Cultura

RECONOCIMIENTO

Lles confiesa los 20 momentos musicales que han definido su itinerario vital

Rockdelux dedica un homenaje al oscense debido a su jubilación

Cuando Luis Lles se jubiló, Carlos Aquilué le homenajeó con esta ilustración.
Cuando Luis Lles se jubiló, Carlos Aquilué le homenajeó con esta ilustración.
S.E.

La revista “online” Rockdelux acaba de dedicar un bonito homenaje a Luis Lles Yebra (Huesca, 1957) aprovechando su jubilación como técnico de Cultura del Ayuntamiento, que se produjo hace ya un año.

El medio musical especializado define al oscense como uno de sus “colaboradores históricos”. Por eso, su director, Santi Carrillo, le pidió que hiciera memoria y escogiera “una veintena de momentos musicales que han definido su itinerario vital y personal”.

La revista opina que la selección “es un fiel reflejo de la mirada que ha proyectado siempre en sus textos: abierta de orejas, generosa y siempre excitada por los sonidos que han de venir”. A continuación, la lista:

Infancia y adolescencia

Ordenado cronológicamente, el repaso de los momentos musicales que más le han marcado arranca con Eurovisión 1968.

“Massiel ganaba con La, la, la el festival, y yo, un chaval de 10 años, lo viví como si fuera la final de un Mundial”, escribe Lles en Rockdelux.

En 1971 y aunque ya desde un par de años antes las casetes que grababa su hermano mayor con discos de los Beatles, John Mayall, The Rolling Stones, Janis Joplin o Santana “habían comenzado a hacer mella en mis todavía tiernos oídos”, la escucha de temas como Hot Love o Get It On de T. Rex en los ‘jukeboxes’ de los salones recreativos de Huesca, “constituyó toda una conmoción”, dice.

Así, el “irresistible brillo del glam contribuyó a dar color a los avatares” de su adolescencia, en plena grisura franquista.

Lles también confiesa que devoraba la revista ‘Mundo Joven’ y, desde 1972, ‘Disco Express’, que fue para él “una verdadera revelación”.

“Fui alcanzado por el fulgurante rayo de Jordi Sierra i Fabra y su furibundo enciclopedismo ‘rockista’. Recuerdo los nervios cada jueves al ir al quiosco a por mi dosis semanal de conocimiento”, recuerda.

En 1974, el oscense y su amigo Jesús consiguieron que sus padres les llevaran a Zaragoza para ver en directo a John Mayall, que supuso su primer gran concierto. Lamentablemente, la cita fue una decepción por la pésima calidad del sonido.

En 1978, Lles viajó a Londres de viaje de estudios, donde pudo disfrutar del punk en vivo: “Vi otros conciertos (Meal Ticket, Henry Cow en un festival de Rock In Opposition), pero nada tan fascinante y magnético como un triple concierto en el London Lyceum con John Cooper Clarke, los Buzzcocks y las Slits, con Ari Up golpeando con su micro a los punkis de las primeras filas, que la cubrieron de escupitajos en medio de un pogo salvaje. ¡Inolvidable!”.

La última edición del (auténtico) Canet Rock también le marcó en 1978, cuando se dejó llevar por las actuaciones de los Gong de Daevid Allen, Nico, Blondie, Banda Trapera del Río, Masturbadores Mongólicos y Ultravox! “Al final teníamos la impresión de haber asistido a un sueño. Mesmerizante”, dice.

Conciertos internacionales y salto a la radio, en los 80

Thriller (1982), de Michael Jackson, que todavía sigue siendo el disco más vendido de la historia, también supuso un momento inolvidable para él.

“Demostró ser el irrebatible e invencible Rey del Pop. Un monstruo en toda la amplia acepción de la palabra. Los 60 son de los Beatles y los 70 de Bowie. Pero los 80 son de Michael. Más allá del bien y del mal”, opina.

El 7 de julio del mismo año, el Estadio Vicente Calderón de Madrid recibió a los Rolling Stones, que supuso su primer “stadium concert”.

Mucho antes de convertirse en el crítico y gestor del suplemento Señas de DIARIO DEL ALTOARAGÓN, su gran salto a los medios de comunicación se produjo en Radio Huesca, con su programa Misión Imposible (1983), en el que sonaba de todo y daba cancha “a las maquetas de los grupos locales”, como Mestizos.

