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¿qUIÉN SOY?

Jesús Cancer Campo: de niño travieso a gran escritor

“Era zurdo y me ataban la mano izquierda a la silla para que empleara la derecha”

Jesús Cancer Campo
Jesús Cancer Campo
S.E.

Jesús Cancer Campo, procedente de Sena, ha publicado dos libros relativos al dance, estudios e investigaciones documentadas sobre el Dance de Sena, en 1998, y acerca del dance general en Aragón, en 2003, además de ‘Ilusiones de pan tierno’, su primera novela de ficción, si bien está basada en hechos reales que ocurrieron en un pueblo de Los Monegros en 1963, y hace un mes ‘Senderos de lealtad y locura’, donde cabalgan y ruedan el caballero don Quijote y su leal escudero Sancho Panza por el siglo XXI.

Su padre era agricultor y su madre se encargaba de las tareas del corral, de la casa y de criar a nuestro protagonista y a sus hermanas. Jesús era de niño un rebelde sin causa, que no paraba de hacer y pensar en travesuras. “Mi recuerdo más importante es sangriento”, anuncia y explica de un día que estaba partiendo almendras con su amigo José Luis Almerge, “al lado de las casas había una gran piedra para que no se arrimaran los carros, y él puso la mano y yo le di con la piedra y vi cómo explotaba su dedo meñique; cada vez que cambia el tiempo, se acuerda de mí”.

Otra travesura que recuerda es que se le ocurrió “tirar a los abuelos cuando volvían del huerto en la burrica. Un día tire a uno, salí corriendo a casa, pero allí mi madre me cogió”. Estas anécdotas, entre otras muchas, determinan el carácter de Jesús, que no tenía idea buena, si bien, siempre andaba con su muñeco Pepito y proclama su amor por el mulo Canoso. “Le tenía un cariño extraordinario, cuando lo vendió mi padre fue el día más amargo de mi vida”.

Fue al colegio de las monjas carmelitas hasta los seis años, “a partir de ahí íbamos a las nacionales”, narra sobre su primera etapa educativa. “Siempre me ha gustado escribir, aprendí muy deprisa, pero era zurdo y me ataban la mano izquierda a la silla para que empleará la derecha, lo que me ocasiono algo de dislexia. Ahora practico todo con la izquierda menos comer y escribir”.

Tuvo otra mala experiencia con 8 años: “Vino una inspección de sanidad al colegio y me pusieron gafas, aquello me hundió, ya no podía saltar fachadas”, rememora riendo. “Para la recogida del Domund me disfrazaban de cura, en lugar de indio, que era lo que me gustaba”, agrega.

Entre sus quebraderos de cabeza infantiles estaba muy presente el infierno. “Pensaba en lo descompensado que estaba con el cielo, por hacer alguna tontada ya ibas allí”, apunta.

Tampoco olvidará nunca los veranos en el monte segando, “durmiendo encima de la paja, comiendo de puchero o corriendo entre las perdices y las liebres”, rememora.

Vivencias de un niño de Sena que le han convertido en una persona culta, responsable, muy noble y honesta, porque los hechos de la niñez no dependen de lo que sucedió, sino de las emociones que quedan en los recuerdos, la intensidad de las imágenes, asociadas a los sentimientos, aquellos días que transcurrían entre juegos en la siega, la tierra mojada bajo los pies descalzos, una memoria llena de contenido que amalgama los recuerdos que quedan dentro para siempre. 

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