Cultura

HOMENAJE

Eligieron Loarre “por la gente y por la calidad del agua”

Belén Ugarte ha dado una conferencia sobre la vida y la obra de su abuela la pintora la pintora Rosario de Velasco Belausteguigoitia  

Roberto Orós entre Belén y Sol Ugarte, nietas de Rosario (a la dcha) y Concha Pérez, presidenta de las Mujeres de Loarre.
Roberto Orós entre Belén y Sol Ugarte, nietas de Rosario (a la dcha) y Concha Pérez, presidenta de las Mujeres de Loarre.
S.E.

Este viernes por la tarde ha sido fiesta en Loarre, con motivo del homenaje que la localidad rindió a la pintora Rosario de Velasco Belausteguigoitia (Madrid, 1904-Barcelona, 1991), quien desde los años 50 vivió periódicamente en este pueblo de la sierra de Gratal con su marido, el doctor Javier Farrerons Co y su hija, en ‘Casa Don Javier’, donde una placa que fue descubierta por su nieta Belén Ugarte la recuerda desde ayer. Con ella estuvo el alcalde, Roberto Orós y una delegación de la Asociación de Mujeres de Loarre, promotora del acto.

Una conferencia de Belén Ugarte ha sido el acto central de la jornada. Rosario era -ha dicho Belén Ugarte a este Diario antes de comenzar su charla-, “una mujer vital, apasionada, alegre, divertida, ocurrente, tenía una conversación que daba gusto y una risa espectacular. Siempre hablaba con refranes, era muy teatral, muy divertida, nos hacía reír muchísimo… Cuando llegaba a un sitio, la gente sabía que entraba, tenía una presencia”.

La elección de Loarre

Rosario y Javier llegaron a Loarre en 1950. “Mi madre tenía 16 años, y mis abuelos eran muy montañeros, les encantaban los Pirineos y buscaban un pueblo para veranear. Estaban entre Fanlo y Loarre, y al final cogieron Loarre y se compraron la casita y un huerto, donde pintaba muchísimo Rosario, que era cómo la llamábamos, no abuela, porque era una señora muy coqueta y no quería ser abuela”.

Eligieron Loarre -ha explicado Belén Ugarte- “un año de mucha sequía, tenía un paciente en Loarre y le ofrecieron una casa”. Y entre Fanlo, “a donde se subía con mula” a hacer alta montaña y esquiar, y Loarre, se quedaron con este último. “Siempre decía que por la gente y por la calidad del agua, que mi abuelo había analizado ya. Y tenía fácil acceso”.

“En Loarre -ha añadido la conferenciante- la conocía todo el mundo y la querían mucho porque era supersimpática y ayudaba mucho a la gente. Era muy habladora y se levantaba pronto, a las 6 de la mañana, y se iba a caminar por la montaña. E íbamos de paseo por el monte y nos hacía meternos en sus ojos y nos hacía darnos cuenta de la belleza de todo, nos hacía ver la belleza de todo”.

Javier y Rosario estaban enamorados de la alta montaña, especialmente del Pirineo.
Javier y Rosario estaban enamorados de la alta montaña, especialmente del Pirineo.
S.E.

Rosario, así mismo, “conocía a todos los pastores y decía que si se reencarnaba, sería pastora. Siempre hablaba del budismo y creía en la reencarnación”.

Esto no encajaba con su religiosidad, que tanto su padre como su madre eran hijos de militares y muy tradicionales, y Rosario “era muy católica y hasta se hacía notar en las misas”. Y ha recordado su afición al yoga, que practicaba en el jardín, “lo que entonces era algo como raro”.

La pintora

Se formó Rosario de Velasco en la escuela del pintor Fernando Álvarez de Sotomayor, que era entonces director del Museo de El Prado. En la preguerra, en 1932 obtuvo la segunda medalla de pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes con el óleo Adán y Eva, “un cuadro de unos campesinos -comentó Ugarte- que es una maravilla porque es superdetallista y ella en él da un giro a su parte muy academicista y muy realista, que es tendencia entonces, y le da un toque de originalidad. Son dos campesinos, Adán y Eva, pero los dos vestidos. Este lienzo se exhibe en exposición permanente en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, al lado de un Dalí”.