En 1988, Luis Lles llegó a Rockdelux, donde debutó con una entrevista a John Landis Fans. “Creo, modestamente, que siempre he aportado diversidad a la revista. Guardo un excelente recuerdo de mi sección Ritmo Global o de mis contribuciones a ‘Dancedelux’. Y no me arrepiento de seguir en este barco”, comenta.

Un año después, según el oscense llegó “el respaldo definitivo a una forma abierta y no sectaria de entender el hip hop”, estilo que le cautivó desde su creación, en 1979.

Momentos mágicos y “electrónicos” en los 90

Este gran admirador de Kraftwerk por fin pudo a verlos en directo en 1991, en el Teatro Fleta de Zaragoza. “Aunque ya llevaba años escuchando música electrónica, el impacto fue brutal. Sin duda, uno de los conciertos más gozosos de mi vida”, enfatiza.

La escena musical de Bristol siempre le había parecido “especialmente seductora”, sensación que se terminó de confirmar en 1991 con el debut de Massive Attack, Blue Lines, uno de sus discos de cabecera.

Seguidor de la música africana desde los 80, Luis Lles sintió su flash definitivo por su sonido en la segunda edición del festival Pirineos Sur, al ver al congoleño Ray Lema compartiendo escenario con el Ensemble Pirin de las Voces Búlgaras.

“Uno de esos momentos mágicos que se perpetúan en la retina, en los oídos y en la memoria. África es el futuro”, relata.

El festival Sónar surgió en 1994 en Barcelona y fue “como un sueño cumplido” para el oscense. “Poder disfrutar en directo y a tiempo real del vértigo que producían las inagotables nuevas tendencias del techno y la música electrónica era impagable”, sostiene.

Periferias llega con el nuevo milenio

Junto a Juanjo Javierre, Lles creó en 2000 Periferias, “ese festival soñado al que nos hubiera gustado asistir como espectadores”, dice, antes de asegurar que la cita es su “creación preferida” de su etapa como gestor cultural.

En 2005, el oscense protagonizó uno de sus momentos más icónicos, que se produjo tras ser expulsado de la cabina de Máxima FM, en el Monegros Desert, por pinchar el Papi Chulo de Lorna, que la organización no consideraba “electrónica”.

“Que me echaran por pinchar esa joya cuando nadie daba un duro por el reguetón es algo que llevo con gran orgullo. Hoy en día es, como diría Nick Lowe, el pop de ahora para la gente de ahora. Justicia poética”, reivindica.

La visita que realizó Juan Atkins al festival Periferias en 2008 también le dio una de las mayores sorpresas de su vida, cuando dos años más tarde, “el no menos mítico sello belga R&S editó un nuevo maxi de Model 500, su primer material nuevo en once años”, que incluyó dos versiones del tema OFI y otro tema titulado ¡Huesca!

“Que mi adorado ‘godfather of techno’ titulara uno de sus temas con el nombre de mi ciudad fue, sencillamente, un subidón inigualable”, se emociona.

Otra de sus experiencias más impactantes y alucinantes se produjo en 2012 durante una sesión en el club Fendika de Adis Abeba, donde coincidió por casualidad con su amigo Javier Díez-Ena.

“En una gran choza africana reconvertida en club interplanetario, los dos contemplamos absortos y fascinados cómo una música hipnótica, tan tribal como futurista, sumía a todo el público africano, abducido por el ritmo, en un inagotable trance, extasiado en medio de un ritual inexplicable. Un chute de vida”, señala.

Resumen y coda final

La lista de Luis Lles acaba en 2018 con un resumen de sus tres grandes pasiones musicales: “El espeluznante concierto que Ben LaMar Gay ofreció en Les Trans Musicales de Rennes; el ritmo (y la imaginación) de Rosalía con esa joyaza del sincretismo español y latino que es El mal querer; y la melodía de su venerado Franco Battiato con uno de los últimos conciertos de su vida, que le hizo llorar “varias veces”.

“¿Dónde fue? En el festival Pirineos Sur, del que yo era por entonces su director artístico. Como diría el emérito, me llenó de orgullo y satisfacción. Y la vida sigue. Llena de música, afortunadamente”, concluye. 

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