Cultura

OJO AVIZOR

Maestros plateros en la Huesca del siglo XVIII: referencias biográficas

Un recorrido por algunos de los más importantes artistas que desarrollaron su labor profesional en la Huesca de hace tres siglos

Catedral de Huesca, en pleno casco histórico de la ciudad.
Catedral de Huesca, en pleno casco histórico de la ciudad.
J. C. F.

En el presente artículo, analizamos los aspectos biográficos de algunos importantes maestros plateros, que desarrollaron su labor profesional en la Huesca del siglo XVIII. Una ciudad en la que también escultores, doradores, pintores, maestros de obras, canteros, etc., llegarían a formar parte del panorama artístico de la capital altoaragonesa. Sin duda, en el ámbito de la platería, al igual que sucedía también en otros gremios, la endogamia profesional era algo habitual. Es decir, los enlaces matrimoniales entre personas del mismo oficio estaban a la orden del día. Y la actividad laboral se hallaba regulada por las respectivas Ordenanzas gremiales, las cuales fijaban, ante todo, que ningún individuo podía trabajar en el oficio sin estar examinado, ni abrir taller o “botiga”.

A continuación, y siguiendo un orden alfabético, reseñamos los nombres de siete artífices plateros con sus diversas noticias biográficas que hemos exhumado en determinadas entidades archivísticas, y cuyas referencias documentales ojalá puedan ser útiles para futuras investigaciones.

Aznar, Manuel

Había nacido en una localidad de la diócesis de Zaragoza, y el 3 de febrero de 1741 se unía en matrimonio con María Andreu, viuda del también platero Juan Dulay. La pareja formalizó capitulaciones matrimoniales ante Mateo Cabrer, pero el protocolo notarial no se ha conservado.

Ese mismo mes y año, Manuel Aznar era presentado por el platero Lorenzo Biescas, en la sala capitular del Ayuntamiento oscense, como maestro examinado y aprobado. Y, por ello, se le daba facultad para “usar de dicho oficio públicamente” como los demás maestros. Tras ello, juraba ante el Corregidor guardar fielmente las Ordinaciones de su oficio y las de la ciudad.

En abril de 1746, la salud del maestro no debía de ser muy satisfactoria. En esos momentos la enfermedad hacía mella en su persona. Ante ello, el día 19 se veía obligado a suscribir sus últimas voluntades. En el documento testamentario, nombraba heredera fideicomisaria a su propia esposa, María Andreu, para que esta dispusiera su herencia en Paciencia Aznar, hija de ambos. Por otro lado, venía a designar como tutores de su otra hija –que era menor de catorce años y se llamaba Esperanza– a su mujer, al igual que a Juan Andreu, cuñado suyo y presbítero racionero de la iglesia metropolitana de Zaragoza, y a un vecino de la ciudad de Huesca. No obstante, Simón Aznar se repondría de su dolencia.

En enero de 1756, un hecho concreto referido al ámbito de la educación, impulsará al platero a denunciar a Ramón Urraca, maestro de primeras letras. Pues este había propinado a un hijo suyo una fuerte bofetada ocasionándole hemorragias en muelas y encías. A causa de ello, el niño tuvo que alimentarse durante mucho tiempo de líquidos debido a los tumores que le salieron en la parte interior de la boca. Tan lamentable suceso había ocurrido hacía aproximadamente un año en el llamado estudio de San Salvador que el mencionado Urraca dirigía. Ahora, Manuel Aznar le reclamaba los gastos de curación que ello había supuesto. En vista de lo acontecido, y a pesar de que el denunciado negaba los hechos, el Ayuntamiento acordó el cese y el despido de Urraca, obligándole a entregar las llaves del estudio de primeras letras.

Por último, reseñar que el fallecimiento del maestro platero acontecía el 1 de octubre de 1807

Biescas Bergua, Lorenzo

Era natural de la localidad oscense de Angüés e hijo de Lorenzo y de María Bergua. El 28 de febrero de 1716 –siendo viudo de Bárbara López, contraía segundas nupcias con Teresa Lamarca, la cual había enviudado de Lorenzo Salas. Las capitulaciones matrimoniales se habían otorgado unos días antes de la ceremonia religiosa, concretamente el 12 de febrero.

