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Associació Descartable: “La obra cuestiona si somos lo que creemos o lo que el resto cree que somos” 

'A.K.A.' se representa este jueves en Huesca tras superar en 4 años las 330 funciones y los 40.000 espectadores

La historia del adolescente Carlos ha recibido cuatro premios Butaca y dos MAX.
La historia del adolescente Carlos ha recibido cuatro premios Butaca y dos MAX.
S.E.

Hace cuatro años, la Associació Descartable creó la obra A.K.A. (Also Known As), un espectáculo pequeño, que cuando fue escrito por Daniel J. Meyer y comenzaron los ensayos con la directora Montse Rodríguez, ni siquiera tenía una sala donde representarse.

Finalmente, la compañía encontró un teatro con capacidad para 40 espectadores para exhibir el montaje, que desde 2018 ha ido creciendo poco a poco hasta seducir a más de 40.000 espectadores en 330 funciones por España y otros países de Sudamérica.

El éxito de la obra ha sido tal que ha ganado cuatro premios Butaca y dos MAX, y se ha traducido a siete idiomas, unos logros que su dramaturgo valora muy positivamente.

Hemos ido como una hormiguita, no es que el triunfo nos haya llegado de golpe, lo que ha provocado que lo valoráramos más y que nos haya hecho muy felices. Tenemos muchísimo trabajo y queremos seguir dando el mensaje que lanza la obra -en contra del odio-, tan necesario hoy en día”, asegura.

A.K.A. (Also Known As), que se podrá ver este jueves (20:30 horas) en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner de Huesca, es un espectáculo para jóvenes y adultos, que cuenta la historia de un adolescente llamado Carlos.

Este muchacho es adoptado por sus padres, vive una vida normal, es feliz, se enamora por primera vez, y, de repente, todo en lo que él creía se tambalea.

“Esta obra habla sobre la identidad y nos hace cuestionarnos si somos lo que nosotros creemos que somos o lo que el resto cree que somos”, asegura el argentino.

Un monólogo trepidante

Con un ritmo trepidante que juega con el baile y la música urbana, A.K.A. (Also Known As) es un monólogo que actualmente interpreta el joven actor Lluís Febrer.

“Es un reto conectar con un texto interpretado solo por una persona. No puede haber trampa ni artificios”, afirma el dramaturgo.

No obstante, el creador del proyecto señala que el intérprete “no aparece solo ante el peligro”, porque la obra está “dirigida al milímetro”.

“Es él quien se enfrenta al público, pero estamos detrás de él y tiene todo muy estructurado, casi como una partitura. Lo más gratificante es que cada vez se lleva una respuesta diferente del público”, valora.

Además de ocuparse de la dirección, Montse Rodríguez ha sido la encargada de crear la escenografía, que se basa principalmente en la habitación del protagonista, aunque también hay otros espacios dramáticos.

Hay un juego de luces precioso y un espacio sonoro muy preciso, casi como si fuera una película o una serie. Es una puesta en escena austera, pero muy efectiva”, resalta.

Los problemas  universales de la adolescencia

Los problemas contra los que lucha Carlos en la obra “son universales” y los mismos “a los que nos enfrentamos todos”, dice el dramaturgo.

Creemos que los adolescentes tienen otros valores y que hay cosas que no pueden entender. Se les habla con condescendencia, pero en realidad habría que conversar con ellos de tú a tú”, comenta Daniel J. Meyer.

La diferencia entre estos jóvenes y los adultos es que “están construyendo su identidad y su escala de valores”, en un momento en el que “se le da prioridad a otras cosas”.

Concretamente, el protagonista de la obra debe enfrentarse “a las etiquetas de la sociedad, al racismo, la injusticia social, a las cuestiones familiares y a descubrir el amor”, unas temáticas que “a lo largo de la vida siempre seguimos trabajando”, reflexiona.

Por eso, incluso un señor de 80 años les dijo en una ocasión que se había sentido muy identificado con la obra, pese a que “utiliza un lenguaje muy juvenil” y una música muy actual.

El resultado de este gran trabajo se podrá ver este jueves en Huesca gracias al ciclo Jueves a Escena del Ayuntamiento y el programa Platea. “Tenemos muchas ganas de ir y esperemos que la obra os guste muchísimo”, concluye Daniel J. Meyer. 

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