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Conrado Betrán Jiménez: “La música ha sido mi vida, no he dejado nunca de tocar, de cantar”

Dirigió hasta 2021 la Coral Oscense, grupo que fundó en 1971, y tuvo de maestros a Gregorio Garcés, Pilar Bayona , y Luis Taberna y Montserrat Torrent

Conrado Betrán.
Conrado Betrán.
N. C.

CONRADO BETRÁN Jiménez, natural de Alerre, dejó el año pasado la dirección de la Coral Oscense, agrupación que fundó en 1971. Ha dedicado, pues, 51 años a esta Coral. Pero su relación con la música había comenzado antes.

Ha estado prácticamente toda su vida en Alerre, “y muy a gusto con todos los que convives, muy cerca de Huesca y muy bien comunicado, solo nos falta un enlace en Huerrios, un kilómetro más o menos que no está asfaltado y donde hemos pinchado todos”. Y sabe de lo que habla, que se conoce todos los caminos y las carreteras que van de Alerre a Huesca, y viceversa, desde que estudiaba en Salesianos. Al principio “andando diez kilómetros todos los días, ida y vuelta, y con el frío que hacía entonces, es duro”. Luego en bicicleta, vehículo que sigue utilizando en algunas visitas a la capital oscense.

“Un coro, donde tiene que demostrar si canta o no canta es en concursos”

Unos primeros años “de vida muy sana y muy buena, natural, no había opciones. Un poquico el fútbol y a ver los pájaros al monte”. Y luego estudios en el Seminario de Huesca y viajes “a Pamplona con Don Gregorio Garcés, a cursos de canto gregoriano espléndidos que patrocinaba la Diputación Foral”. Comenzó a continuación un ciclo de 10 años en el Conservatorio de Música de Pamplona, “a donde fui a estudiar académicamente todo lo que pudiese, e hice piano, órgano y canto”. Entre los profesores, grandes de la música como Pilar Bayona, en piano, en los últimos cursos, “el llamado virtuosismo”, y Luis Taberna, en órgano. Una vez terminados estos estudios, “vine a vivir a Huesca e iba a Barcelona a estudiar órgano, el superior, con Montserrat Torrent”, Premio Nacional de Música en 2021. “Muchas horas y mucha dedicación, pero había que hacerlo porque es una fuente de riqueza y de comunicación”.

Él estudió piano porque -explica- “es un poco el instrumento rey, en el plan de entonces el piano era el predominante. Además, para hacer órgano hacía falta hacer cuatro cursos de piano”. Cree que “se me da mejor el órgano que el piano” pero reconoce que “el órgano está muy de capa caída. De órgano no puedes hacer una oposición, sí que te sirve el título para las complementarias y eso, pero la gran lucha de Montserrat Torrent era siempre que el organista viviese de eso, pero es una utopia, solo hay órganos en las iglesias y, además, no bien atendidos”. Y añade que hizo canto “porque si la voz va, es muy agradable. Si se ha hecho buena técnica y se ha beneficiado de la formación técnica, las voces cantan hasta que mueren. Y también envejecen como envejecemos en la vista, en el olfato...”.

“En los coros se sufre mucho, pero yo he disfrutado casi en exceso”

Como docente, dio Conrado Betrán clases de canto dos años en el Conservatorio de Pamplona, “y lo lógico es que hubiese seguido allí, pero yo quería venir a Huesca, tenía la familia aquí y la tierra te tira”. Ya en Huesca comenzó a dar Historia de la Música en la Universidad Laboral, “con alumnos de diferentes partes de España, lo que me enriqueció mucho personalmente”, y seguía estudiando, tocando y cantando. “No he dejado nunca de tocar, de cantar, de estudiar y de disfrutar”.

“Era tenor. En Pamplona -explica- les gustó mi voz, y he actuado con el Orfeón Pamplonés, también de solista en Pamplona, con la Orquesta Santa Cecilia, en distintas ocasiones con la Capilla de la Catedral..., con otros coros he estado en México….Viajar es muy bonito”.

“Necesito ver el día desde el principio, con el alba mejor”

“Hemos tenido -añade- la suerte de vivir una época de mucho renacimiento y nos ha ido muy bien, hemos estado en casi toda Europa, hemos disfrutado, hemos estado en concursos importantes, hemos ganado primeros premios…, porque un coro donde tiene que demostrar si canta o no canta es en concursos”. Y citas fijas en Huesca: Las Completas de San Lorenzo, en Semana Santa y Navidad.

A finales de los 60, Conrado empezó a tocar la misa de una de los Jesuitas con el órgano de La Compañía, “y amigos y amigas empezaron a llenar el coro. Y de allí surgió la fundación de la Coral Oscense en 1971, que contó con el apoyo de la Caja de Ahorros”. Una agrupación que vivió su “momento más importante en 1975, cuando creamos la Escuela de Música Miguel Fleta”, que Conrado dirigió y en la que dio canto y piano, “con muchísimo éxito porque tuvimos muchos alumnos, y de allí viene la Coral nueva, renovada. Niños pequeños que poco a poco fueron formándose en un ambiente muy especial”.

“El órgano se me da mejor que el piano, pero está muy de capa caída”

Fue entonces Conrado “maestro de David Tellechea, Antonio Viñuales y otros, y ellos, poco a poco, fueron profesores de los niños que teníamos en la Coral”. Y hasta el 2021. Ha sido 51 años director de la Coral Oscense. “El año pasado les dije que esto no podía ser, que necesitaba más disfrutar que no sufrir, porque en los coros se sufre mucho, aunque yo he disfrutado casi en exceso”. No obstante, resalta que “como he tenido siempre tanto apoyo a mi alrededor, no nos ha costado mucho sacar esto adelante”.

Sigue visitando la Coral y la Escuela prácticamente cada día, pero ha ganado tiempo “para otros entretenimientos, como es el coro de Alerre”. Ve con interés cómo avanza el proceso de declaración de la Jota como patrimonio inmaterial de la Unesco y es “un hombre madrugador, necesito ver el día desde el principio, si se puede con el alba, mejor”. Y siempre que puede, la bici.

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