En el documento suscrito, el artífice aportaba una cantidad total de 810 libras en diversos bienes, entre los que figuraban ciertas alhajas y las herramientas pertenecientes a su oficio de platero. Además, a lo largo del texto notarial, se especificaba que el único hijo que Teresa Lamarca había tenido en su anterior matrimonio, llamado Antonio, tenía que vivir con los futuros cónyuges trabajando en beneficio de la casa hasta “tomar estado”. Igualmente, Alberta Arnedo, suegra del platero, debería acogerse a la compañía de los nuevos esposos hasta el final de su vida.

En el momento de celebrar esta unión marital, el maestro tenía también un vástago del primer matrimonio, de nombre Lorenzo.

Por su parte, fruto del enlace con Teresa Lamarca, nacieron, al menos, dos nuevos hijos: Andrés y María Francisca. El primero se casó con Hilaria Latre, y la segunda con José Labarta, que era viudo y natural de Lascasas. Las capitulaciones matrimoniales de este último con María Francisca se formalizaron el 3 de abril de 1740.

Las últimas noticias que poseemos del maestro Lorenzo Biescas hacen referencia a dos testamentos que formalizó a lo largo de los años cuarenta de la centuria. Uno lo hizo el 16 de enero de 1743, hallándose enfermo. Y otro, gozando de buena salud, el 12 de abril de 1747.

Campo, José del

Muy escasas noticias poseemos de este artífice, y estas han sido posible gracias al hallazgo de su testamento, el cual nos ha proporcionado algunos datos de cierto interés. Dicho documento protocolizado lo suscribía el 22 de enero de 1724 estando enfermo. En él expresaba que su cuerpo fuese sepultado en el claustro de la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca, especificando que –tras su entierro, y a lo largo de los nueve días siguientes– debía celebrarse un novenario de misas en la capilla de San José de dicho recinto, así como en el convento de Carmelitas Descalzas de la ciudad.

Referente a sus bienes, el maestro platero dejaba su herencia a aquellos hijos póstumos que naciesen en el caso de que su esposa, Teresa Lobera, pudiera estar embarazada. De no estarlo, esta podría disponer de su legado a su libre voluntad. Finalmente, el artífice nombraba en ejecutores testamentarios, además de su propia mujer, a su cuñado Lorenzo Lobera, y a los también plateros Manuel y Bernardo Estrada.

Dulay Ayzanoa, Juan

Las primeras referencias documentales que hemos hallado sobre este maestro, que era hijo de Roque y Josefa Ayzanoa, datan de 1727. En febrero de ese año, siendo mancebo platero y residente en Huesca, recibía una notificación de la Real Audiencia de Aragón, expresándole que no usase el arte de la platería ni tuviese “botiga” abierta, ya que no se hallaba examinado por el Colegio de Plateros de la ciudad de Zaragoza, y ello se hacía necesario en virtud de los reales privilegos que dicho Colegio poseía.

El 14 de enero de 1732 contraerá matrimonio con María Andreu, hija de Juan y Tomasa Abellanas. No se otorgaron capitulaciones matrimoniales. Hacía solo unos meses que la madre del platero había fallecido, concretamente el 13 de julio del año anterior.

El óbito de Juan Dulay se producía el 7 de septiembre de 1738, el cual hizo testamento ante el notario Mateo Cabrer, que no se ha conservado. Dejó heredera a su mujer la cual contraerá un nuevo matrimonio en 1741 con el platero Manuel Aznar.

Sabemos que un sobrino carnal del maestro Juan Dulay, de nombre Manuel Fet, hijo de su hermana Manuela, se inclinaría también por el mundo de la platería. De este modo, el 10 de agosto de 1722, deseando concluir su formación en dicho oficio, se afirmaba como aprendiz con Bernardo Estrada, maestro platero en la ciudad de Huesca, y lo hacía por un tiempo de dos años.

