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SENDERISMO - TURISMO POR EL ALTO ARAGÓN

Caminata por La Fueva vaciada y sus pueblos abandonados

Un recorrido de 17 kilometros llevó desde Troncedo a Formigales

Caminata por La Fueva vaciada y sus pueblos abandonados
Caminata por La Fueva vaciada y sus pueblos abandonados
S.E.

HUESCA.- Lloviznaba en Huesca cuando a las siete y media subíamos al autobús 55 senderistas para realizar el recorrido programado por lo que fue la extinta Baronía de Pallaruelo en el Valle de La Fueva. Las previsiones de la meteo no eran muy halagüeñas, pero disfrutamos de un buen día de senderismo.

Pasado Graus un desvío a la izquierda nos llevó a Troncedo donde nos dejó el autobús. Por la parte alta del pueblo tomaremos una pista que en suave ascenso recorre la cresta de la divisoria entre el Sobrarbe y la Ribagorza y va delimitada entre un bosque de pino silvestre, boj, musgos y pequeños claros de hierba fresca. Bordearemos una balsa para llegar a un claro presidido por una piedra esculpida por Van Dorst que llama la atención. Siguiendo las marcas blanquiamarillas obviaremos en una bifurcación a la izquierda la GR-1 que nos llevaría directamente a Formigales y otra a la derecha que indica al monasterio de San Martín de Caballera, situado en la vertiente del rio Ésera.

Almorzamos en una zona de grandes lajas de piedra que han quedado al descubierto por las escorrentías lo cual nos da una idea de que la capa de tierra vegetal es poco profunda y ello explica la pobre vegetación. Al pasar junto a unos antiguos campos de cultivo aterrazados, hoy cubiertos de chinebros y gabarderas, dejamos la pista para tomar una estrecha senda y acceder a Latorre, conformado por unas cuantas bordas y casas en estado ruinoso, pero con amplias vistas panorámicas de los macizos de El Turbón, Cotiella, Peña Montañesa y más a lo lejos Monte Perdido. A pocos metros del pueblo, dejaremos la pista que prosigue hacia el pico Campanué y tomaremos una senda que en rápido descenso nos conduce a un camino que tras cruzar un barranco nos dejará en Lavilla a 1046 m. de altitud. La sede del ya casi desaparecido castillo del Barón de Pallaruelo, queda en pie media torre, restos de la iglesia, a la que se accede por un túnel de una decena de metros y algunas casas en estado muy precario, debió ser una auténtica fortaleza pues está aposentado sobre una plataforma rocosa con una espectacular quilla y rodeado por verticales paredones ocasionados por los barrancos que la delimitan.

Un cartel nos indica la dirección a tomar para acceder al pueblo de Solanilla al que se llega por una amplia senda que asciende en múltiples lazadas a través de un robledal. Una casa, todavía con cristales, los restos de una ermita, con su altiva espadaña, las derruidas casas cubiertas totalmente por hiedra, un espectacular roble y unas magníficas vistas sobre el valle de La Fueva son las señas de identidad del lugar. A la parte trasera de la casa llega una pista que tomaremos para en rápido descenso llegar a Cotón, lugar elegido como restaurante al aire libre. En el carrascal que hay enfrente de la entrada al pueblo son dignas de admirar dos carrascas monumentales.

Al abrigo de un enorme caserón de aspecto muy sólido, comimos, pero pronto un airecillo que subía del barranco nos obligó a arroparnos. Lo lógico, en enero y a más de mil metros de altitud no cabe estar sentado mucho rato, por lo tanto, a seguir por la pista, atravesando algún que otro barrizal, hasta retomar la GR 1 que viene de Tierrantona y llegar a Formigales donde estaba el bus. Eran algo más de las cuatro de la tarde.

El recorrido de casi 17 kilómetros con un desnivel de subida de 470 metros lo hicimos en un tiempo neto de algo menos de cinco horas. El domingo proseguiremos por la GR 1 para ir desde Graus pasando por Portaespana y algunas ermitas a terminar en el magnífico puente medieval.

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