Cultura

FESTIVALES

Magia jonda en el pantano

Lin Cortés e Israel Fernández templaron la gélida atmósfera en el festival Pirineos Sur

Israel Fernández, ayer en Pirineos Sur.
Israel Fernández, ayer en Pirineos Sur.
Jaime Oriz

A pesar de las temibles predicciones meteorológicas, la noche del sábado arrancó despejada en el escenario flotante del pantano de Lanuza. Despejada, sí, pero extremadamente fría. Una de las noches más gélidas que se recuerdan en Pirineos Sur. Y mira que las ha habido… Unas condiciones que quizá para otros sonidos, ritmos o estilos musicales no representan un grave contratiempo, pero que en el flamenco a veces son letales, porque exigen una concentración o inmersión por parte del público, que con el frío se tornan no imposibles, pero sí mucho más difíciles de conseguir. Vaya, que para el flamenco se necesita un cierto calorcito. Y a pesar de todo ello, Lin Cortés e Israel Fernández, los dos protagonistas de la noche del sábado en Pirineos Sur, consiguieron que en el pantano de Lanuza se instalara la magia jonda, el pellizco de una música que, con todos los honores, es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010.

Con un público escaso (quizá el efecto Bunbury en la Romareda en esa misma jornada tuviera algo que ver), que acentuaba la sensación de gelidez, salió en primer lugar al escenario Lin Cortés, artista cordobés que sigue las huellas de ese joven flamenco que instauró el sello Nuevos Medios en los años 80 con grupos como Ketama o La Barbería del Sur y que en su momento constituyó un verdadero soplo de aire fresco en el panorama jondo. Lin Cortés pone este género al día gracias a sus colaboraciones con Nita (de Fuel Fandango) o el artista urbano Dellafuente. Salió solo en primera instancia para interpretar “De vino y terciopelo”, pero enseguida le acompañó un competente grupo formado por un bajista, un percusionista, dos cantaoras-palmeras y el toque especial y brillante de Agustín Carrillo en la flauta.

Lin Cortes
Lin Cortes
Jaime Oriz

Al dirigirse al público por primera vez, Cortés lanzó un expresivo “estamos un poco heladitos, es que somos gente del sur, gente exótica”. Pero poco a poco, la cosa se fue caldeando con temas situados casi siempre entre ese nuevo flamenco y la rumba, como “Amor de Frida” (el tema que en disco hace junto a Nita) o su versión de “Y será verdad…” de Vicente Amigo, que en su día este gran guitarrista (que también ha pisado el escenario de Pirineos Sur) hizo junto al genial Enrique Morente… y con Alejandro Sanz. Siguió después con esa balada de tono muy poético que es “Te sigo por el aire”, a la que siguió una luminosa versión cantada del clásico “Entre dos aguas” de Paco de Lucía.

Continuó por la misma vereda con temas como “El jardín de la memoria”, “Minotauros” o la animosa rumba “La primavera”. Y tras un interludio instrumental en clave rockera, se despidió con “La duda”, a la que siguió, ya en el bis, “Novia moderna”, otro de sus temas más dinámicos, para intentar que el público se sacudiera el frío. Difícil misión.

Llegaba el turno después de Israel Fernández, sin duda la figura actual más deslumbrante del panorama flamenco. Y llegaba además escoltado por otra figura de relumbrón, el guitarrista jerezano Diego del Morao, a quien se ha visto en varias ocasiones por el Matadero oscense con ocasión de la Primavera Flamenca, y que es sin duda uno de los grandes del momento, alguien capaz de conjugar técnica y emoción como pocos. Un mago de lo suyo. Magia jonda hicieron ambos, Israel y Diego, acompañados además por Ané Carrasco a la percusión, y por Marquitos Carpio, Ángel Moreno “Pirulo” y un tercer palmero, que aportaron ritmo y compás a estos dos maestros del flamenco contemporáneo.

Israel Fernández.
Israel Fernández.
Jaime Oriz

Ya se sabe que los flamencos son siempre imprevisibles, y que suelen salir por donde menos te lo esperas… o por peteneras. Y así sucedió con Israel Fernández, que ni trasplantó al directo el contenido de su reciente y magnífico álbum “Pura sangre” (sólo el pad apenas utilizado por Ané Carrasco remitió al espíritu electrónico de dicho disco), ni interpretó casi ninguno de sus temas propios, prefiriendo replicar los cantes viejos de sus maestros. Pero daba igual. Enfrente de un público aterido de frío estaban dos auténticos luceros esparciendo sabiduría y jondura. Su actuación arrancó de forma genuina por soleares con “He sufrido un desengaño”, que cantaba El Turronero. Siguió con un cante de Levante (o minero) con la taranta “Que mira lo que te he comprao” y llegó a un momento álgido de hondura con uno de los temas de su disco anterior, “Amor”, los profundos y sentidos tientos-tangos de “La amada”.

Se fue después Israel del escenario para dejar que Diego del Morao nos maravillara con unas extraordinarias bulerías. Y llegó otro de esos momentos gozosamente imprevisibles cuando, solo en el escenario, Israel Fernández se puso al piano para interpretar dos conmovedores cantes viejos. “Tengo las manos heladas”, señaló de forma irónica el cantaor, “pero toco el piano igual de mal cuando no están heladas”. Una afirmación falsa, porque la verdad es que lo tocó con sensibilidad y naturalidad para acompañarse primero en la deliciosa granaína “Ni los rayos de la luna” de José Cepero (“ni los rayos de la luna ni un campo lleno de flores, ni la más grande fortuna los cambio por tus amores”, dice la letra) y después en el fandango “La baña el sol cuando sale”, que cantaba Canalejas de Puerto Real. En ambos temas su voz sostenida en el aire creó auténtica magia, que fue respondida con múltiples “olés” por un público tan helado como embelesado.

Escenario flotante de Lanuza, ayer.
Escenario flotante de Lanuza, ayer.
Jaime Oriz

Ya en la recta final, este gran cantaor toledano atacó la seguiriya “Si algún día…” de Manuel Torre, esa que dice de forma extremadamente poética y trágica “si algún día yo a ti te llamara y tú no vinieras, la muerte amarga compañerita yo la apeteciera”. Escalofriante. Se despidió en tono más lúdico, por bulerías, con su tema “Fiesta”, pero aceptó el reclamo del público y ofreció un bis por fandangos, en el que se pudo escuchar ese “Porque te ves bonita” de Antonio el de la Calzá, que Los Chichos replicaron en su día en la rumba “Ni más, ni menos”. Y con un fin de fiesta por bulerías, en el que contó con el apoyo de Lin Cortés y su grupo, se cerraba una noche fría por la climatología pero muy cálida por la emoción derrochada. Los más resistentes continuaron la fiesta bailando en la carpa al son de la dj oscense Luna Roja.