Cultura

FESTIVAL SONNA DE HUESCA

Entre mosquitos, grillos y cigarras

La cantautora madrileña Travis Birds actuó en el Salinar de Naval en el marco del festival SoNna Huesca

Travis Birds actuó en el Salinar de Naval.
Travis Birds actuó en el Salinar de Naval.
SoNna Huesca

Se le veía contenta a Travis Birds tras su actuación en el Salinar de Naval. No era para menos. Y es que resulta difícil encontrar un lugar más apropiado que ese precioso enclave para presentar su segundo disco, La costa de los mosquitos. En primer lugar, porque los mosquitos no quisieron perderse la cita y asaetearon sin piedad a la madrileña. Y en segundo lugar porque ese mismo disco se cierra, precisamente, con un tema titulado Concierto para chicharras, y también los grillos y las cigarras le estuvieron acompañando con su sonido durante el concierto. Parecía hecho a propósito, vaya. Y ella parecía encantada con las coincidencias. De hecho, rechazó el repelente para insectos que le ofrecían desde el público, y de forma irónica señaló que “a mí me gusta ser devorada”, para añadir después “aunque esto quizá suena un poco porno, ¿no?”.

Tras haber disfrutado por la tarde de las salinas de Naval, Travis Birds apareció descalza sobre el escenario del festival SoNna, con la silueta de la bella Iglesia de Santa María recortándose en el horizonte, y perfectamente acompañada por dos músicos: el efectivo y sutil percusionista Yoyo Bey y el magnífico guitarrista Álvaro Espinosa, que, con la ayuda de pedales, efectos y delays, alzó unos sugerentes decorados sonoros que a veces parecían remitir a magos de la guitarra como Marc Ribot o Joseba Irazoki.

Por su parte, Travis Birds (que se niega a revelar su verdadero nombre y afirma que se llama así) es una artista de fuerte personalidad, desinhibida y algo rebelde, que posee una bonita voz de brillante tonalidad y una gran facilidad para componer canciones con un cierto aliento poético, confesional y autobiográfico.

Pertenece a una generación de nuevos cantautores con influencias similares: flamenco, folclores latinoamericanos, indie, mestizajes varios. Y aunque posee una personalidad propia y diferenciada, se podría decir también que es la nueva Bebe, la réplica indie de Rozalén, la versión femenina de El Kanka, una Luz Casal alternativa o la Cecilia del s. XXI. Un poco de todo eso hay en sus canciones, aunque también un mucho de sí misma.

No era la primera vez que actuaba para el SoNna porque ya estuvo en Montanuy este mismo año participando en el homenaje a Pau Donés. Su actuación en Naval comenzó con Las cinco disonante, el tema que abre su nuevo disco La costa de los mosquitos, título también de la célebre novela de Paul Theroux que después llevó al cine Peter Weir con Harrison Ford y el malogrado River Phoenix como protagonistas. Una historia de utopías hippies que acaban en aventura caótica, que encaja muy bien con el espíritu de algunas de las canciones de Travis Birds. Y aunque parte de los matices del disco se perdían en el formato acústico e íntimo de su directo, se pudo apreciar el toque de rumba chicana y fronteriza de Claroscuro, el laidback blues de Lagarto rojo o ese delicioso Maggie 1983, en el que la huella de Cecilia, consciente o no, se vislumbra.

Se quedó sola para interpretar Bolero para una trompeta, una bonita y reflexiva balada compuesta durante el confinamiento y en la que Travis imitó con su voz el sonido de la trompeta. Ya con sus dos acompañantes de nuevo en el escenario, sonaron La vela, Acordes de jazz y, con los relámpagos surcando ya el cielo, Coyotes, el tema de aire flamenquito que le ha encumbrado entre los jóvenes al aparecer en la serie El embarcadero.

Terminó su actuación con otro de sus hits, Eduardo, otra divertida historia de decepciones vitales. Pero regresó al escenario para ofrecer un bis en el que, aunque no interpretó el 19 días y 500 noches de Sabina, sí que sonaron Creature of the night y un popurrí en el que mezcló el Walk on the wild side de Lou Reed con el Tournedo de Iván Ferreiro y, de nuevo, su propio Eduardo. El punto final, feminista y dedicado a las mujeres, lo puso con Thelma & Louise. Al final, una mantis religiosa de un reluciente color verde aterrizó sobre el escenario y pareció recibir los aplausos del entusiasta público. Acto seguido, empezó a caer la lluvia. Afortunadamente, la actuación había terminado ya. 

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