Deportes

montañismo / travesías pirenaicas

Intento de ascenso al Castillo de Acher

La excursión del pasado fin de semana se quedó a medio camino de la cima de 2.384 metros 

Uno de los espectaculares paisajes en la ruta hacia la cima del Castillo de Acher
Uno de los espectaculares paisajes en la ruta hacia la cima del Castillo de Acher
Peña Guara

Desde Huesca partimos hacia valle de Hecho y después a la selva de Oza, donde dejamos nuestro autobús después de comprobar la pericia de nuestro chófer por la estrecha carretera.

Una vez reunidos y preparados ya para el ascenso, comentamos ese cielo amenazante que se nos viene encima en forma de lluvia que, aunque en esos momentos no está presente, amenaza con hacer acto de presencia. Finalmente decidimos intentar por lo menos el ascenso, que hoy será por un corredor situado en el sureste de este pico amurallado de paredes verticales.

Comenzamos la marcha los 19 montañeros reunidos hoy con la fe de que el tiempo mejore. Ya sobre la marcha, nada más empezar, vemos lo que nos va acompañar todo nuestro camino, un barro resbaladizo que nos hace ir con un tiento especial para no caer. Solo la belleza en su esplendor, con el verdor de la primavera de la lluvia recién caída, nos hace sentir que merece la pena el esfuerzo.

La selva de Oza es un bosque encantado, el grosor de los árboles y su envergadura hace que tan apenas pueda penetrar la luz del sol haciendo que parezca un bosque de aquellos cuentos que antaño cuando éramos pequeños narraban nuestros mayores.

Después de pasar aquel bosque de cuento y varios arroyos que bajan hoy con bastante fuerza llegamos a una mallata herbosa y bastante inclinada. Poco después de pasar un refugio que tenemos a la derecha, sacamos nuestras cosas y nos disponemos a almorzar, pues llevamos ya como unas 2 horas de ruta y tenemos bastante apetito.

Nada más terminar de almorzar comienza a caer una fina lluvia que nos hace colocarnos las prendas adecuadas. Aun así, proseguimos nuestro camino hacia el Castillo de Acher (2.384 m.) por el corredor Ledormeur.

Poco después, con una niebla densa y esa fina lluvia que nos empapa, seguimos, dejando la senda de Camille para ascender por unas inclinadas pedreras con el fin de vislumbrar el corredor. El terreno se hace inestable y peligroso con esa niebla que no nos deja ver más allá de 50 metros. Entre la espesa niebla se deja entrever una arista que suponemos es la que nos depositará en el corredor Ledormeur.

Nos aproximamos hacia la arista mientras los demás compañeros esperan al resto para ver el estado de lo que nos espera. Cuando encaramamos la arista nos encontramos con una corriente ascendente de niebla mezclada con mucha agua que empapa todas las posibles presas que tenemos para las manos y los pies en la trepada que nos espera, una arista y un corredor catalogados como PD +.... de III grado.

Visto lo visto y ante tan mal aspecto de la situación, ese yo interior que a veces te aconseja nos obliga a volver por nuestros pasos e ir a aconsejar a todos los demás la retirada, que siempre se hace bastante dura tras el esfuerzo realizado, pero que a veces es una victoria.

Tras comentar la situación con el resto del grupo un compañero comenta textualmente: "Es mejor tomarse una cerveza abajo cuando lleguemos qué tomarnos un gotero". Palabras muy claras de ese componente del grupo.

Después de cambiar la situación el ánimo no decrece para nada en el grupo, al revés, se torna en alegría y buen humor, pues la decisión tomada es la más acertada.

Comenzamos así el descenso que se torna bastante incómodo por el barro que se ha formado tras la lluvia que no para, haciéndonos resbalar en innumerables ocasiones hasta llegar abajo, donde tenemos el vehículo. Los navegadores marcan 1100 metros de desnivel positivo aproximadamente.

Como reflexión para la travesía que realizamos es que la montaña siempre estará ahí para poder ascenderla en otra ocasión.

Etiquetas