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Elena Palacio Vega: “Yo quería estar en la calle, en la cárcel, con la gente más tirada”

A los 18 años, “entré por primera vez en el penal del Dueso de voluntaria”, y hace cinco lustros abrió las puertas de Proyecto Hombre

Elena Palacio Vega.
Elena Palacio Vega.
Pablo Segura

Elena Palacio Vega nació en Bata, Guinea Ecuatorial, en 1965, y cuando hacía siete meses de su nacimiento, la familia regresó a su natal Castro Urdiales (Cantabria), ante la situación de inseguridad que se vivía en el país africano, a las puertas de su independencia y con Macías agitando las calles. “De Guinea solo conozco el hospital donde nací, y por foto”.

Siendo niña “quería ser maestra y trabajar en lugares de pobreza”. “Con 14 años, ya era voluntaria de Cáritas y de la parroquia, y veía familias que sufrían, gente que consumía drogas y todo eso me golpeó muchísimo”. Eran los últimos años 70, marcados por “el boom de la heroína, y en mi pueblo había mucha droga, puerto de mar cerca de Bilbao, la cárcel del Dueso a 35 kilómetros, en Santoña...”.

A los 18 años “entré por primera vez en el penal del Dueso de voluntaria y allí me di cuenta de que quería dedicarme a la gente con exclusión social”.

Marchó al poco tiempo a Alicante, “a hacer campos de trabajo con unas monjas con las que trabajé temas como cárcel, prostitución y drogas, con mujeres”, y allí, ella, que quería ser maestra, descubrió los estudios de Trabajo Social, “que unían lo educativo con lo terapéutico y con la parte de la exclusión social”.

Pasados 3 años viajó a Zaragoza, donde estudió Trabajo Social, “pero yo no quería estar toda la vida con papeles, yo quería estar en la calle, en la cárcel, con la gente más tirada, e hice también Educadora Social”.

En Zaragoza se relacionó sobre todo con universitarios de Huesca, entre ellos su futuro marido, “con el que tuve tres hijos maravillosos y conviví quince años; una experiencia de vida de la que aprendí mucho”.

En Huesca reanudó el voluntariado en Cáritas y “pusimos en marcha Sos Racismo como una subdelegación de Zaragoza”.

En Huesca, su primer contrato fue con la cooperativa Achuda Oscense, de ayuda a domicilio, y “cuando empezaba el Ingreso Aragonés de Inserción, me contrató la DGA. Luego me fui a hacer una suplencia de una trabajadora social, por maternidad, en la Comarca de la Canal de Berdún, donde estuve dos años”. Siguió un contrato con el Ayuntamiento de Huesca “para trabajar con gitanos en la carretera de Apiés”, luego estuvo dando clases en el IES Pirámide lo que fue “una experiencia muy chula”.

Después le llamaron de Proyecto Hombre Huesca, para la atención y la prevención de adicciones, “pero yo era trabajadora social y educadora social, no psicóloga terapeuta, y me tuve que ir a formar a Proyecto Hombre de Zaragoza, donde me dieron el título de terapeuta experta en adicciones”.

En 1995 “abrí la puerta del Centro de Solidaridad Interdiocesana-Proyecto Hombre, aunque los estatutos no se firmaron hasta abril del 97 y los 25 años los celebramos este año”.

“En 1994 -explica Elena- el obispo Osés me dijo que había que hacer algo por los de la cárcel, y creó una comisión. Yo iba mucho a la cárcel, casi todos los días, y ayudé para que los que tenían pruebas con lo de las adicciones, aparte de hacerles yo la terapia en el interior de la prisión, les daban una especie de permisos e íbamos a buscarles para prepararlos para la salida. Fue un trabajo arduo porque estaba sola con dos voluntarios”.

Eran años en los que Proyecto Hombre “tenía unos 90 pacientes, y ahora tenemos 350”. Unos primeros años en los que fue fundamental “la ayuda de Carmen Laviña y María Luisa Santafé, que se merecen un altar las dos. Gracias a Carmen Laviña, que fue muchos años directora de Cáritas, empezaron a confiar políticamente en nosotros”.

En la primera década, “era atención, prevención en los colegios y sensibilización e información a la comunidad”. La mitad de la segunda década “fue afianzar los programas y añadir nuevos”. En los últimos 8 años, “hemos afianzado programas y hemos abierto otros como el de género, para mujeres con adicciones, sobre todo alcoholismo”.

Resalta Elena, que dirige este proyecto desde 2014, que “nos abren puertas las redes sociales, y haber ayudado a crear una coordinadora regional de entidades que trabajan en la prisión, y los convenios con las comarcas nos permiten que de forma anual y cíclica podamos darle continuidad a proyectos de ámbito comunitario preventivo, y hemos aumentado las plantillas”.

“Hipotequé mi familia por este proyecto”, añade Elena, satisfecha, no obstante, por el mayor reconocimiento social que tiene la labor de Proyecto Hombre, que en 2021 recibió el premio del Colegio profesional de Trabajadores Sociales de Aragón. “Y también nos dieron la medalla de bronce al mérito social penitenciario y varios premios del Colegio de Enfermería”.

Le preocupa el consumo de drogas legales e ilegales, y desde hace 5 años “tenemos una ayuda anual con programas para hacer prevención en ludopatía, que empezamos con 4 pacientes y ahora tenemos 14”. “El juego es una adicción, una nueva droga, la droga del siglo XXI”, afirma.

Dice que es “muy feliz” en su trabajo y está “muy agradecida de haber estado en Huesca desarrollando estos proyectos y pudiendo conciliar la vida laboral y la familiar. Y he sido muy feliz -agrega- trabajando en prisiones 38 años”.

Cuando tiene tiempo libre, “mi pasión es la montaña, mi vida es la naturaleza”, comenta Elena.

“En Huesca estoy muy feliz, me siento muy bien porque es una ciudad muy familiar y en Huesca la gente me quiere”. No obstante, “mis raíces españolas las echo mucho de menos”, con el mar Cantábrico casi siempre “en mi mente”. 

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