Cultura

CONCIERTO

Del intimismo al folclore

Roger Mas y Carola Ortiz con Jazz for Kids clausuraron el festival Huesca es Jazz

Carola Ortiz con Jazz for Kids en el Salón Azul del Casino.
Carola Ortiz con Jazz for Kids en el Salón Azul del Casino.
L. LL.

La séptima edición del festival Huesca es Jazz, que se inscribe dentro del Alto Aragón Jazz Tour promovido por la DPH, ha llegado ya a su fin. Tras las actuaciones del Move Quartet (viernes) y del proyecto The Ritual de Álvaro Ocón y del Lucía Fumero Trío (sábado), el domingo pusieron el broche dos actuaciones bien diferentes entre sí: un recital de piano solo a cargo de Roger Mas y la interacción entre la cantante y clarinetista catalana Carola Ortiz con el proyecto pedagógico con pedigrí aragonés Jazz For Kids.

Alrededor del mediodía

Al mediodía, una hora que en principio no parece la más apropiada para escuchar jazz, tuvo lugar en el Salón Azul del Casino la actuación del pianista alicantino Roger Mas, a quien no hay que confundir con el cantautor catalán de igual nombre. Con una amplísima trayectoria, que le ha llevado a liderar distintas formaciones a su nombre (trío, quinteto, grupo) y a colaborar con numerosos músicos, Mas ha sido profesor en el Musikene de San Sebastián y en el Taller de Músics de Barcelona, y en la actualidad es el Director del Departamento de Jazz del Conservatorio Superior del Liceu de Barcelona. Pero en esta ocasión llegaba a Huesca para ofrecer un recital de piano, en el que desarrolló la vertiente más intimista de su trabajo. El punto de partida de la actuación fue su álbum de piano solo Segles lligats, un disco dedicado a la memoria de su amigo Miquel Roger Casamada, cuyo título parece hacer alusión a la conexión entre siglos que se establece entre algunos de sus reconocidos referentes: de Beethoven a Gershwin, pasando por Debussy.

El pianista alicantino Roger Mas, actuó en el festival Huesca es Jazz.
El pianista alicantino Roger Mas, actuó en el festival Huesca es Jazz.
L. LL.

Y, precisamente, comenzó con una pieza de inspiración impresionista, Alegria d’un somriure, no incluida en Segles lligats, que dio paso al tema con el que se abre ese disco: Cançó per l’Ainé, dedicado a su hija y que posee un tono dulce y grácil. Siguió con otros temas del disco, como Creença o Teixits, en el que se pudo apreciar un cierto eco mediterráneo que conectaba con la música de Jordi Sabatés. Llegó el momento después de las versiones, comenzando con Round Midnight de Thelonious Monk, que dedicó a su alumno oscense Alejandro Esperanza (pieza fundamental en el engranaje de Huesca es Jazz), comentando que, dada la hora del concierto, quizá debería retitularse Alrededor del mediodía en lugar de Alrededor de la medianoche.

En las otras dos versiones ofreció sendas evocaciones de los genios creativos del brasileño Antonio Carlos Jobim y del Duke Ellington de la era del Cotton Club. Siguió después con la melancólica introspección de Beyond loneliness, que podría definirse como Erik Satie con swing, y finalizó con Batec (latido), un tema de corte sentimental e intimista, aunque con un interludio vibrante, que pareció expresar la alegría de estar vivo. Con una técnica impecable y una fina sensibilidad, se despidió con un reclamado bis, en el que interpretó Inti (el dios sol en la mitología incaica), una pieza sutil en la que abrió espacio a los silencios, los juegos de notas y una melodía seductora. Marcó el final de una agradable velada en una mañana de domingo… y con aire acondicionado.

Una hermosa colaboración

La sorpresa final que nos tenía reservada Huesca es Jazz era la colaboración, que ha venido mostrando sus resultados en los últimos días en diversos lugares de la provincia, entre el proyecto pedagógico Jazz For Kids y la gran cantante y clarinetista catalana Carola Ortiz. En cuanto a Jazz For Kids, poco hay que añadir a lo ya dicho en otras ocasiones. Es un proyecto necesario que está creando una auténtica escuela de futuros músicos de jazz altoaragoneses, algunos de los cuales ya andan formándose en Nueva York o en Basilea, pero que vuelven siempre que pueden para seguir formando parte de este ilusionante proyecto. Músicos de varias edades de Jazz For Kids se han vuelto a reunir ahora para establecer esta hermosa conexión con Carola Ortiz, que mostró una vertiente muy diferente a la que se pudo disfrutar el año pasado en su primera actuación en Huesca es Jazz. Entonces presentaba su tercer disco, Pecata Beata, y en esta ocasión se trataba de establecer puentes de contacto entre el jazz y diversas formas de folclore. Debido a la amenaza de la lluvia, la actuación se tuvo que trasladar de la Plaza de Navarra al Salón Azul del Casino. Tras un sorprendente arreglo para el Somos de José Antonio Labordeta, salió a escena Carola Ortiz para interpretar el instrumental Carmeta, una suerte de rumba mediterránea y verbenera dedicada a su abuela.

Después, conducido por el ritmo del bombo legüero, sonó En la vía, una chacarera de Carlos Aguirre. Fue una apuesta arriesgada y, por momentos, un tanto confusa. Por su parte, Mariona (de su primer álbum, Sirin) es un tema dedicado a una amiga, que se mostró en una adaptación con la síncopa del buen hard bop. Continuaron después, muy bien ensamblados, con dos temas brasileños, el choro Carinhoso del mítico Pixinguinha (una dulce canción de amor que cantó junto a la fantástica vocalista de Jazz For Kids, Laura Sánchez) y el chorinho Assanhado, un instrumental rítmico y alegre.

El momento más próximo al folclore llegó con el Baile del Charro, un enjambre de voces y percusiones que Carola interpretó en su día con Eliseo Parra y Coetus, a quienes quizá algunos oscenses recuerden de su paso hace años por el festival iberi@huesca.folk. Se despidieron con otro tema del primer disco de Carola Ortiz, el precioso Los árboles, en el que volvieron a sonar perfectamente ensambladas las voces de Laura Sánchez y Carola. Y regresaron para un bis final con una delicada interpretación jazzy del bolero Soledad y el mar de la mexicana Natalia Lafourcade. Un excelente broche para clausurar esta nueva edición de Huesca es Jazz. 

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