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PALABRA DE ENTRENADOR - FRECUENCIA CARDIACA

Cómo aprovechar la frecuencia cardiaca para entrenar

El pulsómetro es una herramienta fundamental para conocer al deportista

Cómo aprovechar la frecuencia cardiaca para entrenar
Cómo aprovechar la frecuencia cardiaca para entrenar
S.E.

El corazón ha sido uno de los órganos más estudiados en el cuerpo humano desde los comienzos de la medicina, máxime porque hubo una época en la que se le relacionaba con el lugar en el que el alma moraba.

Cuando se comenzó a saber cómo respondía durante la actividad física, la atención se puso sobre él para controlar los entrenamientos y saber a qué límites llegaba cuando se competía, sobre todo en pruebas de resistencia.

Y es que la facilidad para medir la frecuencia cardiaca colocando los dedos índice y corazón sobre la yugular, supuso el primer "pulsómetro" utilizado y a partir de ahí, con el desarrollo de la tecnología, llegaron los monitores de frecuencia cardiaca que hoy ya son parte habitual en el equipaje de cualquier deportista.

Es evidente que el pulso es una variable fundamental para conocer y medir el esfuerzo, pero una variable que es necesario conocer y de la que se pueden aprovechar ciertos datos, mientras que otros no nos indican nada relevante.

Si hago un repaso de la consulta más frecuente que los deportistas me plantean cuando me reúno con ellos para hablar sobre sus entrenamientos y su planificación, ésta gira siempre en torno a su pulso y la relación de éste con el de otros deportistas. La frase podría ser algo así: "Cuando entreno voy a 185 pulsaciones mientras que mi compañero sólo está a 170. ¿Es eso bueno o malo?" La respuesta clara a esa concepción habitual de que el pulso sirve para comparar a dos deportistas se ha de dar así: los datos que ofrece un pulsómetro sólo sirven para comparar a una persona consigo misma y saber así si evoluciona.

El número de veces que el corazón late durante un minuto depende en gran medida de condicionantes anatómicos y fisiológicos que no indican un mayor o menor rendimiento del deportista. Entre ellos, el tamaño del corazón, el tamaño de las paredes (músculo) del corazón, la fuerza de ese músculo (miocardio), el tamaño de las cavidades del corazón, el tamaño de las arterias y venas que irrigan todo el organismo, la cantidad de capilares y la capacidad para mantener una mejor ventilación (a nivel pulmonar) son factores que afectan a que el corazón lleve un ritmo mayor o menor (mayor o menor frecuencia cardiaca).

Por ello, dos personas que lleven una misma velocidad pueden tener una frecuencia cardiaca diferente en función de todas esas variables. Por ejemplo, un corazón de un menor tamaño latirá más veces que uno mayor, sin ser esta situación un condicionante para el rendimiento, sin ser ese menor tamaño del corazón un freno para que ese deportista pueda mantener igual e incluso más potencia que el deportista con un corazón mayor.

Un ejemplo claro se obtiene al repasar las frecuencias cardiacas máximas de ganadores del Tour de Francia: algunos han logrado alcanzar un máximo de 175ppm mientras que otros han tocado las 195ppm. ¿Hay diferencia en su nivel? No, no la hay.

Por ese mismo motivo la frecuencia cardiaca no sirve para saber el nivel de rendimiento al que puede llegar un deportista. No se hacen clasificaciones del Tour, ni de ninguna otra competición de resistencia, en base a la máxima frecuencia cardiaca a la que puede llegar el deportista.

Para lo que sí es útil el pulsómetro es para medir la evolución de la frecuencia cardiaca en un mismo individuo. La comparación consigo mismo sí es un criterio que ayuda a saber si mejora en su rendimiento o si se encuentra fatigado y no asimila las cargas. Por ejemplo, si para una misma velocidad, el deportista manifiesta una frecuencia cardiaca menor, estará mostrando directamente una adaptación positiva que sí que se asociará con un mayor rendimiento.

Por otra parte, otra manera de aprovecharse del uso del pulsómetro es medir la frecuencia cardiaca basal ya que, comparada en un mismo individuo durante el transcurso de la temporada, puede indicar en qué momentos se encuentra bien recuperado entre días de entrenamientos y en qué momentos está acumulando fatiga.

Pero, ¿cómo conocer cuáles son las frecuencias cardiacas de referencia exactas en cada deportista? Sencillo: mediante una prueba de esfuerzo en la que, además de observar la salud del corazón, se analice el funcionamiento de esa parte maravillosa del maravilloso cuerpo humano, sabiendo con total precisión qué pulso desarrolla para cada zona de entrenamiento.

En definitiva, el pulsómetro es una herramienta fundamental para conocer al deportista y para que entrene correctamente, pero una herramienta que únicamente habla de ese deportista en concreto, sin que haya posibilidad de compararlo con otros. En una frase: la frecuencia cardiaca es totalmente individual.

JOSÉ RAMÓN CALLÉN

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

25xIRONMAN.

www.joserra.training

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