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La iconografía del románico es como “la Biblia en piedra”

Álvaro López Asensio, historiador, teólogo y profesor en Jaca, analiza en detalle la simbología del románico jaqués en su nuevo libro

Álvaro López Asensio
Álvaro López Asensio
R. G.

EL HISTORIADOR y teólogo Álvaro López Asensio, profesor de los dos institutos de Jaca, presentó el pasado jueves en el Casino Unión Jaquesa su nuevo libro “Simbología del románico de Jaca: una catequesis cristiana”. La obra cuenta con una gran cantidad de fotos de todos los capiteles interiores y exteriores, así como de los canecillos más importantes desde el punto de vista simbólico. Este libro es de formato digital y se puede leer o descargar en su web (www.alopezasen.com).

El fotógrafo Miguel Ramón Henares, residente en Jaca, es el autor de las imágenes, que son necesarias para “comprender el significado de lo que se representa”, según el autor, cuyo libro “pretende dar a conocer que la iconografía del románico es la Biblia en piedra”. Además, señaló que “la fe se hace arte en la escultura pétrea del románico”, siendo “un catecismo plasmado en el tímpano de la portada, en los capiteles, así como en los canecillos de muros y tejados de la catedral de Jaca”.

Imagen que aparece en la portada del libro.
Imagen que aparece en la portada del libro.
R. G.

El simbolismo de las representaciones “no sólo cuenta historias bíblicas perfectamente identificadas y explicadas, sino también otras relacionadas con la condición moral de la naturaleza humana: sus defectos y miserias para suscitar el cambio moral (conciencia) y ético (comportamiento social), que le hagan buen cristiano y mejor persona”. Por ello, “el románico jaqués pretende mostrar el mensaje cristiano del momento, una catequesis que sigue viva y actual, pues los seres humanos no hemos cambiado tanto desde entonces”.

López Asensio explica que el mensaje del románico se puede resumir en seis tipos de mensajes y enseñanzas teológicas. Uno de ellos es “catequizar y enseñar que Dios es todopoderoso y la garantía de salvación en la vida presente y futura”.

En segundo lugar, cita “la lucha entre el bien (Dios-amor) y el mal (el diablo-pecado)”. En el románico “se enfatiza este camino de combate que, aunque influenciado por agentes externos, se acaba revelando como lucha interior. Esa dualidad también se expresa en el Nuevo Testamento: luz-tinieblas, oscuridad del pecado-luz del amor, corazón de carne-corazón de piedra, vida-muerte, mundo-cielo, invisible-visible, pecado-amor, hombre viejo-hombre nuevo, verdad-mentira, espíritu-carne”.

“La lucha contra el pecado, la vida mundana, los vicios de este mundo y los pecados capitales”, siendo el objetivo “evitar que el pecado enfrente a la persona contra sí y la aleje de Dios y del bien” es una cuarta enseñanza, mientras que un quinto mensaje aborda “el camino de transformación y regeneración interior por medio de la fe y la celebración de los sacramentos”.

En quinto lugar, el románico se refiere a que “este camino espiritual depende de una decisión básica: elegir a Dios para no dejarse atrapar y enredar por lo terrenal que ignora y niega lo trascendente: la presencia ignorada de Dios”. Y en el sexto caso se anima a comprender que “optar por Dios garantiza la salvación, la vida eterna y la inmortalidad del alma en el cielo”. Por ello, “el románico jaqués usa el simbolismo iconográfico, esquemático y figurativo para catequizar a las personas”, siendo “su fin último y principal”.

“Hoy, se quiere descontextualizar su primigenio significado acudiendo a la mitología, el esoterismo y la pura técnica artística, como si se quisiera desviar la atención de su inicial y verdadero propósito evangelizador”, lamentó, agregando que “este libro pretende volver a los orígenes y enseñar la catequesis que transmite ese conjunto histórico, algo que ningún estudioso del románico realizó con seriedad”.

Animales

López Asensio destaca la presencia de animales, asegurando que “el simbolismo de las aves es claramente ascensional hacia el cielo y Dios”. “La idea de ascender no por nuestro esfuerzo, sino por dejarnos llevar se plasma en imágenes de personas elevadas por aves, generalmente águilas, que agarran a los pecadores”.

“El águila y la paloma representan a Dios y al cielo. También los grifos, el pelícano, la lechuza y todo tipo de aves (menos la arpía) son considerados beneficiosos. Esas representaciones simbolizan a Dios como fuente de inspiración del bien”, continuó. Según el autor, “el reino animal juega un papel importante en la catequesis del románico”, pues “tanto los animales positivos, como el bestiario negativo, se utilizan para visualizar la lucha interior del bien (Dios) y el mal (el diablo y el pecado)”.

El león “representa a Dios y al bien”. Por contra, “son símbolos del mal la serpiente (pecado), el cerdo, el asno, el caracol y la tortuga (la pereza); el centauro, la liebre, la serpiente y el gallo (lujuria); el oso (la ira); el macho cabrío (el diablo); el mono (el ateo); las arpías; el perro (envidia); las ranas (la codicia); el caballo (la soberbia); el lobo (la avaricia e ingratitud, así como la avaricia); los dragones, los basiliscos y las sirenas.

Vegetales

Por otro lado, el autor afirma que “el mundo vegetal simboliza la complejidad y el antagonismo dual que desarrolla el ser humano”. “Ese itinerario está marcado por el pecado e innumerables obstáculos que impiden ir hacia Dios, que representa el buen camino”, explicó.

La iconografía románica “usa con frecuencia la flora esculpida bajo diversos contenidos simbólicos”. Como vegetales “negativos” destaca las enredaderas de tallos florales (símbolo del pecado).

Entre los positivos, cita vergeles (símbolo de la eucaristía, del bien y rechazo del pecado); palmeras (símbolo del Paraíso celestial, Cristo resucitado y la victoria sobre el pecado); hojas de acanto (símbolo del sufrimiento humano como consecuencia del pecado, símbolo de la fe y piedad sencilla, y símbolo de la vida eterna o inmortalidad del alma); los helechos (simbolizan a Dios, el cielo y el bien); las piñas (símbolo del cielo, la vida eterna y la inmortalidad del alma); bolas-frutos (símbolo del cielo y la vida espiritual que la fe anticipa en Dios). En otras Iglesias también se representa la hiedra (símbolo de inmortalidad y de la regeneración del alma); la vid (símbolo de Cristo y de la Eucaristía); el lirio (símbolo de redención y purificación); la pisa (símbolo de resurrección y vida eterna); el trébol (símbolo del misterio de la Trinidad) o las rosetas (emblemas de Cristo).

“El bestiario de capiteles y canecillos mentaliza sobre los peligros del pecado y más concretamente los capitales para la fe, representados por grotescas figuras humanas que han sido poseídas por el demonio y que el pecado-mal ridiculiza”. “También hay gran variedad de animales fantásticos, enredaderas y decoración simbólica que aluden a la lucha interior entre el bien y el mal que el románico tanto intenta sacralizar mediante la catequesis y enseñanza doctrinal”, concluye.

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