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Antonio Fernández Alvira crea un “laboratorio” en Bilbao

El artista oscense expone su instalación 'Memoria en forma' en Azkuna Zentra hasta el próximo 30 de octubre

Antonio Fernádez Alvira, con su obra.
Antonio Fernádez Alvira, con su obra.
Azkuna Zentroa

Azkuna Zentroa, el Centro de Sociedad y Cultura Contemporánea de Bilbao, presentó el pasado verano en su Terraza la nueva instalación artística de Antonio Fernández Alvira, que se titula Memoria de Forma.

Como explica el artista oscense, el punto de inicio de este proyecto fue “la lectura o interpretación de la Alhóndiga de Bilbao y su arquitectura, como un recipiente de recipientes”.

“Esta fue creada en sus inicios para almacenar diversos productos alimenticios, almacenando sobre todo vino y aceite”, prosigue.

Ambos productos “eran elementos fluidos de diversas densidades, carentes de una forma definida y, como tales, necesitaban de un contenedor físico que los albergara para poder ser almacenados”, describe.

Esta característica o propiedad se denomina “ausencia de memoria de forma”, es decir, “los fluidos toman la forma del recipiente que los contiene, sin que existan fuerzas de recuperación elástica como en los sólidos”, continúa.

Debido a su separación molecular, “los fluidos no poseen una forma definida y se deforman continuamente (fluyen) bajo la aplicación de una tensión tangencial, por muy pequeña que sea”, agrega.

Así, la idea de este proyecto radica en “la creación de un laboratorio a partir de ese concepto de la ausencia de memoria de la forma y del fluir”, el cual desplega en la azotea del Azkuna Zentroa.

“Este busca poner en práctica la exploración y narrativa cuerpo-estructura-recipiente y fluido-contenido, sirviéndome para ello del diálogo y análisis con las formas y elementos arquitectónicos de la azotea”, especifica. 

De este modo, el laboratorio pretende explorar “esta relación entre contenedor y fluido, acercándola también hacia una relación entre cuerpo y arquitectura”.

El conjunto de trabajos realizados parte de los recipientes que tradicionalmente han servido para albergar y transportar fluidos, como ánforas, vasijas, jarrones, jarras, vasos o cuencos, cuyas formas y materiales ha estudiado Fernández Alvira mediante ejercicios de descomposición y fragmentación.

La finalidad es “experimentar con estas formas sobre el propio cuerpo, trabajando con su acumulación y modelado, buscando por medio de diversas acciones -como por ejemplo, el ejercer diversos tipos de tensión sobre estos- “generar un nuevo corpus, recipiente de recipientes”, dice.

Por medio de estos procesos, el oscense buscó explorar “la creación de diversas piezas recipiente que, unidas a las estructuras arquitectónicas que las sustentaran y albergaran, entren en diálogo con el lugar, desarrollando ese laboratorio”, señala. 

Este nuevo laboratorio se piensa también como “permeable a las acciones que la climatología de Bilbao pueda realizar sobre él”, por lo que es una obra “viva”, que ha ido cambiando durante los últimos meses.

Por poner un ejemplo, “a través de las lluvias, haciendo que el agua que caiga discurra por estas piezas adoptando estas formas e incluso quedando almacenada en ellas, o el viento, que ha realizado algún tipo de sonoridad al discurrir por las piezas”, señala.

Antonio Fernández Alvira confiesa su alegría por el proyecto, uno de los más relevantes que ha realizado hasta la fecha.

“Estoy muy contento, porque es una exposición individual en un sitio muy importante y que puede suponer una gran proyección para mi trabajo”, enfatiza.

La muestra, cuyas piezas de barro creó junto al alfarero de Bandaliés Raimundo Abió, se podrá ver hasta el próximo 30 de octubre.

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