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MONTAÑA

Fallece Ángel Lorés, estandarte del montañismo oscense

Era considerado "maestro de montañeros", Socio de Honor de Peña Guara e Insignia de Oro de la FAM

Fallece Ángel Lorés, estandarte del montañismo oscense
Fallece Ángel Lorés, estandarte del montañismo oscense
D.A.

HUESCA.- Este miércoles ha sido despedido en la más estricta intimidad Ángel Lorés, estandarte del montañismo altoaragonés, fallecido el pasado lunes en Huesca. Lorés recibió en el año 2004 la distinción de Socio de Honor de Peña Guara y en 2005 la Insignia de Oro de la Federación Aragonesa de Montañismo.

La trastienda de la Joyería Riva no sólo escondía los secretos inconfesables de los años gloriosos del Peñas de la ACB (y de toda una época anterior del baloncesto oscense) y de Los Gringos, por citar un par de ejemplos por todos conocidos.

En ese minúsculo espacio vital, con el tic-tac permanente de fondo, estuvo durante muchos años (tantos como más de medio siglo) uno de los tesoros mejor guardados de Peña Guara, que es lo mismo que decir de nuestro montañismo. Era Ángel Lorés, que en esa trastienda-taller en la que cuidadosamente arreglaba todo tipo de relojes y cualquier cosa que llegaba a sus manos, mantenía reuniones con sus amigos a fin de preparar las que luego tenían en la sede del club. Es más, allí mismo, y con un chiquitín de tres años como testigo correteando por todos los rincones, que se llamaba Toño y que estaba llamado a ser presidente de algo sonado, se hacían las proyecciones de diapositivas de Ángel y su pandilla con sus incipientes aventuras montañeras.

Fue en 1948, con 16 años (ha fallecido con 86), cuando a Ángel le entró de verdad el gusanillo de la montaña, a base de ir andando o en bici –que para eso la empleaban- a Vadiello, Riglos o Peña Sola de Agüero. Tal fue la fiebre que cogieron, que hasta se plantaron un fin de semana en Monserrat, en bicicleta desde Huesca, para escalar. En 1950 se hizo socio de Peña Guara, "donde nos acogieron los mejores montañeros que había y que fueron nuestros maestros: Julio Nogués, Enrique Pera, Emilio Cabrero, Carlos Puyal, Antonio Lacoma y José Azor. Nos enseñaron a amar la montaña y a hacernos montañeros. Éramos los más jóvenes, un grupo de seis en el que estaban Manuel Estaún, César Callao, Antonio López, Luis Palacio y Marcelo Plaza. Y también nosotros empezamos a "envenenar" a la gente", recordaba Ángel Lorés en una amplia entrevista concedida a DIARIO DEL ALTOARAGON en el año 2004., Ya en 1954, y durante un par de años, junto con los citados, pusieron las 280 clavijas que aún hoy se conservan para los escaladores en Vadiello.

En febrero del 59, con Manuel Ansón, Eugenio Benedicto y José Rodrigo, hicieron la primera invernal de Peña Guara en el Aneto, saliendo desde Benasque con esquís. En el amplísimo anecdotario que salpica la trayectoria de Ángel tampoco hay que pasar por alto sus "contenciosos" con Guara. La primera vez que subió al pico, con 17 años, dijo que ya no volvería. Por suerte, a fecha de hoy contabiliza 126 ascensiones, entre ellas muchas nocheviejas con su aparato de radio y bien equipado.

Porque la primera vez que despidió en Guara el año (y recibió el siguiente), en 1960, con Fernando Biarge y Antonio Laín, el agua de las cantimploras fue un granítico bloque de hielo pese a estar resguardadas dentro de una mochila en el interior de la tienda. Aquello fue una lección.

GUÍA DE ALTA MONTAÑA

Instructor de la Escuela Nacional de Alta Montaña (1961), guía de Alta Montaña (1966) –con año y medio como guarda del refugio de Estós (que era requisito para esta titulación- y profesor de Alta Montaña (1968), fue también elegido mejor deportista de Aragón en 1969 y entre las distinciones también figura la de Socio de Honor de Montañeros de Aragón de Barbastro.

Ha subido por todas las paredes: Picos de Europa, Gredos, Monserrat, Sierra Nevada, el Pirineo de arriba a abajo (navarro, catalán y, ni qué decir tiene, todos los rincones del aragonés), lo mismo que la totalidad de los picos de la vertiente pirenaica francesa, los tres macizos alpinos de Francia (Mont Blanc), Suiza (Cervino, Monte Rosa) e Italia (Liscan, Gran Paradiso), con unas cuarenta salidas a los Alpes. Precisamente en la primera de ellas, en 1961, cuando por el tiempo infernal reinante no pudo hacer el Mont Blanc y un guarda francés le paró en la cota 4.300, fue cuando decidió hacerse guía. De aquel "frenazo" surgió una gran amistad entre Ángel y el guía galo, con quien ha mantenido contacto.

