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La vira Beraldi, pura historia del Balaitous

Veintitrés montañistas del club Peña Guara recorrieron el pasado fin de semana la famosa ruta pirenaica 

La expedición escalando el tramo más expuesto de la cresta
La expedición escalando el tramo más expuesto de la cresta
Lorenzo Ortas

Es el 15 de septiembre de 1.864, todavía quedan por conquistar algunas de las cumbres más altas del Pirineo. Un inglés, Charles Packe, en compañía de su guía Gaspard, pasan la noche en lo que denominan “Le Rocher du Dejeuner”, una cueva-abrigo que más tarde se conocerá como Abrigo André Michaud, al pie de una gran diagonal que parte la cara oeste del Balaitous. Al día siguiente remontan esta diagonal y la abandonan a su mitad ascendiendo directamente hasta la cima de la montaña. ¡Cuál es su sorpresa! Cuando en la cima que suponían virgen encuentran una torreta de piedras, restos de fuego y de una acampada. Dan por supuesto que los restos fueron dejados por algún oficial cartógrafo de los que trabajaron delimitando la frontera y confeccionando el mapa de Francia cuarenta años antes.

Beraldi, del que se dice que nunca fue muy montañero, estudió y dejó escritas, entre otras, las vivencias de los tenientes cartógrafos Peytier y Hossard que tenían el encargo de confeccionar el mapa de esta parte occidental de los Pirineos.

En 1.825, Peytier y Hossard habían ascendido al Palas por error, pensando que era el Balaitous (desde entonces su ruta se conoce como Arista de los Geodésicos) y desde la cima pudieron estudiar la mejor ruta para ascender al Balaitous.

Poco después ya estaban de nuevo intentando ascender al Balaitous y, tras cuatro intentos, consiguieron alcanzar la suave arista este, conocida actualmente como Boulevard Peytier Hossard. Desde allí, atravesando una corta y aérea cresta, siguieron por una vira (vira Beraldi) hasta llegar a una brecha (brecha de los Izards). Tras escalar los últimos contrafuertes cimeros llegaron al Balaitous. Cuenta Beraldi que permanecieron en la cima una semana soportando “estóicamente” un tiempo tormentoso y desapacible.

Pues con todos estos antecedentes pensamos que sería una buena idea recorrer esta ruta histórica, incomprensiblemente poco o casi nada conocida, y la incluimos en nuestro programa del Pico a Pico de Peña Guara en el que desde hace veintiséis años recorremos las cumbres más emblemáticas y desconocidas de nuestras montañas.

El sábado llegamos al refugio Larribet tras una preciosa travesía que iniciamos en el Caillou de Soques. Tras pasar por el lago de Arrious, el Paso Orteig y el refugio de Arremoulit, proseguimos bordeando la base del Palas por el sur hasta llegar a la Brecha Lavedan y descendimos a los lagos de Batcrabère, ya muy cerca del refugio. Siete horas de travesía con 1.200 metros de desnivel.

Una vez acomodados en el refugio y tras alguna cerveza, nos pudimos relajar con un baño, más bien un remojón, en un arroyo cercano.

Aunque no es inusual del todo, siempre nos llama la atención, y ¡cómo lo agradecemos! cuando en los refugios franceses, y también en los españoles, nos tratan con amabilidad y además nos dan bien de cenar.

El domingo madrugamos más que el Sol y al amanecer comenzamos la ascensión siguiendo un sendero a menudo poco marcado, buscando los escasos mojones que nos indicaban el camino correcto. Al final, cuando alcanzamos la parte superior del circo, que no hace mucho tiempo estuvo ocupado por el glaciar Laraille del que apenas quedan vestigios, tuvimos que tirar de intuición montañera para localizar el paso hacia la cumbre del Cap Peytier Hossard, lo que algunos llaman Boulevard Peytier-Hossard, una amplia loma por la que llegamos a una corta pero muy aérea cresta en la que empleamos la cuerda para asegurar el tramo más difícil y expuesto de la ascensión.

Y allí estaba la famosa Vira Beraldi, un pasillo horizontal de rocas inestables colgado al borde del abismo. Con mucho cuidado fuimos atravesando este tramo, fácil pero expuesto, en el que por precaución volvimos a sacar la cuerda. Y así alcanzamos la Brecha de los Izards. Escalamos el último tramo de la Gran Diagonal por un terreno muy poco definido y lleno de piedras sueltas, y llegamos, una vez más, a la cumbre del Balaitous, sin duda una de las cumbres más hermosas, y más complicadas, de nuestro Pirineo. Hacía unas seis horas y media que habíamos salido de Larribet, aunque este dato es irrelevante porque, al ser un grupo muy numeroso, veintitrés, todo es muy lento. Cada paso complicado son veintitrés pasos complicados y eso ralentiza inevitablemente el ritmo. Y además no podemos, ni queremos, ir más deprisa. La seguridad es nuestra prioridad.

En la cima, como siempre, pasamos un buen rato descansando, disfrutando del buen tiempo y de un paisaje excepcional, con las fotos de rigor, un” tente en pie” y para abajo que todavía quedaba un largo descenso de más de 1.900 metros, primero por la Gran Diagonal, en la que siempre hay que extremar las precauciones, y después por los lagos de Arriel, siempre espectaculares, el hayedo de Cheto, ¡cómo agradecimos la sombra! y finalmente La Sarra donde nos esperaba el autobús. Cansados pero muy contentos dejamos la apacible brisa de la montaña y regresamos al asfixiante calor del valle, pero soñando, ¡cómo no!, con volver pronto a la montaña.

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