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Ana Bruned: "Disfruto de todo mi trabajo pero sobre todo de la docencia y la caracterización"

Originaria de Jaca, lleva toda una vida dedicada al maquillaje para cine, teatro, o moda, y considera que "todavía le queda mucho por hacer"

Ana Bruned, en Jaca, lugar del que es originaria y donde residió hasta los 5 años, y en una imagen reciente, realizada por Paulina Aleshkina.
Ana Bruned, en Jaca, lugar del que es originaria y donde residió hasta los 5 años, y en una imagen reciente, realizada por Paulina Aleshkina.
S. E. / Paulina Aleshkina

Atiende al teléfono tras un día más de rodaje en Loarre, donde Antonio Chavarrías filma La Abadesa, uno de los ámbitos, el cinematográfico, donde Ana Bruned ejerce como maquilladora.

Originaria de Jaca y a punto de cumplir 60 años, Bruned lleva toda una vida dedicada al maquillaje y la caracterización. Cine, videoclips, teatro, moda, anuncios, spots, cortometrajes, programas de televisión o docencia de maquillaje teatral conforman una trayectoria, en la que le queda “mucho por hacer” y en la que tiene una cosa pendiente una serie de ficción con caracterización.

Tras abandonar los estudios de Derecho, porque no le gustaban “nada”, accedió a la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Zaragoza, “era así como se llamaba entonces”. Se formó en Producción Audiovisual en el Centro de Tecnología del Espectáculo (CTE), en Madrid; también, en Sombrerería o en Escenografía, junto a Mariano Cariñena y Pepe Melero. Y más específicamente en maquillaje y caracterización, en formaciones particulares también en Madrid, con diversos maestros y escuelas.

Uno de esos maestros, “que era realizador de TVE y maquillador de Isabel Pantoja”, fue clave en su incursión en el sector. “Fui a informarme sobre la formación que impartía en su escuela y dió la casualidad que era él quien estaba en la recepción”. Bruned considera que tuvo “mucha suerte”, pues a raíz de entrar en esa escuela y recibir formación particular, consiguió su primer trabajo: “Un rodaje con Verónica Forqué y Antonio Resines, en Cádiz”.

Asegura que disfruta de “todo” su trabajo, aunque se decanta por “la docencia”, donde le encanta transmitir lo que sabe y “el entusiasmo en casi todos los alumnos y su progresión”, “y por la caracterización, que si conlleva el modelado es absolutamente maravilloso”. Encuentra fascinante “maquillar a mujeres”, tanto si se trata de un maquillaje muy exagerado o de fantasía, “que tiene ese toque de espectáculo”, como aquel que apenas se nota.

Le gusta trabajar en cortometrajes, “donde puedes arriesgar un poco más”. Le vienen a la cabeza ejemplos como Solo (Lorenzo Montull, 2020), donde había que lograr una evolución de los personajes a lo largo de los años, o Cardelinas (Tomás Generelo, 2020), que “fue un caramelo”, explica, pues “había caracterizaciones de muchos tipos”; el lograr asemejar el actor (el llerense Fernando Ramos) al personaje, que este caso era alguien que había existido en la realidad (Ramón Acín), la evolución de personajes como el de Carmen Barrantes, que interpretó a Concha Monrás. “Cardelinas lo gocé mucho”.

Aunque dice que tiene memoria de pez, recuerda a la perfección como de pequeña le gustaba “pintar las paredes de casa y dibujar en todas partes, libros, cuadernos, apuntes”, hacerle “moños imposibles” a las muñecas y “hacer moñacos con plastilina, sobre todo bailarinas y caballos”.

También recuerda la primera vez que su trabajo fue galardonado, por Las pesadillas de Cajal, “no lo esperaba en absoluto. Había estado nominada y no lo había recibido. Acudió el director Ángel Martínez Saló, y yo no me lo creía”.

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