Con el tiempo, Ángel llegó a subir en once ocasiones al Mont Blanc, dos de las cuales sin posibilidad de acceder a la cima. En una oportunidad llevó a esta cumbre a un cura de Guadalajara, que aprovechó para hacer una breve misa y le quiso hacer un regalo a nuestro Ángel. A éste no se le ocurrió otra cosa que pedirle un precioso crucifijo que le había visto, que su madre le había dado con motivo de su primera misa, y el cura cumplió con su deseo pese al enorme valor emocional que tenía para él. "Fuimos también los primeros españoles que pasamos en moto el túnel del Mont Blanc, en un mes de agosto, recién inaugurado", recordaba, "y estuvimos en el centenario de la primera ascensión al Cervino, en 1965".

Fue miembro de los grupos de socorro de montaña y fiel colaborador de la Guardia Civil en estas tareas, a quien consideraba como "uno de los mejores grupos de rescate de Europa, y con una particularidad, que no cobran un duro por su trabajo".

Los primeros tresmiles los hizo con abarcas y sus escaladas con alpargatas de cáñamo y sin casco, que "se resistía". Volvió a nacer en marzo de 1963: escalando en Vadiello, en la Mitra, una piedra impactó de forma aparatosa en su cabeza. Estuvo siete días en coma, en la Clínica de la Inmaculada, y una operación a vida o muerte lo recuperó de lleno. Fue el accidente más grave porque, como él mismo dijo, "lo de piernas y brazos rotos es pecata minuta".

GENERACIONES EN SUS MANOS

"Pero mi faceta más importante son las generaciones que han pasado por mis manos", exponía con una mezcla de cariño y orgullo, al tiempo que recordaba la primera ascensión al Mont Blanc de Lorenzo Ortas con 16 años o de Víctor Arnal con 15, la primera salida a los Alpes del malogrado Javier Escartín y a otros montañeros que se forjaron con él como José Manuel Iglesias (hermano del actual presidente del Gobierno aragonés), José Julio Elfau, Lorenzo Irigoyen, Toni Guillemes y los hermanos Jesús y Carlos Mairal, entre otros muchos.

Tres consejos fundamentales aportaba a los montañeros: "Que estén bien preparados físicamente, que vayan bien equipados y con gente que sepan lo que es la montaña". En su opinión, "el buen montañero es el que ama a la montaña y muestra interés por conocer todas las zonas que hay en ella".

LO MÁS GRANDE DE SU VIDA

La huella más imborrable de su vida fue una improvisada operación de rescate que tuvo que hacer cuando regresaba de Oza en moto y en Monrepós, a la altura de Escusaguás, vio un incendio tremendo en una de sus casas. La familia (cinco hijos y el matrimonio) estaba durmiendo, Ángel los despertó rompiendo con una piedra el cristal de una ventana, se metió dentro de la vivienda y sacó a los cinco pequeños con una manta. En el momento en que alcanzaron la carretera vieron cómo se hundía la techumbre. "Aquello fue impactante, es lo más grande que he hecho", recordaba, todavía con los pelos como escarpias, tras haber salvado siete vidas. Una acción por la que fue reconocido ante la repercusión social que tuvo en la época.

AFICIONES Y BUENA ESTRELLA

Ángel er hombre de otras aficiones, que sólo sus más allegados conocían. Momentos antes de hacerse socio de Peña Guara se compró el primer sello, sobre el que cimentó medio siglo justo (hasta el año 2000) de devoción filatélica. Como buen especialista, atesoraba una maravillosa colección de relojes de bolsillo, hasta unos 150, muchos de ellos nuevos, sin estrenar. También ha coleccionado navajas, de las que guardaba unas 200. Además de todo tipo de material con el que le han obsequiado con el paso de los años: mochilas, cuerdas, botas, crampones, tiendas, mosquetones, clavijas... Sin olvidar la cantidad de rosarios que debe tener en casa "porque donde voy, compro uno", dijo.

Como él mismo señalaba "he vivido para la montaña" y la mayor parte del dinero que ha ganado ha sido para invertirlo en equipo y material. Gracias a toda esa dedicación tenía un riquísimo archivo de unas 15.000 diapositivas y 20.000 fotografías, que le valieron diferentes premios, además de una muy completa biblioteca, con el mérito añadido de tenerlo todo perfectamente organizado, así como unas diez cámaras fotográficas.

A Ángel Lorés siempre le guió una buena estrella, la misma que al admirado rey Gaspar en las cabalgatas de los Reyes Magos que tanta felicidad regalaron y en la que el gran maestro de montañeros fue durante décadas uno de los tres actores principales.

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