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Francisco Boira: “Venus significa mi regreso al cine tras 10 años haciendo casi exclusivamente teatro”

El actor oscense cuenta cómo ha sido su vuelta a la gran pantalla de la mano de Jaume Balagueró, en un año en el que también ha rodado con Mario Casas

Francisco Boira.
Francisco Boira.
Jesus Romero

Recientemente ha estrenado Venus, el nuevo éxito de Jaume Balagueró. ¿Qué ha significado este proyecto para usted?

Venus significa mi regreso al cine después de 10 años haciendo casi exclusivamente teatro. Desde que Tomaž Pandur me llamó para trabajar en La caída de los dioses, en las Naves del Español (Madrid), he ido enlazando una función tras otra casi sin darme cuenta. Trabajé también en alguna serie, como Señoras del (H)Ampa o Hit, pero lo cierto es que los últimos años han sido de entrega incondicional al teatro. Durante ese tiempo las ganas de hacer cine estaban ahí, por supuesto, pero supongo que no les prestaba demasiada atención, aunque empecé el 2022 diciéndole medio en broma a Pedro Garay, mi manager, que este año iba a ser el de mi vuelta al cine. Justo después apareció la oportunidad de rodar Venus y me lancé de cabeza.

¿Cómo vivió el rodaje?

—Fue fantástico. Es una película producida por Álex de la Iglesia y dirigida por Jaume Balagueró. Con esos jefes es imposible que la cosa salga mal. Sentí desde el principio que todo estaba a favor. Y para mí fue un recordatorio de lo que disfruto rodando, de lo mucho que me gusta el trabajo en equipo que conlleva hacer cine. ¡Hoy me pregunto cómo he podido tardar tanto en rodar una peli con lo que disfruto! Pero es que, en realidad, pensándolo ahora, tengo la sensación de que los años en el teatro se me han pasado rápidos como un suspiro.

¿Cuáles han sido los momentos más divertidos y difíciles?

—El rodaje en general fue divertido, mucho. Jaume tiene un sentido del humor importante, que impregna también su trabajo aunque, como en el caso de Venus, predomine el terror. Para mí solo ha habido un momento difícil que me cuesta describir sin hacer un ‘spoiler’… Digamos que en un momento dado aparezco colgado boca abajo y lleno de sangre… Para rodar ese instante, que dura muy poco tiempo en pantalla, tuve que estar colgándome cabeza abajo durante unas cuantas horas y no es una experiencia precisamente agradable. En cualquier caso, en todo momento me sentí muy cuidado y protegido por el equipo, así que, aunque no fue fácil, ahora estoy encantado tanto de haberlo hecho como del resultado.

Jaume Balagueró es uno de los directores de terror/ciencia ficción más reputados de España. ¿Cómo ha sido trabajar con él?

—Hay unos cuantos nombres de directores y directoras que, como actor, tengo en mi lista de deseos, y el de Jaume estaba en ella desde hace muchos años, exactamente desde que vi su primera película, Los sin nombre. Trabajar con él ha sido cumplir un deseo, ni más ni menos. A veces pasa. Me ocurrió con Tomaž Pandur, con Pedro Almodóvar… Ves el trabajo de un director y piensas: “Cómo me gustaría que me llamara, yo quiero contar eso que está contando, estar ahí”. Y con Jaume, mientras seguía su trabajo a lo largo de los años, siempre pensaba eso. Ahora estoy profundamente agradecido por la oportunidad.

¿Qué cosas ha aprendido a sus órdenes?

—Cada rodaje es un reto, cada personaje. Siempre aprendes. Y si es bajo las órdenes de alguien como Jaume, que transmite una pasión absoluta por el cine, aprendes más y mejor. Creo que esa pasión, esa capacidad de transmitírsela al equipo, es lo que me llevo principalmente de la experiencia de trabajar con él.

Ester Expósito es la protagonista de Venus. ¿Cómo ha sido compartir rodaje con la estrella del momento?

—Mi personaje en Venus está directamente relacionado con el de Ester, porque me paso la película persiguiéndola. Mi principal objetivo es “encontrarla”. Precisamente por eso, y sin querer desvelar nada del argumento, no llegamos a coincidir en pantalla, aunque me hubiera gustado muchísimo poder trabajar con ella cara a cara en rodaje y no solo en las lecturas de guion que hicimos todo el reparto. Admiro profundamente el trabajo que hace en Venus, creo que está espectacular. Ella es la protagonista de la película y la sostiene con una fuerza y un talento increíbles.

¿Qué le ha parecido el resultado final de la cinta?

—Brutal. Creo que es una peli de terror fantástica que cumple lo que promete. Estoy orgulloso de Venus, de estar ahí. La vi por primera vez en el estreno en Madrid, con todo el lío de los invitados, la prensa, la fiesta… pero la peli me atrapó, tanto que durante la proyección consiguió que me olvidara por completo de los nervios de la ‘premiere’. De hecho, di unos cuantos saltos en la butaca porque, aunque evidentemente conocía la historia, estaba tan atrapado que acabé llevándome algunos sustos… Me lo pasé bomba tanto haciéndola como viéndola.

La película se ha colado durante dos semanas entre las diez más vistas del país. ¿Han celebrado ya este éxito?

—El estreno me pilló rodando otra película, Mi soledad tiene alas, de Mario Casas, así que no he tenido tiempo material para celebrar todavía. Pero es una alegría inmensa que el público haya recibido así a Venus.

Tras esta experiencia, ¿cómo ha sido trabajar en el debut de Mario Casas como director?

—Acabamos de terminar el rodaje. Otra experiencia increíble. Una de las mejores que he tenido como actor, de hecho. Ojalá Mario siga dirigiendo y ojalá vuelva a llamarme. Mario me ha ayudado a hacer algo que, para mí, de entrada, era muy difícil, me daba miedo… Por el personaje, por cómo es, por lo que hace. Y Mario me ha ayudado infinito. Es un director muy exigente, pero también muy cuidadoso, muy generoso. La película se estrena el próximo 25 de agosto y confío mucho en que todo lo vivido en el rodaje, toda la magia que ha habido en el trabajo, se traslade al resultado final. Estoy convencido de que así será.

Con tantos proyectos entre manos, ¿ha podido regresar a Huesca por Navidad?

—Por supuesto. Al final, siempre estoy deseando poder escaparme a Huesca, aunque solo sea unos días. Y no solo por las ganas enormes de ver a mi gente de allí, a mis hermanas, a mis sobrinos, que son una parte fundamental de mi vida, sino también porque cuando llevo mucho tiempo sin viajar a Huesca aparece una necesidad casi física de ir a verla, a pasearla, a respirarla… Es una sensación impresionante, pero difícil de poner en palabras. Soy de Huesca y la llevo en mi corazón esté donde esté, así que siempre necesito volver. Siempre.

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