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OBITUARIO

Fallece José María Naya, socio número 1 de Peña Guara y hostelero

Fue uno de los "refundadores" del club montañero en 1949 y regentó junto a su esposa Conchita Atarés el añorado Bar Chiquito

José María Naya, socio número 1 de Peña Guara y hostelero.
José María Naya, socio número 1 de Peña Guara y hostelero.
S.E.

El corazón de José María Naya, socio número 1 de Peña Guara y empresario hostelero oscense, ha dejado de latir a los 98 años de edad este miércoles.

José María Naya fue uno de los socios “refundadores” de Peña Guara en 1949, bajo la presidencia de Saturnino Baquer. En una deliciosa semblanza realizada por Jesús Inglada en la revista 4 Esquinas, se destacaba el amor por la montaña que sentía Naya quien, con su amigo José Lagüens, realizaban infinidad de caminatas por las sierras y montañas pirenaicas. Subió multitud de cumbres y llegó a escalar las paredes de los Mallos de Riglos. “Aquel montañismo sin sofisticaciones llevaba aparejado, en muchos casos, otra disciplina deportiva: el ciclismo”, recordaba Inglada, transmitiendo así el sentido poético y artesanal de aquellas ascensiones acompañadas de material primitivo y épica en la ejecución.

El club montañero, en su 75 aniversario en el año 2007, le hizo entrega de una Placa de Reconocimiento junto al resto de compañeros con los que refundaron Peña Guara.

Comenta Inglada, porque así se lo trasladó José María Naya, que tanto él como sus amigos montañeros debían realizar una buena etapa ciclista de ascenso para llegar a la montaña que pretendían subir y, una vez conseguido el objetivo de la cumbre, regresaban a Huesca en bici. También practicó el esquí. Y con la que sería luego su mujer, Conchita Atarés del Río, amante de la natación y el ciclismo, también subían a menudo a Arguis en bicicleta. Y fue en el baloncesto donde realmente se conocieron cuando Conchita acudía a ver los partidos de El Rayo, equipo en el que jugaba José María Naya.

Cuando ambos se casaron dedicaron su vida a la gran aventura hostelera en el añorado bar El Chiquito, en el corazón del Tubo, donde a sus inigualables bolas picantes y patatas bravas, añadían una variada y rica oferta de croquetas, anchoas y tortillas que hacían bueno aquello de que en la sencillez está la excelencia.

El establecimiento fue también todo un referente por la voluntad integradora que mostraron sus propietarios, logrando así una clientela plural, interclasista, intergeneracional, superadora de simplistas divisiones partidistas y con firme vocación de respeto y libertad, como destaca Inglada.

El Chiquito fue también una especie de sede oficiosa de la Peña La Parrilla (se daban de alta los socios y se guardaban las pancartas) y José María Naya, entre sus actuaciones, llegó a participar en la exótica organización de un combate de lucha libre en las piscinas de Almazán, fue socio del Club Neptuno de natación y secretario de la Asociación de Conductores de San Cristóbal.

La capilla ardiente de José María Naya está instalada en el Tanatorio de Huesca hasta las 12:30 horas de este jueves.

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