Cultura

MÚSICA CLÁSICA

Misa para el tiempo presente

Gran concierto de la Orquesta de Cámara de Huesca apra saludar el Año Nuevo

El nº 11 de los Concerti Grossi Op.7 de Valentini abrió el programa.
El nº 11 de los Concerti Grossi Op.7 de Valentini abrió el programa.
Verónica Lacasa.

La grave pandemia que asola el mundo desde hace ya casi dos años impidió que la Orquesta de Cámara de Huesca (OCH) pudiera ofrecer el año pasado su habitual y ya tradicional Concierto de Año Nuevo. O de despedida de año, que tanto da. Pero estaba claro que esta vez no iba a pasar lo mismo. No podía pasar lo mismo. La ilusión que ponen en este concierto de cambio de año los miembros de este longevo y loable proyecto que inició el añorado Antonio Viñuales Gracia y que continúa ahora su hijo, el violinista Antonio Viñuales Pérez, finalmente ha tenido su recompensa y, aunque el concierto se ha hecho esperar, el reencuentro con su público fiel ha merecido, y mucho, la pena.

Messe pour le temps présent” (Misa para el tiempo presente) es el título de una suite creada en 1967 por el compositor francés de música concreta Pierre Henry junto a Michel Colombier para un ballet de Maurice Béjart en honor a un bailarín fallecido en accidente. Y podría ser también un título adecuado y certero para el difícil tiempo presente que estamos viviendo, en medio de la ansiedad que provoca un virus que parece no tener fin. Es también un título que se ajusta bien a la primera obra del programa que la OCH interpretó el miércoles en el Auditorio Carlos Saura del Palacio de Congresos de Huesca. Porque el nº 11 de los Concerti Grossi Op.7 del compositor barroco italiano Giuseppe Valentini posee un tono grave y sombrío incluso en su “Allegro”. De hecho, la escenografía de esta primera obra se articuló en torno a unas luces tenues, casi en penumbra, con las siluetas de algunos de los componentes de la Orquesta convertidas en sombras tras la pantalla, evocando el emblemático cuadro El abrazo de Juan Genovés. Era como una metáfora del esfuerzo conjunto que se necesita para vencer a la covid. Con el luminoso “Allegro assai” del final y su aire épico y vibrante volvió el brillo al escenario, como si se tratara del triunfo de la luz sobre la oscuridad.

El público, minutos antes de que diera comienzoel concierto.
El público, minutos antes de que diera comienzoel concierto.
Verónica Lacasa.

La Serenata para cuerdas en mi menor Op.20 del británico Edward Elgar fue uno de los momentos álgidos de la velada. La OCH sonó brillante y empastada, con las cuerdas perfectamente enhebradas, pasando del toque neo-romántico del “Allegro piacevole” a la hermosa sutileza y la fina calma (bálsamo para el ruido de la actualidad) de su “Larghetto”, hasta desembocar en un elegante y suntuoso “Allegretto” final. El oportuno guiño a la actualidad llegó de la mano de una serie de danzas de West Side Story, la partitura de Leonard Bernstein para el filme de Hollywood, que acaba de ser revitalizado por Steven Spielberg. La OCH dio entrada entonces a los dos percusionistas, Lorién Lascorz (que sustituía a la prevista Paula Béjar) y Javier Hernández. Sonó en primer lugar el alegre Mambo, al que quizá le hacía falta un poco más de picante. Es sabido que el propio Spielberg le dijo al venezolano Gustavo Dudamel (director musical de la nueva versión) que le tenía que poner más salsa a la banda sonora, refiriéndose claramente al conocido género musical latino. Después, el romanticismo más ensoñador se adueñó de Tonight y Somewhere, y finalmente la vida estalló en America, tema en el que no faltó ese expresivo y alegre aire de mariachi tan seductor.

El final, muy breve, llegó de la mano de otra pieza de Edward Elgar, Nimrod, la novena de las Variaciones Enigma, que sonó solemne y conmovedora, según el arreglo coral que realizó John Cameron con el título de Lux Aeterna. Con la pantalla invadida por las estrellas de la galaxia, la OCH se rodeó de un emocionante halo espiritual mientras en la pantalla se leía “Tu luz nos guía”, que, connotaciones religiosas aparte, bien se podría referir a la luz proyectada por el recordado Antonio Viñuales Gracia.

Un bonito homenaje que quedó rubricado en el bis con una vibrante versión del Don’t stop me now de Queen. De nuevo, una elección muy acertada tras las emotivas palabras de Antonio Viñuales Jr., que poco antes había dicho que un proyecto tan hermoso y casi milagroso como el de la Orquesta de Cámara de Huesca no estaba dispuesto a rendirse o a tirar la toalla, por mucha covid que ande rondando. Y que, como dice la letra de la canción de Queen, nada les va a parar. Que así sea y que la fuerza les acompañe. ¡Feliz año! l

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