Cultura

FESTIVAL

La chistera del mago Brossard

Casi 60.000 personas han disfrutado de la fiesta de la diversidad musical de Les Trans Musicales de Rennes

Rocío Márquez & Bronquio.
Rocío Márquez & Bronquio.
L.LL.

La 44ª edición de Les Trans Musicales de Rennes, recién concluida este domingo, deja muy claro que el festival bretón tiene cuerda para rato. Una vez más, Les Trans se convirtió en una gran fiesta de la diversidad musical, que atrajo en total a cerca de 60.000 personas llegadas de toda Francia y de gran parte de Europa. Lo cual tiene un mérito tremendo, ya que la mayoría de las propuestas del festival, que además proceden de los cuatro puntos cardinales del planeta, son prácticamente desconocidas por el público. Un verdadero milagro teniendo en cuenta que no hay cabezas de cartel. Les Trans son una auténtica caja de sorpresas, y todo el mundo espera que su director, Jean-Louis Brossard, se comporte como un mago de la música y saque de su chistera las propuestas más novedosas, estimulantes y sorprendentes de la inabarcable galaxia sonora.

Para abrir boca

Como ya es habitual, las actuaciones se volvieron a repartir en varios escenarios: por la tarde en el espacio Liberté y en el club Ubu, y por la noche en los hangares del Parc Expo del Aeropuerto de Rennes. Aunque el festival comienza el miércoles y finaliza el domingo, en realidad los días fuertes son el jueves, viernes y sábado. El jueves es siempre el día ideal para ir abriendo boca. Por la tarde, mientras los franceses Kitch ofrecían un confuso combinado de hardcore y emocore, el rapero albino congoleño Albi X servía un explosivo cóctel de afro-drill y trap, que volvió a repetir ante una audiencia mucho mayor al día siguiente al sustituir a Menace Santana, que canceló su actuación.

79RS Gang.
79RS Gang.
L.LL.

El premio a los DJs de continuidad de esta edición se lo llevan Big Kosmo del Mundo (una entente formada por los veteranos Big Buddha, Kosmo Pilot y Repi del Mundo), que durante las tres noches, en el Hall 8, realizaron excitantes viajes sonoros alrededor del mundo, enhebrando raíces y cables en su pasión por los global beats. La noche, por lo demás, volvió a ser un gran mosaico musical, en el que tuvieron cabida desde la afrodelia de los congoleños Kin’Gongolo Kiniata (combinando electrónica con riffs hendrixianos) hasta el vigoroso cóctel de krautrock, post-punk y electrofunk de los franceses Meule (con dos baterías salvajes), pasando por la muy original propuesta de Kóboykex, alucinante dúo llegado de las Islas Feroe que es capaz de mezclar disco music, pop sofisticado a lo Rufus Wainwright y glam-country en la onda de Orville Peck. Muy interesante resultó también el hip hop afrofuturista de Jojo Abot, artista de Ghana afincada en Nueva York, a la que se podría describir como un cruce entre Grace Jones y Björk, pero de estética claramente afro. También fueron destacables la gélida y oscura EBM de la valkiria sueca Rein, el soul-rock lleno de groove de SunSay (algo así como un Jamiroquai ucraniano) y, sobre todo, la reivindicación nuevaolera del legado de los Talking Heads que hicieron los franceses Social Dance, muy próxima también a las nuevas bandas inglesas de post-punk. Fue también la noche de la casi única figura conocida de esta edición, el francés Agoria, que ofreció un directo de techno muy fino, como es su costumbre, visualmente espectacular.

La gran noche

La del viernes fue la gran noche del festival. Fue precedida por una tarde en la que brillaron especialmente la amable experimentación guitarrística de Seb Martel, la excelente mezcla de trap, bass music, R&B y EDM-pop a lo Stromae del francés Mowdee, el agradable folk-pop buenrollista del británico Lewis Evans y, sobre todo, la deslumbrante propuesta de la guatemalteca (afincada en Suiza) Baby Volcano, con su toque oscuro y onírico, a medio camino entre La Yegros y Lucrecia Dalt, entre la electrónica exploratoria y el reguetón de arte y ensayo.

Ya por la noche, se sucedieron las más gratas sorpresas, como la psicodelia kraut de los potentes y ruidosos Sarakiniko, el estimulante jazz eléctrico del trompetista eritreo Hermon Mehari (que contó con la participación estelar de la cantante Faytinga y sus escalas vocales imposibles), el post-punk de estructuras cercanas al free de los británicos Porchlight, el delicioso folk-rock psicodélico a la turca de los israelíes Şatellites o el divertido y excéntrico show, muy teatral y cabaretero del belga Jan Verstraeten, con su original visión del pop y su trío de cuerdas. Acabó sacando a un oso de peluche gigante al escenario. Muy atractivos resultaron también el combinado de samba, forró, semba angoleña y coladeira caboverdiana de Ayom (grupo de músicos lusófonos afincados en Barcelona), el dinámico glam rock setentero de las irlandesas Dea Matrona o la magnífica propuesta de los franceses QuinzeQuinze (con líder de Tahití), que mezclaron tambores tribales con trap y electrónica experimental. La cumbia digital combinada con dub y electrónica latina de Combo Chimbita (en la onda de Lido Pimienta o Bomba Estéreo) puso a todo el mundo a bailar a altas horas de la madrugada. Y las mujeres reinaron en el universo DJ de la noche: las gemelas Double Trouble repartiendo estopa techno y los veloces breakbeats de la belga Alia, la francesa Célélé y la portuguesa Violet.

La despedida

La tarde del sábado, último día grande del festival, tuvo como gran protagonista a Rodín, alemán enamorado de la música marsellesa, que ofreció un excelente recital de electrofolk a la occitana, con un toque melancólico. Y en Le Triangle se pudo disfrutar de la danza contemporánea de la compañía S’Poart con su espectáculo Les yeux fermés basado en la pintura de Pierre Soulages. La participación de Estonia en esta edición de Les Trans fue importante, gracias al sutilísimo avant-folk del dúo femenino Ruut (con una música creada a partir de la cítara estonia o rahvakannel) y del excéntrico dúo masculino Puuluup, que, a partir de una especie de lira llamada talharpa, combinaron rap, música de cámara y folk como si se tratara de unos Les Luthiers estonios. Otras propuestas atractivas del día fueron la mezcla de dream pop y electro-chanson de Zaho de Sagazan, el intenso combinado de krautrock y prog jazz a lo Soft Machine de Tago Mago, el techno melódico del francés Birrd, el trepidante mix de EBM, disco y electrónica queer de los británicos Sworn Virgins, el vibrante neo-punk de los belgas Sons (en la onda de Idles), el sosegado funk psicodélico de los indonesios Ali, el hipnótico neo-acid de None Sounds (dos uigures residentes en Barcelona) o la agradable fusión de elementos afro y electro de Nana Benz du Togo, formado por tres combativas mujeres africanas. Por el contrario, de digestión más bien pesada resultaron ser el abigarrado maloya-rock de Mouvman Alé (de la isla de Reunión) y el confuso sonido tribal industrial de Nze Nze. Entre los dj´s, aparte del británico Kane West (no confundir con Kanye West), que se confirmó como un nuevo Fatboy Slim, volvieron a brillar las mujeres, sobre todo la británica Mandidextrous y su mezcla de gabba, jungle y hardtek, la brasileña Bárbara Boeing y la excelente Asna, una marfileña que combinó coupé-décalé y global bass con grandes dosis de energía. Amazonas de la pista de baile. 

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