Cultura

ENTREVISTA

Antonio Almagro: “Restaurar el monasterio de Alaón fue uno de mis primeros encargos”

El arquitecto impartió una conferencia en el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón en el marco del XIII ciclo del Románico

Antonio Almagro.
Antonio Almagro.
S.E.

 “La restauración del Monasterio de Alaón fue uno de mis primeros encargos”, indicaba el arquitecto Antonio Almagro, quien dirigió esta obra poco después de regresar de Roma, donde se especializó en restauración de monumentos al terminar la carrera. La actuación en el monasterio ribagorzano, enclavado en Sopeira, se desarrolló entre 1975 y 1983, como recordaba, añadiendo que se realizó a instancias de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, donde trabajaba como arquitecto de zona.

León Buil, que era el consejero provincial de Bellas Artes en aquel tiempo, un abogado con mucho interés y muy activo en los temas de protección del patrimonio, fue quien recomendó esa actuación”, puntualizaba Almagro durante su charla del pasado viernes en el Museo Diocesano de Barbastro, en el XIII ciclo del Románico, enmarcado en el 900 aniversario de la consagración del Monasterio de Santa María de Alaón por el Obispo San Ramón que se cumplen este miércoles.

La actuación se desarrolló en tres proyectos que, en total y al cambio actual, rondarían el medio millón de euros. “Hay que decir que en aquella época los fondos que había para restauración eran realmente muy escasos. Se libraban pequeñas cantidades y, en el caso de Alaón, hubo tres proyectos. El primero, de dos millones de pesetas, que al cambio a euros y teniendo en cuenta la inflación, serían unos 160.000 euros. Hubo un segundo proyecto, en el año 75, de un millón de pesetas, 80.000 u 85.000 euros. Y aún hubo un tercer proyecto, ejecutado en el año 83, por lo que he podido comprobar a través de las fotografías que tengo archivadas con sus fechas, que rondaría otros dos millones de pesetas”, decía.

En cuanto al estado del edificio, precisaba que la iglesia, de cantería, “no tenía ninguna lesión grave con la que amenazara arruina, pero sí un estado de abandono muy acentuado, con una visión muy deprimente”. El edificio había sido objeto de una reparación reciente del tejado, en la que se habían sustituido las lajas de piedra por pizarra negra que, “por falta de medios, dejamos”. “Siguiendo la tónica de lo esos años, se limpiaron los paramentos interiores y se dejó la iglesia como está ahora con la piedra”.

En resumen, añadía, “se repararon los daños, se recompuso el ábside que había sido cercenado eliminando la sacristía y poniéndole tejado de nuevo a lo que había sido sala capitular. También se quitaron los escombros de la reciente obra del tejado”.

Almagro aludía a otros escombros acumulados, en este caso, de la ruina del monasterio de mediados del siglo XIX y al claustro enterrado, aunque “en aquel momento no había dinero para excavar y liberarlo, como se ha hecho posteriormente”.

Como nota destacada, resaltaba la singular ubicación del coro descubierta al quitar los enlucidos. “Al parecer, la iglesia había tenido un coro en el centro de la nave central, un poco como ocurre en las catedrales”, concluía.