Escuder Baramón, José

Había nacido en Lérida y era hijo de José y Magdalena Baramón. El 7 de febrero de 1723 contraía nupcias con María Teresa Lacosta, natural de Huesca. La ceremonia se celebró en la iglesia de San Pedro el Viejo. Formalizaron capitulaciones ante el notario Raimundo Latre. El matrimonio tuvo al menos tres hijas: María Antonia, Vicenta y Felipa.

El 21 de febrero de 1738, el maestro, ante su grave estado de salud, se veía obligado a redactar sus últimas voluntades. Instituía como heredera fideicomisaria a su esposa, María Teresa Lacosta, con el fin de que dispusiera de sus bienes en favor de sus hijas. Ese mismo día fallecía, y será sepultado en la parroquial de San Pedro el Viejo de Huesca acompañado de la cofradía de la Santísima Trinidad.

Lafuente Fet, Miguel

Era hijo de Pedro Lafuente, pintor y dorador, y de Rosa de Fet. Su padre, al menos en 1734, había ya fallecido. En cambio, su madre lo haría en 1746, casi con toda seguridad a principios de ese año. Esta, poseyendo una quebradiza salud, había formalizado testamento el 26 de enero, dejando heredero a su hijo y nombrando, entre los ejecutores testamentarios, al platero oscense Antonio Salas.

El 28 de diciembre de 1746, el joven Miguel Lafuente contraía nupcias con Vicenta, hija de María Teresa Lacosta y del platero José Escuder, quien ya había fallecido en 1738. De su esposa, Vicenta Escuder, conocemos un testamento con su codicilo que suscribió el 29 de mayo de 1749. Por este documento sabemos que tenía una hermana llamaba Felipa, y una hermanastra, de nombre Paciencia Pérez. Esta última era fruto del matrimonio que su madre había contraído con un tal Manuel Pérez, tras haber enviudado del platero José Escuder.

Miguel Lafuente Fet dejaba de existir en la noche del 2 de enero de 1799, siendo su cuerpo inhumado el día 4 en la iglesia de San Pedro el Viejo de Huesca. En sus últimos años de vida, su situación económica debió de ser bastante precaria. Pues el escribano, en su partida de defunción, expresaba de que no había formalizado testamento “por no tener de qué”.

Salas Escuder, Emeterio

Nacido en la localidad catalana de Cardona, era hijo de Rafael y Clara Escuder. El 9 de octubre de 1710 se desposaba por poderes con la oscense Teresa Coleta, actuando como procurador, y en nombre de esta, Félix Rolín. Las capitulaciones matrimoniales se suscribieron ante Raimundo Latre.

El 13 de febrero de 1721 fallecía la esposa del platero, quien había dejado heredero fideicomisario a su propio esposo, con la obligación de disponer de sus bienes en los hijos de ambos: Pedro, Jacinta y Teresa. Entre los ejecutores testamentarios, además de su marido, nombró a Francisco Miranda, canónigo, y a Jerónimo Embid, párroco de la iglesia de San Pedro.

Uno de los hijos del matrimonio Salats-Coleta, de nombre Pedro, será canónigo coadjutor de la catedral de Huesca. Sabemos que este, tras enfermar gravemente a principios de enero de 1749, testaba ante el notario Joaquín Noballas el día 6, dejando como albacea a su propio padre. Pero el canónigo se repondrá de su dolencia y continuará desempeñando sus funciones en la seo oscense. Este mismo, a finales de abril de 1772, volverá a otorgar nueva carta testamentaria.

El maestro Emeterio Salats, el 11 de enero de 1750 formalizará testamento al hallarse enfermo. Su hijo Pedro era nombrado heredero universal y, entre los ejecutores testamentarios, quedaban incluidos este último y su hermana María Teresa. Prácticamente, tres años más tarde –el 28 de enero de 1753– se producía la defunción del maestro Emeterio, siendo sepultado en la parroquial de San Pedro el Viejo, tal como había dispuesto él mismo en su propio testamento.

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