Cultura

MÚSICA

Una despedida a lo grande

Los oscenses Lucca entonaron un emocionado adiós en el Teatro Olimpia

Concierto de dLucca se despidió de los escenarios con un concierto en el Teatro Olimpia.espedida de Lucca en el teatro Olimpia / 03-07-2021 / Foto Rafael Gobantes[[[DDA FOTOGRAFOS]]]
Lucca se despidió de los escenarios con un concierto en el Teatro Olimpia.
Rafael Gobantes

Se suele presuponer que todas las despedidas son tristes. Pero en ésta había un cierto aire de celebración. El grupo oscense Lucca, uno de los más señeros del panorama musical de la capital altoaragonesa en este siglo XXI, decía adiós (o un simple hasta luego, quién sabe) tras quince años de trayectoria. Y lo hacía por todo lo alto, en el Teatro Olimpia y con la práctica totalidad (veinte entre casi treinta) de los componentes que han pasado por el grupo a lo largo de todo este tiempo. De hecho, Lucca ha sido durante estos años una verdadera academia por la que han pasado un gran número de músicos de la ciudad.

La idea central de este concierto, cuyos beneficios iban destinados a Aspace, era ofrecer una panorámica lo más completa posible de la poliédrica evolución sonora de Lucca. Una retrospectiva que el sábado puso frente al espejo la camaleónica personalidad del guitarrista Chema García, quien, como cantaban Los Panchos o Dyango con notas de bolero, es el auténtico alma, corazón y vida de esta banda oscense. Orgulloso de su legado, Chema organizó una gran velada, perfectamente medida y dividida en una serie de bloques que correspondían, como las diferentes etapas de la pintura de Picasso, a las distintas fases y tendencias musicales por las que ha pasado Lucca a lo largo de estos tres lustros. En total, dos horas y media de canciones y emociones, que reflejaron de forma diáfana la irrebatible aportación que este grupo ha realizado a la música oscense del presente siglo.

Con el escenario flanqueado por lucecitas y lámparas, algo muy Lucca, la noche comenzó con un vídeo en el que, conocida su proverbial timidez, Chema agradecía su labor y su apoyo a toda la gente que durante todo este tiempo ha estado ligada al proyecto de una u otra forma. Prefirió hacerlo así para no equivocarse o dejarse algunos nombres en el tintero. Los bloques en los que estaba dividido el concierto estaban ordenados más o menos de forma cronológica. De los (y sobre todo las) diferentes cantantes que han pasado por Lucca solo faltó a la cita la primera de ellas, Paula, la de la etapa indietrónica. Así que el primer bloque, que fue introducido por Sr. El Chino con su palo de lluvia, su bajo y sus efectos, fue protagonizado por Celia, natural y carismática como solo ella sabe serlo, que interpretó algunos de los más antiguos temas de la banda, todos ellos bajo el influjo de ese vibrante soul-pop a lo Dexys Midnight Runners: Hyperspace, 17 y el jazzy Sarah. Héctor a la guitarra, Daniel Mingus a la batería, Alejo al trombón y Adrián a la trompeta completaron esta primera formación en clave de groove.

Toda la noche fue un ir y venir de los infinitos miembros de esta comunidad bien avenida que es Lucca. Y entre bloque y bloque, la pantalla fue ofreciendo fotos de los diversos componentes, vídeo-mensajes de apoyo de casi toda la escena musical oscense (que dio una perfecta idea de lo querido y respetado que es Chema) e incluso un emotivo vídeo de uno de los baterías del grupo, Fran, enviado desde una misión de la OTAN en Letonia, interpretando un tema de Lucca junto a sus compañeros del ejército. Laura fue la siguiente protagonista de la noche, mostrando su poderosa y cristalina voz en el segundo bloque, más próximo a una sonoridad pop-rock, a caballo entre Cranberries y Garbage, pero sin perder el pellizco soul. También con la ayuda del guitarrista Alberto, siguieron interpretando temas de la primera época de Lucca, como Juliette, 7 freckles y The only girl who loves me, una canción dedicada por Chema a su primera hija.

El tercer bloque desvió el orden cronológico hacia la última etapa del grupo, la de su tercer disco, Beautiful chemistry. Aquí se incorporaron el cantante Sebastián, el batería Miguel, la teclista Sandra, el bajista Ulas y el guitarrista Luis, que formaron un sólido y rocoso combo que dio lustre a temas como Once upon a time, Broken glasses (carnoso soul-rock) y ese Hasta la luna y volver, que está dedicado por Chema a su hija pequeña.

El siguiente bloque representó el apartado acústico de la velada. Y allí los protagonistas fueron Anay, con su dulce y aniñada voz, y las canciones del segundo disco, Summer is coming. Bueno, y también tuvieron su relevancia las guitarras de Alejandro y Miguel y las percusiones de Ulas. Fue el momento de la sutil delicadeza de piezas como On every sunday, Mi 4º de estar, una preciosa e intimista revisión del On Melancholy Hill de Gorillaz (solos Anay y Chema) y un tema del tercer disco, Badly december, en el que se unió Marceline con su violín, que aportó notas de acendrado lirismo. Y así se llegaba al último bloque, el consagrado a la más reciente formación del grupo, con Alejandro (guitarra), Miguel (batería), Chavo (bajo), Miguel (guitarra), Chema (guitarra) y Sebastián (voz), con el añadido ocasional de los vientos de Adrián y Alejo. Se trata, sin duda, de la formación más puramente rock de Lucca. Tras la introducción instrumental Fuck U Edward, siguieron con Mis planetas interiores (con un sonido que parecía entrelazar a The Cure con U2 y los Smiths), y después con tres temas del último disco: Those things that we don’t have (que evoca a los U2 más souleros), Just good friends y ese gran hit que es Satellites” con sus armonías beatleianas, en el que brilló especialmente la potente y bien modulada voz de Sebastián.

Pero estaba claro que la celebración no podía terminar allí. Así que, a pesar de que ya habían transcurrido más de dos horas desde el inicio, llegó el esperado bis con dos de los temas más emblemáticos del grupo: el luminoso “¡Green walls & empty songs y el trepidante y hedonista Dance dance dance. Y como no podía ser de otra manera, para rubricar la camaleónica personalidad de Chema García, el broche de oro lo puso una versión de uno de los mayores monumentos de la historia del rock: Heroes del camaleón entre los camaleones, David Bowie. Y así, en medio de la algarabía de una atmósfera festiva, entre camisetas del Huesca y globos, llegaba la despedida, esperemos que no definitiva, de un grupo del que la ciudad tiene que sentirse orgullosa. Pero, en vez de decirles adiós, parafraseando al gran Chiquito de la Calzada, preferimos decirles “¡Hasta luego, Lucca!”. 

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