado, pero entonces de repente esa botella que abandonas en el agua viaja desde un rincón tan pequeño y con unos medios tan náufragos, porque es una película hecha con muy poco, y conseguir todo ese eco desde el punto de partida da gran satisfacción”.

Comenta Alegría que esta película está hecha en un escenario que se compone de tres partes: la primera es la orilla civilizada, “porque hay una casa y una carretera”; la segunda es la orilla de enfrente “donde no hay nada de eso sino que es una zona salvaje donde la ciencia no funciona, donde lo que funciona todavía es la magia, los relojes se paran pero no importa porque el tiempo se cuenta de otra manera”, y cuya frontera es el río Arga sobre el que está, la tercera, la isla, zumiriki, una palabra en desuso que se utilizaba en la zona navarra donde se ha grabado la cinta que significa isla sobre el río.

En realidad, lo que se proyecta este miércoles es un viaje interior en el que el cineasta filmó cómo pasaba cuatro meses solo en un bosque, en busca de una reconexión con sus raíces y con la naturaleza. Así relata que “cruzar a la otra orilla es la experiencia Zumiriki, pero una vez que llevas cierta civilización al otro lado empieza una cosa muy interesante para el concepto fronterizo que es el umbral de lo doméstico con lo salvaje, es decir, la puerta de casa porque al salir estás en pleno bosque”, pero se diluye, analiza el autor, “hay un momento muy bonito de esos cuatro meses de experiencia en que ya no distingues los umbrales, no distingues dónde empieza la casa y dónde el bosque”.

Con esa idea, el cineasta construye una cabaña de madera en una orilla salvaje del río cerca de la isla donde jugaba en su infancia, hoy anegada por la construcción de una presa que ha dejado la tierra invisible. Así describe que “en el momento en que acotas el terreno donde vas a hacer una experiencia es inmediato cómo se empieza a viajar por dentro, si pones fronteras a un territorio, uno se empieza a buscar por dentro, sobre todo, si es como éste donde la montaña impide el horizonte y solo te queda la verticalidad y ese viaje interior tiende a la verticalidad como los árboles”. En este sentido, descubre que “la película tiene forma de árbol, está dedicada a un árbol y está construida como un árbol”. Precisamente, son los árboles de la isla los únicos que permanecen todavía en pie.

Alegría afirma que “todo surge de la desaparición”, en este caso es la ausencia de la isla de su infancia donde jugaba pero “el progreso te rompe ese paisaje y lo convierte en un juguete roto, así nace la película”.

Una de las curiosidades de la cinta, destaca Alegría, es que “a mitad de estancia pierdo la voz por no hablar con nadie, es una de mis mayores sorpresas y me gustó mucho como experiencia porque lo que late de fondo en esta película es la pérdida de una voz, es una cinta que tiende a la afonía, zumiriki es una palabra que desaparece, se sumerge bajo el agua”, “además, lo primero que se pierde en un río al poner una presa es el sonido porque el agua se estanca”, apostilla. 

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