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SENDERISMO

Milvo, el milano que vuelve a ser feliz

Peque Guara despide el curso en el reencuentro con la naturaleza

Milvo, el milano que vuelve a ser feliz
Milvo, el milano que vuelve a ser feliz
S.E.

HUESCA.- Milvo es un milano, pero no un milano cualquiera. Milvo es un enorme milano real que estaba muy preocupado. Llevaba ya mucho tiempo sobrevolando las montañas por cimas y valles sin resultado, buscando. La luna había cambiado cuatro veces de rostro desde la última vez y cada vez que lo recordaba fruncía más en el paisaje su penetrante mirada, buscando. Algo grave tenía que haber sucedido y seguía surcando los cielos, buscando.

De repente, escuchó cierta algarabía y allí entre los tupidos árboles, junto a las ruinas de uno de esos poblados que antaño, humanos levantaron con gotas de agua en la frente y tiempo después otros humanos luego los abandonaron con gotas de agua en los ojos. Y allí finalmente, los encontró.

Su mirada se nubló repentinamente, al verlos, unas malditas y misteriosas gotas de agua habían aflorado a sus ojos cegándolo momentáneamente. A Milvo le daba igual, no estaban todos pero le daba igual, había pasado mucho tiempo desde la última vez, pero eso ya daba igual. Milvo el milano real, estaba de nuevo feliz.

Sus queridos amigos, los peques de Peña Guara habían vuelto. 29 peques y pataslargas dejaban atrás el autobús que los había llevado hasta la joya románica del pueblo de Lárrede. Divididos en dos grupos y manteniendo las distancias entre familias, salíamos hacia la torraza por una empinada subida bajo un sol que aún no calentaba en exceso.

Para que el segundo grupo siguiera los pasos del primero, unos peques se encargaron de balizar el camino con banderetas, mientras otros al pasar las recogían. Media hora después los primeros se habían quedado sin banderetas y los segundos nos encontraron desayunando en uno de los mejores miradores del Alto Gállego. La Torraza de Lárrede ó Torre del Moro.

Tras la pausa, reanudamos de la misma forma la caminata siguiendo la GR16, ya por bosques, hasta una bifurcación donde una senda a la derecha va ascendiendo suavemente entre una frondosa vegetación.

La senda deja de ser tan evidente a la vez que encontramos antiguos muros de campos de cultivo, pero cómodamente llegamos al pueblo abandonado de Casbas de Jaca. Su iglesia es lo único que queda relativamente en pie. Un antiguo camino entre muros de mampostería baja hasta el pueblo de Susín. Donde el esfuerzo de sus pobladores por mantener y cuidarlo hacen de Susín un maravilloso lugar por conocer y respetar. Después comer, hacer fotos, jugar y reír, retomamos el camino de Oliván para poco más tarde coger el desvío de la GR16 que nos devuelve a Lárrede en una suave bajada por hermosos bosques.

La excursión, casi en su totalidad a la fresca sombra de los árboles, algunos de ellos centenarios, nos ocupó en total seis horas para algo más de 9 kilómetros y 400 metros de desnivel.

La Peque Guara se va de vacaciones hasta el 12 de septiembre, nos iremos a dormir al refugio de Llauset.

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