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Opinión

Black Ice, rock & roll de alto voltaje

Por
  • Luis Lles
OPINIÓNACTUALIZADA 22/05/2022 A LAS 11:07
En la imagen, Black Ice en la Sala Edén, de Huesca.
En la imagen, Black Ice en la Sala Edén, de Huesca.
S.E.

Pocos grupos hay en el universo del rock que generen una admiración tan unánime como la que suscitan AC/DC. A la mítica banda australiana, que desde hace años posee su propia calle en Leganés (la primera en el mundo dedicada a ellos), a menudo se le suele encuadrar de forma errónea en la etiqueta de heavy metal, cuando en realidad es, simple y llanamente, una banda de rock & roll. ¡Pero qué banda! La de más alto voltaje, la más energética, ruidosa y restallante. Black Ice, que toma su nombre del título de uno de los discos de los australianos, es un grupo de Zaragoza que desde hace más de diez años rinde homenaje al extraordinario repertorio de AC/DC. Y sí, es una banda tributo. Otra más. Pero lo cierto es que no solamente lo hacen bien y lo “clavan”, sino que además lo viven con pasión, se entregan hasta el fondo y lo dan todo sobre el escenario. Lo cual es muy bien recibido por los acérrimos fans del grupo australiano que, a falta del original, pueden disfrutar con este solvente sucedáneo.

Black Ice ya estuvieron anteriormente en la Sala Edén, en febrero de 2016. Y regresaron a la capital oscense al año siguiente para actuar en El Veintiuno, dando la casualidad de que, ironías del destino, fue el mismo día en que falleció uno de los componentes icónicos de la banda, el guitarrista Malcolm Young: el 18 de noviembre de 2017. Y ahora, casi cinco años después, Black Ice regresaba a Huesca para seguir rindiendo tributo a uno de los grupos más importantes de la historia del rock. Aunque todos los músicos de Black Ice son excelentes y el conjunto suena con una solidez fuera de toda duda, el peso en directo recae sobre todo en dos de sus componentes: el cantante Andrés García, que domina tanto la tesitura vocal de Bon Scott como la de Brian Johnson (los dos cantantes históricos de AC/DC), y el guitarrista Carlos Vega, un larguirucho Angus Young que imita tanto su toque como sus reconocibles poses y saltos. El grupo se completa con el guitarrista Javier Serrano (Malcolm Young), el bajista Pedro García (Cliff Williams) y el batería Javier Galán (Phil Rudd).

Heatseeker dio el pistoletazo de salida a esta celebración del rock & roll más duro y contundente. A partir de allí, se fueron sucediendo versiones de temas emblemáticos como T.N.T., Shot down in flames, Hard as a rock, Shoot to thrill o Walk all over you”. Al escuchar hit tras hit, bombazo tras bombazo, es fácil llegar a la conclusión de que en el cancionero de AC/DC no hay relleno, que todo es material de primera. Con el rotundo Thunderstruck (y su conocida introducción a modo de fuga de Bach) subió la temperatura del local y ya no descendió hasta el final. Tras Moneytalks, llegó The Jack, tema en el que Carlos Vega siguió la misma liturgia que Angus Young oficia en los directos al llegar esta canción, ofreciendo un striptease en el que dejó ver la palabra Huesca estampada en la parte trasera de su calzoncillo. Algo que ya hizo en su actuación de El Veintiuno y que aquí fue respondido por parte del público femenino con un lanzamiento “programado” de bragas.

Dedicaron después Hells Bells (las campanas del infierno) a los fallecidos durante la pandemia, para seguir después con otros pepinazos como High Voltage, Back in black y Dirty deeds done dirt cheep. Para interpretar Whole lotta Rosie contaron con una Rosie “curvy”, Vicky Tafalla, que ofreció su garganta poderosa y su desacomplejada rotundidad ante el júbilo del público. Y el final llegó, como no podía ser de otra forma, con el clásico e inmortal Highway to hell, uno de los grandes himnos de la historia del rock, interpretado por los Bon y Angus maños subidos a la mesa de billar de la sala. Volvieron a salir al escenario, por supuesto, para ofrecer dos temas de propina: If you want blood (you´ve got it) y You shook me all night long, de nuevo con Vicky Tafalla y con Bon y Angus encaramados a la mesa de billar, ante un público alborozado y rendido a sus pies. Se despidieron diciendo “¡buenas noches, Edén! Aquí nos sentimos en el edén”. Una sensación que, sin duda, muchos de los espectadores parecían compartir. 

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