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Jorge Fin: “No soy un pintor realista, no copio la realidad sino que la recreo”

El artista, conocido como “pintor de nubes” y con un 50 % de sangre oscense, ha ganado la Beca Enate

Jorge Fin posa con una botella de la Bodega Enate con la obra ganadora de la beca en la etiqueta.
Jorge Fin posa con una botella de la Bodega Enate con la obra ganadora de la beca en la etiqueta.
S.E.

Este año, la Beca Enate 21/22 se ha ido a tierras murcianas, donde reside su ganador, el artista Jorge Fin, seudónimo de Jorge de Juan Martínez, que ha obtenido este premio con la obra titulada Observatorio II. Un murciano nacido en Madrid en 1963 y “con un 50 % de mi sangre de Huesca, donde nació mi madre, de la familia de la Imprenta Martínez, editora del Diario de Huesca”. Firma Jorge Fin para evitar que algún medio le confunda, como ya sucedió en una ocasión, con su hermano Javier, también pintor.

Para él, ganar esta beca “es un honor y un orgullo muy grande porque es un concurso muy importante a nivel nacional y se han presentado más de mil obras”. Y lo ha hecho con la pintura titulada Observatorio II, que refleja “la huella de un cuerpo que ha estado en un prado de hierbas tumbado mirando las nubes. Es un paisaje que está basado en hechos reales, yo voy con mis hijos a una zona de monte cerca de donde vivo y en verano hacemos esta actividad tan placentera de tirarte en la hierba a mirar las nubes o por la noche a ver las estrellas”.

Nubes, icebergs y malas hierbas

Saint-Exupery.
Saint-Exupery.
J.F.

En 2018 Jorge Fin inició sus estudios de la pradera y la hierba salvaje a partir del análisis del Walden o vida en los bosques, de Henry David Thoreau (Palacio Almudí de Murcia, 2018), y ese mismo año empezó a pintar sus malas hierbas, siendo uno de sus primeros focos de atención el campo de naranjos que tiene cerca de su casa y las plantas sin control que allí nacían, a las que combatió como “agricultor aficionado” que es y después reivindicó con su pincel. Y la serie sigue creciendo.

No obstante, se puede decir que poco tiempo lleva con esta temática, si tenemos en cuenta que Jorge Fin comenzó ya en el 2000 a pintar nubes y ya es conocido por muchos como “pintor de nubes”. 

Su fama como divulgador de la Nefelocoquigia (el arte de descubrir formas en las nubes) hizo que fuera “nombrado socio honorífico de la Cloud Appreciation Society de Londres, la Sociedad de Apreciadores de las Nubes de Londres, que es una cosa muy pintoresca que hicieron los ingleses pero que hay gente de todo el mundo”. 

Es, además, colaborador asiduo con cineastas, y sus nubes han podido verse en obras de Iciar Bollaín, Manuel Gómez Pereira o Santiago García de Leaniz, y desde 2019 imparte regularmente la asignatura “Dramaturgia de las nubes” para los alumnos del Máster de Cinematografía en la Elías Querejeta Zine Eskola, dependiente del festival de San Sebastián y la Universidad del País Vasco.

A este fenómeno de la naturaleza había añadido en 2015 los icebergs, y fue fundador y alma mater de la Mediterranean Iceberg Association (Matadero de Madrid, 2015) cuya publicación digital dirige.

Los icebergs -explica- “en el fondo funcionan como las nubes. Las nubes son agua en estado gaseoso haciendo formas efímeras, que cambian y que aparecen y desaparecen, y los icebergs en el fondo son lo mismo, agua que va cambiando de un estado sólido a un estado líquido y va haciendo formas, como si fueran nubes sólidas, y el proceso es el mismo”.

Esta serie comenzó como respuesta a “un mes de agosto que hacía 45 grados a la sombra en mi casa de Murcia y me fui a refrescar un poco y de allí salió una serie que presenté en el Matadero de Madrid, estuve un par de exposiciones con esa temática y todavía continúo”.

