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Lorenzo Caudevilla: Feliz botando el balón y dibujando

“En el colegio teníamos un equipo de baloncesto y conseguimos una hazaña: nos clasificamos para el Campeonato de España”

Lorenzo mayor contempla al Lorenzo niño -ambos con la misma camiseta- trabajando en la mesa de la cocina en un montaje que hizo al cumplir 40 años.
Lorenzo mayor contempla al Lorenzo niño -ambos con la misma camiseta- trabajando en la mesa de la cocina en un montaje que hizo al cumplir 40 años.
Lorenzo Caudevilla.

Botando un balón o con un lápiz en la mano, así era feliz en su infancia Lorenzo Caudevilla Laliena (Huesca, 1980), dos pasiones que nunca ha dejado, aunque la segunda acabó tomando ventaja. Cuando de pequeño le preguntaban qué le gustaría ser, respondía dibujante de cómics; el primero ya está en las librerías.

Sus padres, Jesús, ingeniero agrónomo, y Teresa, maestra, crearon un hogar donde Lorenzo y su hermano, Guillermo, han disfrutado del ambiente artístico, de su talante pedagógico, su paciencia y comprensión. “Siempre me han animado a hacer lo que me gustaba, tengo mucha suerte”, comparte. Pasaban las vacaciones primero de camping en “una caravana superchula” y luego ya en su apartamento de Panticosa, disfrutando en familia de la montaña.

Vivían en las “tres torres” y Lorenzo iba a La Normal, como sigue llamando al colegio El Parque, donde su madre era profesora. “En La Normal he estado siempre como en casa, conocía a todos los profesores, eran amigos de mi madre, y cuando salía de clase, en vez de esperar en la puerta, iba al claustro y me sentaba con ellos mientras hablaban”. Con sus compañeros jugaba en el recreo mucho a baloncesto. “Me enganché, teníamos un equipo y lo pasábamos superguay”, apunta. Y disfrutándolo consiguieron “una hazaña”: “Nos clasificamos para el Campeonato de España, donde, siendo un colegio, jugamos contra equipos de clubes de todo el país”, recuerda con orgullo. “En el colegio pasé unos años buenísimos”, resume.

En aquel tiempo el baloncesto “era una obsesión”, asegura, e “iba con mi hermano y mi primo Jorge a donde hubiera una canasta y jugábamos hasta que se podía”. Luego entró en las categorías inferiores del Peñas, y estuvo hasta los 18 años. “No destacaba por ser alto ni fuerte, así que tenía que espabilar y buscarme la vida”, dice de su destreza y visión del juego.

Otra pasión era el dibujo. “Lo he mamado desde el origen, siempre me han animado en casa. Mi madre -que hubiera sido una gran diseñadora gráfica- se sentaba conmigo y veíamos qué hacía el uno y el otro”. Le ponía “mucha ilusión, veía un tebeo y lo copiaba o hacía los míos, retratos...”. Con la paga iba a los kioskos o a la Casa de las Novelas a comprar el Superlópez o cualquier otro cómic. “Una locura, no sé dónde meter todos los que tengo”, dice.

Aunque de pequeño no había dudas sobre a qué se iba a dedicar, luego llegaron. Pensó en Periodismo, se inclinó por Bellas Artes en Barcelona, aunque volvió y acabó el grado en Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Trabajó en Toledo, Pamplona y otras localidades navarras. “Es un mundo muy bonito, pero tienes que estar donde esté lo que hay que restaurar”, así que “buscando estabilidad” volvió a Huesca. “Siempre me habían llamado para que hiciera logotipos, diseños, campañas...”, y a eso se dedicó. “Así que al final me ha elegido a mi”, admite.

Ahora trabaja en la empresa oscense 1 Up Games como diseñador gráfico e ilustrador haciendo videojuegos para móvil. Pero también ha editado su primer cómic largo, ‘La vida interior’, sobre el confinamiento. Tras la buena acogida, sigue en su mesa de dibujo creando viñetas e historietas porque prepara el segundo; su contenido, “top secret”.

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