Cultura

JOTA

La jota vuelve a Quicena con el festival de fin de curso de Santa Cecilia

Más de medio centenar de alumnos de la escuela actuaron este sábado en la plaza, vestidos con traje tradicional y con mascarilla

Las jotas volvieron este sábado a la plaza de Quicena, lugar elegido por la Escuela de la Agrupación Folklórica Santa Cecilia para ofrecer su festival de fin de curso, en el que participaron el más de medio centenar de alumnos que han asistido este año a las clases de baile, canto y rondalla.

Las danzas Tin Tan y El villano, así como Mis primeros pasos de jota, se vieron en una gala en la que se intercalaron los estilos con las Seguidillas de Leciñena, la Jota de Alcañiz y el Fandaguillo de Robres, que bailaron los más mayores. Todos ellos acompañados por una rondalla formada también por alumnos de esa disciplina, bajo la batuta de su profesor Cristian Ubieto, al que se sumaron Susana Gil, en canto y Javier Garvín y Gerardo Lanau, en baile.

Lo cierto es que resultó curioso ver a todos los bailadores, cantadores y tañedores con sus mascarillas, un complemento más en una indumentaria tradicional que, como reconoció Gerardo Lanau a este periódico, “ya teníamos ganas de vestirla”.

Pese a que este año el número de alumnos se ha reducido debido a la pandemia, el festival de fin de curso se vivió con “la misma ilusión, alegría y ganas” que en ocasiones anteriores, haciendo disfrutar a un público entregado y deseoso de disfrutar del folclore.

La escuela de los “cecilios” inició su actividad el pasado mes de octubre tras tener que interrumpir las clases en marzo del año pasado por la covid. Las restricciones impuestas por el Gobierno de Aragón les volvieron a obligar a suspenderlas, y no fue hasta el pasado mes de marzo cuando los alumnos las retomaron.

“Se les medía la temperatura al entrar, se ponían gel hidroalcohólico, y entre clase y clase se ventilaba el aula siguiendo todos los protocolos sanitarios. Además, a la escuela solo accedían los alumnos, sus padres y sus abuelos les esperaban fuera”, explicó Gerardo Lanau de un curso del que, no obstante, hace un balance positivo. “La gente no ha fallado en estos meses. Las clases han estado completas y los alumnos, con edades comprendidas entre los 4 y los 75 años, se han mostrado contentos y con muchas ganas”.

Las mismas que demostraron este sábado en su festival, que esperan sea el primero de muchos, ya que sus profesores ya piensan en el próximo curso. “De cara a 2022, si la pandemia lo permite, queremos recuperar todas las actividades. Continuaremos con clases de baile, canto y rondalla, y si se puede, con los talleres de indumentaria y percusión”. 

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