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David Asensio Lafuente: “Me importa aportar valor, calidad y una mirada artística”

“Me gustaría haberle dado un abrazo a José Saramago, pero aún estoy a tiempo con Haruki Murakami o con Helen Mirren”

David Asensio
David Asensio
S.E.

Genio y figura, ¿se identifica?

—Me identifico, pero no en el sentido de algo inmutable, sino al revés, en la capacidad de adaptarse a lo que se presente de forma imaginativa y llegar hasta el final intentando mantener algo de honor.

¿A quién le haría la reverencia sin dudarlo?

—A mi familia y a mis amigos, fuera de eso, a nadie. Pero un buen abrazo sí que me gustaría haberle dado a José Saramago por ejemplo, aún estoy a tiempo con Haruki Murakami o con Helen Mirren, a ver si hay suerte.

¿Cuál es el mejor cortometraje como director de fotografía?

—De la primera etapa, en México, mi preferido es Pasajera pero es “pre-youtube” de cuando aún rodábamos en película. De la etapa oscense me gustan mucho Descubriendo a Mosen Bruno, de Maxi Campo, y El viaje en la oscuridad de Rayers Sam, de Orencio Boix. Ambos amigos muy queridos.

¿Cómo entiende la producción audiovisual?

—Es un territorio demasiado basto y se pueden hacer muchas cosas, desde un informativo hasta una película de ficción, pero lo que a mí me importa es aportar valor, calidad y una mirada artística siempre que el proyecto lo permita.

¿Qué hace la fotografía en el cine?

—Cuando yo tengo que preparar un rodaje, lo primero que hago es identificar y acordar con el director lo que la historia necesita a nivel de imagen. A partir de ahí hay que definir unas herramientas, es decir, colores de luz, dureza, tipos de objetivos, cámaras… para construir esos ambientes que le funcionan a la película y que no siempre tienen que emocionar positivamente, a veces tienen que incomodar o, en muchos casos, pasar desapercibidos con total naturalidad.

¿Se atrevería a retratar la pandemia con dureza, respeto y humanidad?

—Me atrevería. En el trabajo periodístico o documental creo que el respeto, la dureza y la humanidad son buenas virtudes, pero añadiría una cuarta que es la verdad. Creo que no sabemos todo lo que hay que saber para hacer ese retrato con justicia.

¿Existe el miedo escénico?

—Algo parecido. Hace tiempo que no trabajo en proyectos de mucho presupuesto, pero hay una responsabilidad evidente, antes quizás más, cuando rodábamos en película y el único que sabía realmente cómo se vería aquello era el director de fotografía. Un error podía dar al traste con el trabajo de mucha gente. Aparte de eso, siempre esperas que a la gente le guste tu trabajo, pero bueno, ya se sabe que para gustos, colores.

¿Cada foto es una aventura?

—Bueno aquí hay dos caras de la moneda, la foto en sí, la imagen, que es cierto que cada una puede representar una aventura o al menos una historia y la otra cara que es el acto de hacer la fotografía. Este no siempre es una aventura aunque sería lo deseable. Me gusta mucho la fotografía de naturaleza, esa fotografía en la que se intuye la paciencia del fotógrafo para conseguir la toma, esa aventura sí me gusta.

¿Qué imágenes seleccionaría para vender Somontano?

—Se ha hecho mucho y muy buen trabajo promocionando la región. En Somontano tenemos cosas que no hay en otros lugares del mundo y está bien hacer uso de ese recurso. También me gustaría hacer protagonistas a la gente del Somontano, que creo que se les ve poco y también aportan personalidad.

¿El Centro asociado de la UNED de Barbastro es modélico y pionero en programas?

—¡Me sorprende que tú me lo preguntes! Claro que sí, antes o después los programas hubieran llegado, pero no como se han hecho en la UNED de Barbastro, a la medida y desde dentro. El centro de Barbastro ha ofrecido y sigue ofreciendo soluciones a nivel nacional para muchos procesos críticos para la universidad. Eso es mérito de la imaginación de Carlos Gómez y del impecable trabajo del departamento de informática.

¿El Festival Internacional de Cine de Huesca de cuyo Jurado forma parte es película de proyección larga?

—Cuando yo daba clases en la universidad en México, los alumnos me decían: “Quiero mandar mi corto a Huesca” y a mí se me dibujaba una sonrisa en la cara (Mi abuela era de Apiés, un pueblo al lado de Huesca). (Por cierto, este año le han dado el Premio Ciudad de Huesca a un alumno mío). Mucha gente a lo mejor no lo sabe, pero casi todos los alumnos de cine del mundo saben que Huesca existe gracias a su festival de cine. Es un gran festival. Le auguro y le deseo muchos años más de éxito. 

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