“Crear un paisaje irreal a partir de miles de imágenes”

Avistado por Herman Melville.
Avistado por Herman Melville.
J.F.

Las nubes las tiene Jorge Fin allí, en el cielo, casi rozando el tejado de su casa de Murcia, pero para él no es un problema no tener cerca un iceberg, “porque yo no soy un pintor realista, no copio la realidad, sino que la recreo, la invento, hago un juego mental; es crear un paisaje irreal a partir de miles de imágenes que uno ve”.

Y añade que “todo está basado en la observación de la naturaleza, y lo que hago es crear una nueva realidad con una apariencia de pintura realista pero generalmente no hay nada real, es todo inventado, es decir, es libre”.

Una vez, pintando un mural, un niño le preguntó: "¿Qué haces si te equivocas cuando pintas una nube”, y Jorge Fin le respondió: “no me equivoco porque yo no estoy copiando una nube, la estoy inventando y lo que salga estará bien”- Lo suyo -recalca-, “es un poco un juego de la imaginación”.

Personaje humano en su obra y cercanía al arte

Pero no solo hay naturaleza en las obras de Jorge Fin, que algunos de sus cuadros de nubes tienen “una referencia de personajes que aparecen en pequeño porque son los que te dan la relación de tamaño”.

Jorge Fin expuso por primera vez en 1989 en San Sebastián, y en sus primeras pinturas reflejaba la movida de los años 80 en Madrid, donde vivía, “y el personaje humano era primordial en mi pintura”. 

Eran obras “muy urbanas y muy modernas de aquella época, pero con los años salí de aquello cuando me iba de Madrid a pintar en otros sitios y la naturaleza invadió todo el panorama mío. Fui haciendo que el personaje humano no fuese el protagonista de la obra, sino que fuese cada vez más la naturaleza”.

Como ilustrador participó desde los años 80 en el grupo El Canto de la Tripulación y en numerosas revistas (Sur Express, El Europeo, Vogue, etc.).

Como muralista ha pintado desde casas privadas hasta enormes murales de más de 100 metros cuadrados en espacios públicos, sedes de empresas e instituciones.

Desde pequeño estuvo Jorge Fin cerca del arte, “que en casa nos dejaban pintar por las paredes, porque mi madre trabajaba directamente en el mundo del arte y teníamos la facilidad que nos daban, nos llevaban a escuelas de pintura y de hecho, dos de los hermanos nos dedicamos a pintar, otro es galerista…; estamos todos muy relacionados con el mundo del arte”. 

Sin embargo, no hizo Bellas Artes, sino que estudió Economía, acabó la carrera y estuvo trabajando tres años en un banco inglés. “Eso lo compaginaba con lo que entonces era mi afición, la pintura, y llegó un momento que me pedí la baja en el banco por un año porque me ofrecieron hacer mi primera exposición en San Sebastián, lo vendí todo y seguí y seguí y hasta hoy, que han pasado 30 años y nunca me he arrepentido de haber dado ese salto”, con el que ha conseguido que su obra esté presente en colecciones institucionales, públicas y privadas en España, Francia, Suiza, Italia, Bélgica, Alemania, Rusia, EE.UU., Canadá, México, Japón, Singapur…, acumulando ya, así mismo, 25 exposiciones individuales y 66 colectivas.

Preguntado si para el pintor existe el síndrome del lienzo en blanco, como el del folio en blanco para el escritor, Jorge Fin contesta: “Claro, claro, es un momento crucial, es un momento muy especial en el que o estás paralizado o tienes una idea que tiene tantos peros que tienes la urgencia de solucionar eso. Pero antes de empezar, te quedas mirando aquello y diciendo, bueno, esto es casi una experiencia religiosa, lo de Enrique Iglesias, que te quedas allí pasmado y dices, empieza lo serio”.

Explica, no obstante, que “con la práctica, con los años, pierdes el miedo. Ahora tienes ese momento un poco como el torero que está en el burladero y se santigua y dice venga, vamos para allá; te tienes que tirar e ir para adelante”.

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