Cultura

LA ENTREVISTA

Alberto Lagén: “Los secretos llevan detrás algo prohibido, atractivo para contar una historia”


El escritor barbastrense presenta su primera novela, ‘La cuchara del 431’, en el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón

Alberto Lagén Coscojuela.
Alberto Lagén Coscojuela.
Á.H.

Una historia de traición y represión, enterrada bajo una capa de miedo y vergüenza y la búsqueda de la verdad son hilo conductor de La cuchara del 431 (Editorial Pirineo), la primera novela del barbastrense Alberto Lagén Coscojuela que la presentó, con Juan Carlos Ferré, en el Museo Diocesano por iniciativa de Librería Castillón. El precedente es El tránsito hacia el olvido, un conjunto de relatos de vidas anónimas publicado en 2018.

El autor saca a la luz un relato olvidado durante décadas, que data de noviembre de 1939 cuando tres condenados a muerte son abatidos en su intento de escapar de la cárcel que hubo en el convento de las Capuchinas, en Barbastro. Horas después, el padre de uno de ellos es acusado de colaborar en la fuga e ingresado en el mismo presidio. “Es un novela que incide, sobre todo, en la búsqueda de la verdad, a veces incómoda y como un secreto. Los secretos suelen llevar detrás de sí algo prohibido que es atractivo para contar una historia”.

En la novela “hay una parte en la que conecto presente y realidad con un pasado, entre ficticio y de las fuentes que he investigado. Los hechos tienen que ver con una familia de Costean, pero evito esta referencia, hay un punto de reparo a la hora de citarlo. Reconozco que es un miedo propio porque siempre que he estado en el pueblo he recibido un trato genial. A pesar de que es una de las localidades relacionadas con mi familia, no sale hasta la última de las 192 páginas”.

Los hechos de la novela se dieron en las Capuchinas de Barbastro, en cuya cárcel estuvieron el obispo Florentino Asensio y el gitano Ceferino Jiménez “El Pelé”, ambos beatificados, sin relación con este libro. El punto de partida “un intento de fuga que hubo en noviembre de 1939 con varios reos que se escaparon y otros fueron abatidos por el centinela. La historia me llegó y avancé, poco a poco, en busca de respuestas y he dado con otros interrogantes, muy incómodos en algunos casos”.

En este sentido explica que “tenía una percepción sobre los personajes que he roto y deshecho a lo largo del trayecto, al final he encontrado respuestas finales y no estoy seguro de que me hayan gustado. Los hechos fueron reales, el padre de uno de los reos fallecidos en el intento de fuga entró en la cárcel al día siguiente. A partir de ahí, es una novela de ficción, trato de conjugar la divisoria entre presente y pasado para ofrecer mi punto de vista y que la gente conozca el camino”.

Respecto al título basado en la cuchara numerada, “es uno de los pocos objetos que podían tener los presos en cárceles de la época, cada uno tenía plato y cuchara. He leído fuentes según las cuales las llevaban atadas al cuello con un cordel para que nadie se las quitara”. De las personas de su historia, “no vive nadie porque hablamos de hechos ocurridos hace 80 años, solo he podido entrevistarme con niños de la época. A partir de ahí, he hablado con personas con más de 90 años y me han contado sus opiniones, algunos recuerdan unas cosas y olvidan otras, la memoria juega así. Los documentos oficiales son claves pero hay que tratarlos con cuidado sobre una época confusa”.  

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