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Julia Ara Oliván: dando clases en Magisterio "se despertó mi compromiso con el ecologismo"

Aragonesista y escritora, cree que "se tiene conciencia de que la fabla es importante..., pero la realidad es que se pierde” 

Julia Ara en la plaza del Pilar, cuando era niña, y en la actualidad en su casa.
Julia Ara en la plaza del Pilar, cuando era niña, y en la actualidad, en su casa.
S. E.

A Julia Ara Oliván (Huesca, 1955) le gusta decir: “Nací en las escuelas de Ballesteros, donde mi madre era maestra y vivíamos en las viviendas de los maestros, situadas en la azotea de la escuela”. En realidad, fue de las primeras en nacer en la Clínica de la Inmaculada. Sus primeras zonas de juegos: plaza San Voto, placeta Navarrico -“mis tías vivían en la calle San Lorenzo”- y la Pataquera -“donde vivía mi abuela con mis primos Oliván”-. De los veranos, especiales recuerdos del Parque Miguel Servet -“jugando al escondite entre los árboles y viendo a Gorgorito en San Lorenzo en Las Pajaritas”-, y fuera de Huesca, “días en el Pueyo de Jaca o Linás de Broto, tras horas de viaje en autobús”.

La Primaria, en Ballesteros y el Bachiller y COU, en Santa Ana. La adolescencia, una importante etapa en su vida, en la que “estuve en los scouts de don Rafael Andolz, con quien nos iniciamos en las excursiones, campamentos y el amor por la naturaleza, aficiones que me han acompañado durante toda mi vida”.

En los 70 se trasladó a Pamplona, donde estudió la carrera de Biología “y tomé contacto con otro ambiente social en unos años de descubrimiento, reivindicación, en el inicio de la democracia y de tantos cambios”. Vivió muy de cerca los sucesos de Vitoria y de Montejurra, en 1976, dos hechos que “abrieron camino y empedraron el largo trayecto que hemos tenido que recorrer”. Años de juventud en los que viajó por Europa con el Interrail, pasó algún verano en Inglaterra, vivió los Sanfermines, subía picos del Pirineo…

Ya licenciada, dio clases en la Escuela de Magisterio de Huesca ”y fue cuando se despertó mi interés y compromiso con el ecologismo, formé parte del Colectivo Antinuclear Altoaragonés, recuerdo acampadas contra la amenaza de la central nuclear de Chalamera, y el aragonesismo”. Estudió aragonés en el Consello d’ a Fabla, asociación a la que pertenece desde 1979, y sigue formando parte de CHA, desde su constitución, y el Rolde d’ Estudios Aragoneses.

Julia pasó a ser Chulia, aunque mantiene su nombre en castellano, y empezó a escribir en aragonés en la revista Fuellas.

Siguió su carrera como docente de Biología en Logroño y en diferentes institutos de Zaragoza y en 2015, tras casi 39 años de enseñante, se jubiló e hizo los estudios del Diploma de Especialización en Filología Aragonesa, en Huesca, y a partir de entonces comenzó a escribir asiduamente en la revista Fuellas, y ha sido finalista en los Premios Luis del Val de Sallent de Gállego e incluso ha obtenido el VI Premio Pedro Lafuente en la categoría de Narrazión Curta en aragonés con la obra titulada ‘Bilaniéns’.

Sobre la fabla cree que “hemos avanzado pues se tiene conciencia de que es algo importante, algo nuestro, algo a proteger…, tiene un reconocimiento. Pero falta mucho camino porque la lengua es un patrimonio inmaterial que de generación en generación se debería transmitir, y la realidad es que se va perdiendo”.

Es una de las coordinadoras de la exposición ‘Vozes en o zierzo’ sobre escritoras en lenguas propias aragonesas, que puede visitarse hasta el próximo 3 de diciembre en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, mientras sigue “con los paseos a Loreto o la alberca de Cortés y los vermús ‘toreros’, ahora que no hay obligaciones”. 

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