‘Adán y Eva’.
‘Adán y Eva’.
S.E.

“En la preguerra este cuadro tuvo mucho impacto y fue expuesto en Europa”, en Copenhague y Berlín en 1932, e incluso en Estados Unidos (Pensilvania), en 1933, además de en Madrid, Valencia y Zaragoza. “Y con el dinero que ganó con este premio en la Exposición Nacional de Bellas Artes, se fue con una amiga a Rusia, un viaje impresionante para ella”, recordó Elena Ugarte, que resaltó que con esta misma obra -Adán y Eva-, Rosario participó años después, en 1942, en la Bienal de Venecia.

Sobre el estilo de la pintora en el periodo preguerra, Belén Ugarte ha añadido que “estaba influenciado por la Escuela de San Fernando y la época que se llama ‘Moderna alemana’, un realismo muy detallado y muy perfecto, pero muy austero”.

En 1934 pintó otra obra significativa, Las lavanderas, “que es preciosísimo, me encanta, muy grande, ejemplo de retorno al orden, de la objetividad alemana, inspirado en el Noveccento italiano”.

Es este -en opinión de Belén Ugarte- el segundo de los tres cuadros “muy claves de esta etapa”, junto al citado Adán y Eva y La matanza de los inocentes, “que es otra preciosidad y está en el Museo de las Artes de Valencia, aunque ahora depositado en el Reina Sofía”.

En otro momento de su conferencia, ha comentado que en la obra de Rosario “hay muchos temas recurrentes: la familia, la maternidad, bodegones combinados con figuras humanas, los temas bíblicos le atraían mucho, pintó muchas escenas circenses y también le encargaban retratos”.

Detención y fuga de la cárcel

Uno de esos encargos le llegó de unos amigos de Llavaneras, y allí conoció al que sería su marido, el doctor Javier Farrerons Co, “que era el importante, era un famoso médico a nivel mundial que estudió en Estados Unidos y fue presidente de la Asociación Mundial de asma y alergia”.

Era Rosario una de las primeras afiliadas a Falange Española y antes de ir Llavaneras había tenido un incidente con unos republicanos en Madrid, “una vecina la denunció y la fueron a buscar a Llavaneras. La detuvieron y la metieron en la cárcel Modelo de Barcelona y la iban a fusilar al día siguiente. Se salvó porque mi abuelo conocía al médico de la cárcel y por la noche la sacaron en un carro. Se casaron en una iglesia, así en un plis plas, y se marcharon por los Pirineos andando con unos amigos, los Gili, de la editorial Gili, que son los padrinos de mi madre, y se fueron a un pueblo de Burgos, donde vivieron unos años y allí mi abuela pintó muchos paisajes, como en Loarre”, obras que “no son de tanto realismo, aquí su estilo se vuelve más misterioso, más nostálgico”.

La posguerra

Tras la guerra, “a principios de los 60, fue evolucionando a un estilo más figurativo, que es lo que le caracteriza después. Y poco a poco se fue concentrando en la textura del cuadro, se obsesiona incluso con la calidad del cuadro. Recuerdo perfectamente como trabajaba el lienzo durante semanas, iba poniendo calidad, material, incluso volumen, y sin saber lo que iba a hacer después”.

Resaltó Ugarte que “le inspiraba mucho el fresco, era una técnica que ella había trabajado, de hecho hizo varios encargos en diferentes capillas”, y “utilizaba mucho el color tierra pompeyano”.

Y también -ha remarcado- “comenzó a trabajar el óleo sobre papel, lo que le permitía producir mucho más rápidamente, pintaba en cualquier rincón, disfrutaba, le salía del alma, es una época muy fructífera”.

Belén Ugarte, por otro lado, ha agradecido a Loarre, Concejo y Asociación de Mujeres de la localidad, el homenaje a su abuela. “Me parece maravilloso, es querer reconocer la figura de la abuela, a la que yo, como todos mis hermanos, adoramos. Estamos felices todos”.  

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