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LITERATURA

Juan Mainer: “Es la historia de una institución clave en el devenir de Huesca”

El autor presenta este domingo (12 horas), en el Museo oscense, el libro en el que ofrece una crónica del Instituto de Huesca entre 1845 y 1931

Juan Mainer.
Juan Mainer.
S.E.

El historiador Juan Mainer presenta este domingo, a las 12 horas, en el Museo de Huesca, su último libro, Consagrar la distinción, producir la diferencia. Una historia del Instituto de Huesca a través de sus catedráticos (1845-1931), sobre el devenir del bachillerato tradicional en el instituto oscense, que publica el Instituto de Estudios Altoaragoneses.

Se trata de un libro que elabora un “discurso lógico y cronológico de la historia del Instituto de Huesca y de las élites de la ciudad a partir de las biografías de distintos personajes socioprofesionalmente muy interesante que pasaron por esta institución” que entonces estaba ubicada en el museo, algo que con el tiempo se ocultó, “ya que entre 1936 y hasta 1944 se convirtió en prisión, lo que hizo que nunca volviera a esa sede el instituto”, apunta el autor del libro.

Mainer explica que este libro “nace de un proyecto educativo” que puso en marcha mientras ejercía como catedrático de Historia en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca. “Fue un trabajo muy interesante que acumuló tal cantidad de documentación y horas de grabación de entrevistas que me llevaron, en 2014, a proponer al IEA la redacción del libro”, subraya.

Así continuó por su cuenta, indica, para lo que “consulté más archivos de otras provincias, más de mil documentos, fundamentalmente, en la Biblioteca Nacional de Madrid y en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares”.

Sobre lo que encontrará el lector, Mainer advierte que “es la historia de una institución clave en el devenir de la contemporaneidad la ciudad y de la provincia, lamentablemente, muy desconocida hasta ahora”. Y resalta que “en el instituto se reproducían todos los roles de género y de clase necesarios para el mantenimiento del sistema. No pensemos que la educación es liberadora, servía fundamentalmente para reproducir las diferencias sociales y de género que había en la sociedad, ya que tan solo podían acceder las élites de la provincia”. En este sentido, apostilla que “todas las élites pasan por el instituto donde se consagraba la distinción de cuna” y recalca algunos nombres de estudiantes como Santiago Ramón y Cajal o Ramón Acín.

Explica el historiador que “es un Bachillerato elitista que nace en la primera mitad del siglo XIX y se mantiene de forma inconmovible hasta 1970”, y menciona que cada clase social tenía su educación: “Los obreros y campesinos, hasta los 12 como mucho, y los hijos de la oligarquía entraban con un examen de ingreso al Bachillerato con 10 u 11 años y lo realizaban hasta los 16. Antes de eso se formaban en sus casas o en colegios privados y nunca se mezclaban con otras clases”.

Añade Mainer que, en este libro, “en segundo plano, se muestra la historia de la ciudad y sus élites culturales, además de una historia de catedráticos de segunda enseñanza muy jerárquica y varonil, perfectamente extrapolable a cualquier otra ciudad”.

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