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FÚTBOL - SEGUNDA DIVISIÓN

Lalo Arantegui, de héroe a villano y viceversa

Tuvo una brusca marcha del Huesca y este jueves fue despedido por el Zaragoza

Lalo Arantegui, de héroe a villano y viceversa
Lalo Arantegui, de héroe a villano y viceversa
R.Z.

HUESCA.- De héroe a villano y viceversa. Bien podría ser el título de una película pero es el recorrido de Lalo Arantegui y su mano derecha, José María Barba, en poco más de tres años. Desde febrero de 2017 hasta este jueves mismo, 3 de diciembre de 2020. O, lo que es lo mismo, de su ruidosa salida del Huesca para recalar en el Zaragoza como fichaje estrella en la dirección deportiva y secretaría técnica respectivamente, por su buena gestión en la entidad altoaragonesa desde que se incorporó al cargo en el verano de 2015, hasta su despido del club maño.

"El Real Zaragoza quiere transmitir su agradecimiento por la entrega, profesionalidad y dedicación desarrollados por los miembros de la dirección deportiva a lo largo de los años en los que han trabajado al frente de este parcela. Además, el Real Zaragoza les desea futuros éxitos profesionales", decía el comunicado emitido a media tarde de este jueves por el Zaragoza para dar cuenta de la rescisión del contrato de Lalo y Barba. Ambos prolongaron su vinculación al club el pasado verano para cuatro años más por unas jugosas contraprestaciones económicas.

Es obvio que los resultados no solo pasan factura a los entrenadores. La figura de Lalo estaba muy dañada desde el desmoronamiento del equipo la temporada pasada por su nefasto papel en la vuelta a la competición. La planificación de la campaña en curso ha sido tan horripilante como se aprecia en los resultados que lleva el equipo y que le han conducido al abismo de la clasificación con el vértigo que da ver a todo un Zaragoza a cinco puntos de la salvación y con la mirada puesta en evitar bajar a Segunda B.

Cuando Lalo se fue del Huesca se convirtió en héroe en Zaragoza y en villano en la capital oscense. Tres años largos más tarde han convertido a Lalo en villano para el zaragocismo por llevar las riendas de una dirección deportiva sin rumbo.

La prueba es la cantidad de entrenadores que han salido "triturados". Ocho en total. La última víctima es Iván Martínez, sacado del Deportivo Aragón y que se ha tenido que comer el marrón de cinco derrotas en las cinco últimas jornadas.

Paco Jémez dio respuesta negativa a la propuesta de coger las riendas hasta el final de la temporada, como antes había hecho Víctor, que había pedido de forma concreta qué proyecto es el que tendría que asumir, con poderes para trabajarlo.

Pero antes de Iván Martínez el primer damnificado del actual curso liguero fue Rubén Baraja.

El único que ha tenido una estancia relativamente larga ha sido Víctor Fernández, que llegó en diciembre de 2018 y duró hasta el fin de la temporada pasada. Pero esa misma campaña en la que llegó Víctor, como salvavidas del equipo que ya iba cuesta abajo y sin frenos, habían pasado Imanol Idiákez (cesado en octubre de 2018) y Lucas Alcaraz (destituido en diciembre).

Natxo González había sido el predecesor de todos ellos, en la temporada 2017-18, quedando terceros y eliminados cruelmente por el Numancia en la semifinal del playoff de ascenso a Primera.

Y cuando Lalo llegó en febrero de 2017, ocupaba el banquillo Raúl Agné. Pero solo un mes después fue destituido y entró César Lainez, también como salvador de la patata caliente que le dieron.

En la misma medida que la estrella de Lalo se ha ido apagando desde su salida del Huesca, la del club azulgrana ha vivido, de forma sucesiva, el playoff de ascenso a Primera el mismo año que se fue, el ascenso a la máxima categoría la temporada siguiente, el descenso a Segunda y el retorno a Primera esta última campaña por la vía rápida.

Aquella salida de Lalo del Huesca también dejó tocadas las relaciones entre la entidad azulgrana y el Zaragoza. El entonces director deportivo del Huesca tuvo que pagar la cláusula de rescisión que tenía pero más allá de eso desde el club oscense ya advirtieron, por las formas en que se produjo esta fuga, que las relaciones entre los dos primeros espadas aragoneses "nunca volverán a ser lo mismo" o "no interesa que queden mal, pero bien no van a quedar".

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