Cultura

Rosa Montero y Nuria Labari, unidas por la literatura y el paso del tiempo

El servicio de guardia es de 9 de la mañana del día correspondiente a 9 de la mañana del día siguiente.

En la imagen, Nuria Labari, Esther P. Nogarol y Rosa Montero.
En la imagen, Nuria Labari, Esther P. Nogarol y Rosa Montero.
Pablo Segura

J. Naya

huesca.- En un salón del Palacio de Villahermosa lleno hasta la bandera, dos grandes amigas, las escritoras Rosa Montero y Nuria Labari, protagonizaron ayer una exitosa segunda sesión de los Diálogos entre escritores organizados por el IEA, de la DPH.

Un encuentro que fue valorado por ambas autoras, ya que “estos actos tienen su sentido y tienen su gracia, encontrarte con otros escritores, hablar de la pasión que todos tenemos, que es escribir, y en público. Terminas a lo mejor haciéndolo demasiado, yo llevo un año tremendo, pero de verdad que son muy enardecedores porque descubres cosas; yo he descubierto cosas mías de la vida y de mi propia literatura en actos como este”, dijo Montero a este Diario antes de que comenzara el acto.

Para Labari, por su parte, “esta clase de encuentros son decisivos en la vida de una escritora por dos motivos. El primero, que demuestran una apuesta decidida de las instituciones por el sustrato cultural de nuestro país. El segundo, este ya más personal, porque permite el contacto directo con lectores y en este caso con una escritora a quien tanto admiro”. 

Las dos resaltaron la gran amistad que les une. “Nuria y yo somos amigas íntimas desde hace más de 20 años y ya hemos sido pareja de baile en otros actos y se nos da muy bien, nos divertimos mucho”, comentó Montero, que habló de su última novela, El peligro de estar cuerda, y del hecho de “escribir, de cómo se llega a la escritura, de qué relación tenemos con nuestro imaginario”. Y agradeció que en este acto interviniera de moderadora la periodista Esther P. Nogarol.

De su amistad habló también Labari, quien dijo: “Somos amigas desde hace veinte años y nuestra capacidad de improvisar es importante”. Y de su último libro, El último hombre blanco. Sobre los asuntos a tratar en un diálogo como el de ayer, titulado Entre generaciones, opinó que “ningún tema de los que nos importan hoy debería tratarse sin una perspectiva transgeneracional. En este sentido es decisivo construir la mirada de los más jóvenes: que entiendan que su presente está cargado de pasado; pero también de la curiosidad y el respeto de los mayores consagrados. Sin esas premisas el diálogo no es posible”.

Al preguntarles cómo ha evolucionado su narrativa en estos años, Rosa Montero recordaba: “Empecé a escribir, como la mayoría de novelistas, de niña. Mis primeros cuentos, que eran de ratitas que hablaban, los escribí con cinco años, casi a punto de cumplir seis. Pero empecé a publicar hace 43 años y una de las cosas que me tienen verdaderamente orgullosa es que, no sé a dónde he llegado, pero sé que ahora escribo muchísimo mejor que cuando empecé, no tiene comparación”. Para la escritora, “la narrativa es un género de madurez y ahora mismo me siento en mi madurez, noto que tengo más creatividad y sobre todo, que tengo más dominio del oficio (a escribir se aprende escribiendo), de esa carpintería de palabras con la cual intentas atrapar tus imaginaciones, lo que retumba en tu cabeza”.

Nuria Labari, tras decir: “no sé si soy yo quien mejor puede juzgar eso”, afirmó: “Lo que tengo claro es que la escritura se ha vuelto más necesaria y estructural en mi vida. En el aspecto más formal es evidente que he ido incorporando cada vez géneros y posibilidades a mis textos. Creo que practico una literatura cada vez más híbrida donde conviven cuento, biografía, ensayo, experiencia, ficción… Todo esto para dar lugar a una novela (en mi último libro al menos) pero partiendo de una perspectiva más abierta que cuando empecé”.

No hubo unanimidad al plantearles si cambian las temáticas con los años, aunque el paso del tiempo es algo que ambas comentan. “No -respondió Montero-, yo creo que todos los escritores escribimos siempre sobre lo mismo y son nuestras obsesiones. En realidad desde mi primera novela están las mismas obsesiones. En primer lugar soy una escritora existencialista y escribo sobre todo sobre el tiempo, el paso del tiempo, lo que el tiempo nos hace y nos deshace, y luego escribo sobre el sinsentido de la muerte, cómo podemos colocar ese sinsentido para que no nos destruya. Escribo sobre el mal, escribo sobre el fanatismo y sobre el poder, escribo sobre el amor carnal y no carnal, el amor también de la necesidad de los otros, es decir escribo sobre el hecho de que somos seres animales sociales, los seres humanos, y necesitamos vivir con los otros para que la vida merezca la pena llamarse vida”.

Labari, por su parte, considera que “las temáticas las cambia el paso del tiempo, claro. Pero también el momento histórico, el contexto social, la propia experiencia, hasta el estado civil… Todo importa a la hora de crear. Y el paso del tiempo también. Quizá lo que más, siendo que, de alguna manera, siempre escribirnos contra la muerte”. 

Aunque son grandes amigas y entre amigas, ya se sabe, todo son buenas palabras, preguntamos a cada una de ellas por la obra de la otra. ¿Qué le parece a Rosa Montero la obra de Nuria? “Somos amigas íntimas y creo que en su generación es una uno de los mejores escritores, me parece absolutamente extraordinaria, buenísima, tiene una potencia y una originalidad absolutamente descomunales. Su última novela es inolvidable y bárbara, fantástica, es una novela que te cambia la vida, te cambia la visión del mundo después de que la lees”.

“Rosa me parece -contesta Labari- una escritora inmensa. He leído toda su obra y admiro su valentía como autora y su capacidad de riesgo a través de los años y del éxito. Ella es capaz de saltar de la ficción a la ciencia ficción y de allí al reportaje y al ensayo y a la novela y a la entrevista y a la opinión. Y al novelón y a la autoficción. Es realmente inmensa”.

¿Se dan consejos una a la otra? “Rosa -responde Labari- es amiga así que sí me da consejos. Gracias al último terminé la novela que vengo a presentar. A veces es tan fácil como una sola palabra cargada de experiencia: sigue”. “Nos damos consejos las dos -dice por su parte Rosa Montero-. yo le aconsejo a ella como otros autores, y ella y otros me aconsejan a mí”. 

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