Deportes

TIRO

Marco Escribano, el médico de los campeones olímpicos

Forma parte de los servicios sanitarios de la Federación Española de Tiro

Marco Escribano junto a Alberto Fernández y Fátima Gálvez.
Marco Escribano junto a Alberto Fernández y Fátima Gálvez.
S.E.

Marco Escribano es médico de campeones olímpicos. Concretamente, de Fátima Gálvez y Alberto Fernández, la pareja mixta que ganó la primera medalla de oro para la delegación española en los Juegos de Tokio en la final de tiro olímpico.

Desde marzo del 2021, el oscense forma parte de los servicios médicos de la Real Federación Española de Tiro Olímpico. “Surgió como surgen las oportunidades normalmente: estando en el sitio correcto en el momento correcto”, explica.

Escribano estaba haciendo una rotación en la Escuela de Medicina del Deporte de la Universidad Complutense de Madrid justo cuando su director, Francisco Tobal, estaba buscando a alguien para acompañar a la delegación española de tiro olímpico a la Copa del Mundo de Nueva Delhi, en la India.

“No lo dudé ni un momento”, confiesa el altoaragonés de 29 años. “Paco Tobal es el médico que solía viajar hace años con la Federación Española de Tiro Olímpico. Ahora, llevaban mucho tiempo viajando sin nadie, pero la nueva directiva volvió a impulsar los servicios médicos. Como la médico que les suele acompañar no podía ir esta vez, tuve esa suerte”, cuenta.

No es su primera vinculación con el mundo del deporte. Durante 7 temporadas, Marco fue jugador del Balonmano Huesca, equipo con el que logró el ascenso a la Liga Asobal en 2011.

Ahora, con su ingreso en los servicios médicos de la Federación Española de Tiro Olímpico cumple otro sueño. “Siempre me he querido meter en el mundo de la medicina del deporte, es lo que me gusta. Justo me he subido al carro del tiro hace poco y hemos conseguido un oro”.

Desde su incorporación hace apenas unos meses, ya ha realizado tres viajes internacionales con el equipo de la federación. “Después del Mundial de Nueva Delhi, estuve en mayo en otra Copa del Mundo en Italia y, a finales de mayo y junio, estuve en el Europeo de Croacia”, detalla.

Su primer viaje

Marco recuerda a la perfección su primera estancia con la Federación: “Fue un poco locura con toda esta situación del coronavirus”. “Lo viví con muchos nervios porque era mi primer viaje internacional como médico con un equipo, encima en un país como la India, con la situación epidemiológica que había y sin conocer a ninguno de los tiradores”, rememora el oscense.

“El tiro era un deporte completamente desconocido para mí. Nunca lo he practicado ni lo había visto prácticamente, salvo en algunos Juegos Olímpicos, pero la verdad es que todos han sido súper amables conmigo y me han tratado fenomenal desde el principio, me he adaptado muy bien con ellos y lo he disfrutado muchísimo”, añade.

Desde entonces, se ha convertido en un aficionado más, incluso se ha atrevido a probar. “En la Copa del Mundo de Italia me dejaron disparar. ‘Venga, el doctor, que pruebe’, me dijeron. Yo les dije que en mi vida había cogido un arma. Rompí el primer plato que tiré y ya no rompí ninguno más”, explica entre risas.

Tokio 2020

Aunque el oscense no pudo asistir a los Juegos de Tokio junto a sus compañeros del equipo olímpico de tiro, los siguió desde España “como nunca”.

“He vivido estas Olimpiadas estando pendiente del móvil todas las noches con las fases clasificatorias porque no lo televisaban. Cuando me enteré de que Fátima y Alberto se habían metido en la final, ya no dormí nada. En mi vida me había imaginado que iba a vivir el tiro con esa emoción”, reconoce.

Escribano afirma que él “estaba seguro de que iban a conseguir, por lo menos, una medalla, no sabía si iba a ser en el individual o en el mixto, si iba a ser de oro, de plata o de bronce, pero partían como favoritos”.

“Los dos llevan muchísimos años trabajando, tienen muchísima experiencia, muchos Juegos Olímpicos a la espalda y yo sí que tenía muchas esperanzas en que iban a conseguir algo”.

El médico altoaragonés solo tiene buenas palabras para los dos campeones olímpicos. “Son súper amables, muy campechanos y unos fuera de serie. Alberto siempre tiene un chascarrillo para todo el mundo, todo el día está de cachondeo. Además, dentro del campo de tiro, los ves y se nota que tienen un don, que han nacido para ello”, asegura.

Sobre su futuro

“En principio, voy a seguir viajando con ellos”, mantiene sobre su futuro. Escribano espera poder compatibilizarlo con su trabajo como médico especialista en Medicina Física y Rehabilitación del Hospital San José y Santa Adela de Madrid.

“El problema es que son viajes en los que tienes que pedirte muchos días y es muy complicado compaginarlo con un trabajo en un hospital. No obstante, si me lo permite el trabajo, mi idea es continuar con ellos y, probablemente, a finales del mes de septiembre me vaya a Perú, al Mundial Junior”.

Él incluso sueña con estar en los Juegos Olímpicos de París 2024, aunque admite que lo tiene difícil. “Normalmente, los deportes más minoritarios, como no tienen tantos recursos, no suelen viajar con sus propios servicios médicos, suelen ir con los servicios del Comité Olímpico Español, que es el encargado de elegir a los médicos que van”.

“Es muy difícil entrar en el club de los seleccionados, pero ojalá ahora que la Federación de Tiro Olímpico ha ganado un oro tenga recursos o voz para viajar con sus propios médicos y estar en París. Ya como jugador de balonmano me habría encantado ir y, como médico, tiene que ser alucinante”, expresa.

Es más, Marco también cree que el triunfo olímpico puede servir para visibilizar mejor el tiro. “Le pasa un poco como a todos los deportes que están fuera del fútbol, tenis y baloncesto. Durante el periodo entre Olimpiadas nos olvidamos de ellos y luego los 15 días que duran los Juegos les exigimos mucho”.

Asimismo, piensa que ha servido para luchar contra los prejuicios en torno a este deporte. “La gente lo tiene como un deporte agresivo, con armas, y en absoluto. Es un deporte que requiere muchísima concentración. A nivel psicológico, es un estrés brutal. Si lo ves en directo, alucinas a la velocidad a la que salen los platos y a la que son capaces de romperlos”.

El balonmano, su vida

Marco Escribano no ha dejado de estar ligado al balonmano desde que se retiró como profesional en 2016. “Sigo jugando en un equipo amateur de Madrid de Segunda Nacional por matar el gusanillo, soy muy aficionado y me gustaría dedicarme, dentro de la medicina deportiva, en un presente próximo o en un futuro al balonmano”, apunta.

Esta temporada se cumple una década del ascenso a la Liga Asobal del Balonmano Huesca. “Tenemos un grupo, que se llama ‘Cementerio de elefantes’ en el que estamos todos los que logramos el ascenso. La verdad que fue un año espectacular, tanto en lo deportivo como en lo personal, el grupo humano que creamos fue brutal y sí que tenemos pendiente, cuando pase la pandemia, juntarnos los que podamos y celebrarlo”, confirma.

El balonmano es su pasión y así lo demuestran sus palabras. “Ir con el equipo de tiro olímpico a unos Juegos Olímpicos sería un sueño, ir con los Hispanos ya no puedo ni soñarlo. Está muy difícil, pero es un objetivo que me encantaría cumplir algún día”, confiesa. 

Etiquetas